Me gustan los discos que te sacan de lo de siempre y aun así te dejan un buen riff al que agarrarte. XII tiene mucho de eso. Tamás Kátai mezcla metal extremo, electrónica y folk con una soltura que engancha, aunque haya momentos en los que acabes bastante lejos del terreno que pisabas al empezar. Hay agresividad, pero también melodías preciosas y pasajes que invitan a dejar descansar el cuello y prestar atención a lo que ocurre detrás de las guitarras.
Para entender cómo hemos llegado hasta aquí conviene mirar atrás. Thy Catafalque nació en 1998 en Makó, Hungría, y comenzó como un dúo formado por Kátai y János Juhász. Sus raíces estaban en el black metal, aunque desde aquellos primeros pasos había ganas de ampliar el horizonte. Con el tiempo, el proyecto fue ganando libertad hasta convertir la convivencia entre sonidos extremos y elementos ajenos al metal en parte fundamental de su personalidad.
El álbum Róka hasa rádió ayudó a que su nombre trascendiera el circuito underground húngaro, y Rengeteg, publicado en 2011, marcó otro punto importante: fue el primer álbum que Kátai escribió y grabó sin Juhász, contando con colaboradores. Lo que había nacido como un proyecto de estudio acabaría dando también el salto a los escenarios. Esa evolución explica bastante bien a Thy Catafalque: una visión personal que ha ido encontrando músicos capaces de darle nuevos matices.
XII: A gyönyörű álmok ezután jönnek fue publicado el 15 de noviembre de 2024. Está interpretado completamente en húngaro y tiene gran cantidad de colaboradores. ¿Se puede considerar a Kátai como el Arjen Lucassen húngaro?
“Piros kocsi, fekete éj” abre el álbum con un aire envolvente y ya te engancha al momento con las voces de Martina Veronika Horváth y Attila Bakos y su melodía. Cuando llega “Mindenevő”, el disco enseña los dientes con una agresividad que remite a sus raíces black, aunque tampoco se queda quieto en ese terreno. “Vasgyár”, por su parte, concentra algunos de los riffs más contundentes del repertorio. Su referencia a las antiguas instalaciones siderúrgicas húngaras encaja con esa sensación de maquinaria pesada que transmite la canción.
En el tramo central “Világnak világa” encuentra un atractivo equilibrio entre empuje y melodía, mientras que el saxofón de “Nyárfa, nyírfa” introduce una nota de color sin monopolizar la composición, siendo para mí uno de los detalles más atractivos de la canción. “Lydiához” concede protagonismo al diálogo vocal y a la sensibilidad folk. Las voces de Martina Veronika Horváth y Gábor Dudás se complementan sobre un acompañamiento suave, creando un ambiente cálido y algo nostálgico. “Vakond” se permite un recorrido juguetón entre silbidos, cuerdas, metales y sintetizadores. Es precisamente ahí donde mejor funciona la personalidad de Kátai: incluso cuando las guitarras pierden terreno, la música conserva carácter y dirección.
“Ködkirály” merece una mención especial. Su desarrollo, desde una primera parte suspendida entre voces y electrónica hasta un segundo tramo mucho más pesado, ofrece uno de los contrastes más logrados del álbum. La posterior “Aláhullás” devuelve la urgencia extrema antes del cierre con el tema titular. Esa alternancia permite que los golpes duros recuperen fuerza después de los pasajes más reposados.
“A gyönyörű álmok ezután jönnek” termina el álbum con un aire más melódico, apoyándose en las voces limpias, los sintetizadores y unos riffs con mucho gancho. Tiene ese punto entre nostalgia y esperanza que encaja con su título: “Los sueños hermosos están por llegar”. Un final accesible y emotivo, de los que dejan una melodía rondando por la cabeza.
Conviene entrar con ganas de dejarse llevar. Si buscas la dureza más constante de su anterior álbum Alföld, alguna de las canciones puede cortarte el rollo. De XII me llevo riffs, melodías y ganas de escucharlo otra vez. Un disco para ponerse entero y darle tiempo; quedarse solo con sus momentos más brutos sería perderse buena parte de lo que lo hace especial.
A los seguidores de la música extrema les diría que entren a él con la mente abierta y al resto que se dejen llevar, de esas melodías, voces y la mezcla de géneros tan bien ensamblados para que lo disfruten como yo lo he hecho una y otra vez.
Josué Valdunciel
