La música es un conjunto de sonidos para transmitir sentimientos. Esa es la idea central y el objetivo de
Chvrch: el sonido.
Víctor Fraile, creador del proyecto, siempre lo ha tenido claro. Incluso en sus comienzos con la banda
Propaganda tenía muy claras sus influencias y el camino a seguir.
Y es aquí donde vamos a fijar la mirada: en su labor como productor. En cómo moldea, construye y perfila
cada nota a su imagen y semejanza.
Te animo a escuchar Chvrch con auriculares; es ahí cuando explotan al máximo las sensaciones o
sentimientos musicales.
Guitarras paneadas agresivamente jugando con tus reflejos auditivos. Cada golpe de púa solapado al
bombo, casi de obligado cumplimiento, y para darle dinamismo le añade reverberación en su justa
medida.
La sonoridad del bajo no funciona de manera estándar a lo largo de las canciones, sino que también
protagoniza muchos pasajes reseñables. Víctor, como baterista técnico, no tiene fisuras a la hora de crear
bases rítmicas.
Estribillos que destruyen la tensión de esos riffs apabullantes. Samplers y electrónica fusionándose entre
tanta contundencia. Todo ello dentro de una atmósfera muy personal.
Estamos en una tendencia de consumir música ultra procesada, pero me llama la atención que Chvrch ha
logrado definir cada instrumento perfectamente sin caer en el embotellamiento o en el amasijo de ruido.
Podría ser fácil caer en la trampa de añadir capas y pistas para crear sensación de virtuosismo, pero no
es el caso. Todo está perfectamente orquestado. No hay ni una sola nota ni un solo detalle que no esté
retocado, y eso no quiere decir que sin todo ese maquillaje la canción no funcionaría.
Apostaría que con un sonido menos trabajado las ideas seguirían estando a la altura. Pero de sobra
sabemos la necesidad de llevar una buena producción para hacer metal moderno.
Se me hace muy difícil explicar o afrontar la idea de que cada single que Chvrch presenta tiene menos
mano de obra humana. Solo me viene a la cabeza la película Transcendence, protagonizada por Johnny
Depp, donde al final el protagonista, después de haberse convertido en una computadora, suelta una
frase lapidaria: “Siempre he sido yo”.
No seré yo quien diga que la música de Chvrch no es genuina, ya que, conociendo a Víctor, cada canción
editada es una definición de sí mismo.
Los últimos lanzamientos, “Distant Light” y “Signal Lost”, los firmaría cualquier banda americana
mainstream. Pero sí: es made in Cantabria.
Joaki
