A menos de un día para a celebración del Obon Fest, nos enteramos por redes sociales de que Asphyx, cancelan su actuación. Aunque no me gusta la retórica del “Cabeza de Cartel”, es cierto que hay oportunidades que se presentan como únicas, y el principal motivo para desplazarnos a Zorrotza era la visita de los neerlandeses. Unai, desde la organización hace de tripas corazón y con un nudo en la garganta nos presenta dos opciones; devolvernos el importe íntegro de la entrada o disfrutar de las tres bandas restantes con un reintegro parcial al que decidimos renunciar. Para nosotros está claro, sólo el underground salva al underground, nos quedan al menos cuatro motivos para subirnos al coche. El primero de ellos conocer D8 Sorkuntza Faktoria.
Faktoria es uno de esos ejemplos en los que mirarnos, porque en este aspecto nuestros vecinos vascos siempre han ido varios pasos por delante. Surgido de un Gaztetxe y reconvertido como asociación cultural y CSA que permite profesionalizar y dar entidad pública a un proyecto vecinal. El espacio es envidiable, aprovechando los restos industriales y recuperando un lugar que bien podría estar pudriéndose a la intemperie, para llenarlo de vida cultural. Mucho que aprender de ahí.




Nuestros viejos amigos de Elizabeltz siguen creciendo a pasos agigantados. No tenían una misión fácil en la noche, siendo la banda “menos extrema” del cartel, y tocándoles el papelón de meternos en un ritual oscuro a eso de las seis de la tarde. Aun así sacaron pecho, colocaron un repertorio centrado en su parte menos ambiental y acabaron por sacudir cabezas. Es mi tercera vez con ellos, y la línea sigue ascendente, revestidos de un buen equipo de luces y sonido sólo puede uno imaginarlos en escenarios cada vez más grandes, porque tienen todo para acabar mirando al mundo desde la parte de arriba de sus zancos.
Me hizo gracia ver a un chico en la primera fila enseñándole a sus amigos unas fotos de Sopor Aeternus en el teléfono, porque es una de las tres referencias que siempre uso para describirles y hasta ahora no había encontrado a nadie que también viese esa conexión, para mi tan evidente.






Aposento son una de las bandas pioneras del Death Metal en España junto con Avulsed, Karonte y otros pocos más. Con algún tiempo de inactividad a principios de siglo, pero aguantando el estandarte desde principios de los noventa. Desde su reactivación en 2012 han publicado cuatro largos, y como es habitual en el género y especialmente aquí, cada vez suenan más brutos.
Como es sabido, el grindcore y el DM tienen una extraña relación con la lesión y la tortura. Algo de eso hay en encerrarse sin escapatoria posible a disfrutar de un martilleo salvaje como el que nos regalaron.
El bajista tuvo una de las noches más accidentadas que recuerdo en los últimos años. Llevaba su instrumento principal sujeto por una precaria solución old school, tirando de cinta adesiva, y claro se rompió, pero es que también le cascó la cuerda gorda, y aun así y pese a todo siguió adelante el tío, como si tal cosa.
Aunque en el ambiente flotó durante toda la noche la ausencia de Asphyx, Aposento apelaron al pogo y poco a poco fueron consiguiendo que la gente se sacudiese la decepción y se centrase en lo que tenía delante. Una banda de primer nivel a la que acompaña también el peso de la historia.




A Altarage les tenía muchas ganas desde que me les perdí en el Infest de 2023, ese año aparecieron entre los discos destacados de muchísimas publicaciones especializadas y no es para menos, porque tienen un directo tan apabullante como difícil de explicar en palabras.
La sensación que me transmiten es un poco lovecraftiana, como de estar perdido en una tormenta en un viejo barco entre una densa niebla. A mi lado alguien hablaba de ruido blanco. Sin duda son atrozmente densos, y te trasladan a la época en la que el metal era feo, aborrecido y temible.
Su concierto terminó con una sacralización de la distorsión retroalimentada. Guitarra en alto y el público en atónita genuflexión.

Aunque las reacciones ante el fatal imprevisto fueron tan variopintas como la gente que conforma una audiencia (algunos daban palabras de consuelo, otros se quejaban de haberse pegado el viaje para no poder ver a Asphyx, uno preguntaba si tenía que pagar para ver el resto…) la reacción general fue de arropo al festi. Así como sabemos que esto ha sido un revés, también tenemos que ser conscientes que lo que quedó en pie fue más que suficiente y mereció la pena, y por otro lado, sostener la noche en pie también significa no cerrar la puerta a la edición del año que viene, y quien sabe, a lo mejor recuperar la visita pendiente en alguno de los años venideros.
