Cuando una banda como Coroner vuelve con un disco nuevo después de tantos años, lo normal es acercarse con una mezcla de ilusión y miedo. Ilusión porque hablamos de una de esas bandas que siempre fueron por libre, que nunca encajaron del todo en el thrash tradicional y que se ganaron su estatus a base de mucha personalidad y trabajo. Y miedo porque, seamos sinceros, muchas “segundas partes” acaban sonando más a trámite que a necesidad.
Por suerte, Dissonance Theory es uno de los regresos más sólidos que recuerdo, después de treinta y dos años desde su último álbum, que se dice pronto.
Para quien no los conozca, Coroner son una banda suiza de Zúrich y uno de esos nombres que en el thrash siempre han tenido aura de culto: no fueron los más vendedores, pero sí de los más respetados por músicos y fans con oído fino, con sólo cinco discos de estudio de larga duración, hasta su regreso con el disco protagonista de esta semana. Arrancaron en 1985 y su sonido siempre ha ido más allá del thrash directo: velocidad, precisión quirúrgica, estructuras raras, frialdad casi mecánica, detalles progresivos, jazz, algo de avant-garde y una oscuridad muy particular.
Desde los primeros minutos, Dissonance Theory deja claro que Coroner no ha vuelto para fabricar un álbum de thrash técnico de manual. Aquí está su ADN, por supuesto: riffs retorcidos, estructuras poco previsibles, ese punto frío y cerebral tan suyo, y una manera de construir las canciones que exige atención. El disco suena a Coroner en 2025, con todo lo que eso implica.
La guitarra de Tommy Vetterli vuelve a ser una auténtica máquina de precisión. Cada riff parece colocado con mala idea, como si la banda quisiera causar justo un poco de desasosiego. Hay momentos en los que las canciones se retuercen, frenan, vuelven a arrancar y te dejan con esa sensación tan típica de Coroner: no sabes exactamente hacia dónde van, pero quieres seguir el viaje, con un billete en primera clase.
Ron Broder mantiene ese tono seco y áspero que le pega perfectamente a la música. No es una voz de grandes alardes, ni falta que hace. Su forma de cantar encaja con esa atmósfera mecánica, tensa y algo oscura que recorre todo el álbum. Y Diego Rapacchietti a la batería cumple un papel clave: aporta pegada, precisión y movimiento sin romper nunca el carácter quirúrgico del grupo.
Dissonance Theory no intenta complacer de manera fácil. No es un disco pensado para entrar a la primera ni para sonar de fondo mientras haces otra cosa. Canciones como “Consequence”, “Sacrificial Lamb”, “Crisium Bound” o “Transparent Eye” piden varias escuchas, pero van creciendo con cada una de ellas. Al principio quizá te quedas con la sensación de que todo es demasiado denso; luego empiezas a descubrir detalles, cambios de ritmo, líneas de guitarra y pequeños giros que hacen que el disco gane mucho.
También ayuda una producción actual, potente y clara, pero sin convertir a la banda en algo artificial. El sonido tiene esa frialdad que siempre ha formado parte del encanto de Coroner. No suena sucio, pero tampoco demasiado pulido. Está en ese punto justo donde se puede apreciar cada instrumento sin que el conjunto pierda mala leche.
Puede que a algunos les falte algo más de inmediatez o algún tema que golpee con la fuerza directa de sus clásicos más recordados. Pero sinceramente, pedirle a Coroner un disco fácil sería no entender demasiado bien a Coroner. Lo suyo siempre ha sido ir por otro camino, y Dissonance Theory mantiene esa filosofía.
Lo importante es que este regreso se siente honesto. No parece un intento de explotar el nombre de la banda ni una excusa para girar con material nuevo. Hay ideas, hay personalidad y hay una sensación real de continuidad. Coroner no han vuelto para sonar jóvenes. Han vuelto para sonar como ellos mismos, con más años encima, pero también con la misma capacidad para resultar incómodos, técnicos y diferentes.
Dissonance Theory es un disco que probablemente disfruten más quienes estén dispuestos a entrar en su juego. No es thrash para levantar el puño al primer estribillo, sino metal técnico, frío y retorcido para escucharlo con calma, dejar que te trabaje la cabeza y volver a darle otra vuelta. Y eso, viniendo de Coroner, es justo lo que muchos esperábamos.
Si tienes la oportunidad de verlos en directo no los dejes pasar, te pasarán por encima con su buen hacer.
Josué Valdunciel
