Daniel García y Víctor De Oliveira, dos chavales amantes de la música que pasaron de no conocerse a estar todo el día juntos y, en 2017, en un local mugroso de Sierrapando donde Víctor y sus colegas pasaban el rato como auténticos gamberros adolescentes, nació Ojo Pipa.
(El título viene de una foto de Víctor en estado de embriaguez que estaba colgada en el local).
En aquel entonces, los shows eran para costearnos las cenas y las borracheras, hasta que un maravilloso mecenas (el padre de Víctor) quiso pagarnos la grabación del primer EP y, sin tener ni pajolera idea, hablamos con Mr. Alex Pis, conocido por grabar a los Wet Cactus, una banda referente de la zona.
Fue una movida increíble meterse en un estudio y la percepción de la música cambió; como de ordenadores no controlábamos y éramos bastante románticos con la música y los procesos, nos compramos una grabadora de 8 pistas (digital, porque analógica era demasiado) para preparar un disco del que estar orgullosos y que transmitiera lo que para nosotros era el rollo Ojo Pipa. Metimos a Rodrigo Paz, bajista de Jamarazza, un peruano loco por la ola psicodélica y hard rockera 70s, con el que los directos daban la vuelta a los convencionalismos; nos dio por disfrazarnos y hacer el tonto, pero con más calidad en cuanto a la música: con una base rítmica se pueden meter solos y, teniendo otra voz, se puede gritar más fuerte.
(2019) Después de preparar 12 demos, estábamos preparados para grabar el disco que lo cambiaría todo (spoiler: luego nos vinimos abajo): Chavalería Tiquismiquis.
Mr. Alex Pis, al que debemos eterna adoración, nos cumplió ese sueño romántico del rock and roll, frikadas como las que leíamos de otros grupos que adorábamos: podíamos hacer cualquier locura; grabar ruidos con cosas, hacer de una basura de metal un instrumento, soltarnos…
Contamos con varias localizaciones: las baterías las grabamos en su local de ensayo (su grupo es Ídolos del Extrarradio, y también tiene un proyecto en solitario llamado PIS), junto con algunas guitarras y algunos coros.
Las voces, en el Espacio Inder, y el resto de guitarras, en su casa, a través del previo de una grabadora de cinta de 4 pistas.
El resultado: Chavalería Tiquismiquis habla de chavales pasándolo bien, chavales yendo a currar (pero currar de verdad), chavales románticos y personajes nocturnos. Habla de nosotros. Rock and roll attitude, pero sin tantas drogas como en los 80s.
