Sí, tú que lees estas líneas, no te has equivocado de página. Seguro que hace no tanto pasaste por aquí para leer la reseña del álbum con tomas alternativas “Repion (acústico)” (2023, disco de la semana 1561 en Noche de Rock). Pero hoy toca comentar un álbum distinto, porque en el programa 1567 de Noche de Rock de nuevo son disco de la semana. Y dentro de poco encontrarás por aquí algunas líneas sobre el EP “Entre todas lo arreglamos vol. II” (2026). En apenas tres meses han colocado tres discos entre los recomendados, y no sería de extrañar que pronto caiga alguno más. Nadie antes había encarrilado una racha así en los 30 años que el programa lleva en antena. Parece que Repion ya están recogiendo los frutos de tantos años de trabajo, como suele decirse. Bien por ellas. Se lo merecen.
Bueno, voy a lo importante. El 21 de noviembre de 2025 se publicó “201”, el cuarto disco largo de las hermanas Iñesta. Su título hace referencia al número del desvío de la autovía que toman cada vez que regresan al hogar familiar. Presumo que para ellas este hogar representa un lugar seguro donde refugiarse de los sinsabores y los sentimientos feos de su día a día. Porque el repertorio de este álbum parece un catálogo de miedos, fracasos y decepciones. Y es que, como cantan en “Quiero más”, “Sentirse bien dura muy poco, pronto te darás cuenta”.
La propia portada, con una imagen de Marina y Teresa en tonos fríos, ya apunta a que “201” es más sobrio y contenido que el anterior LP, “Repion” (2023). En esta ocasión no encuentro hits inmediatos, ni estallidos eléctricos, ni alardes vocales ni malabarismos tras la batería. Los momentos de lucimiento individual se limitan a destellos puntuales en algún coro o algún ritmo de batería. Que las hermanas Iñesta van sobradas de gusto y oficio musicales lo sabe cualquiera que haya escuchado sus discos o las haya visto en directo. Solo que en esta ocasión se han dejado de exhibiciones y se han centrado en construir canciones grandes, enormes, de largo recorrido.
Estos temas de “201” suenan al rock alternativo de principios de los noventa. Entre baterías secas y guitarras crudas, no son pocos los momentos del disco en que siento que están a punto de arrancarse con alguna versión del “Blood Sugar Sex Magik” de Red Hot Chili Peppers o del “Versus” de Pearl Jam. Y reconozco que entre este sonido tan clásico y el tono bajo y taciturno la primera vez que me puse el disco me resultó un tanto plano.
Sin embargo, a medida que me he ido familiarizando con estos temas han aflorado nuevos matices, sombras y destellos. Y me voy dando cuenta de que ninguna de estas canciones ni tan evidente como creía al principio. De que cada vez que parece que un tema se encamina cómodamente hacia una dirección, llega un giro o un sutil cambio de ritmo y hace que todo se mueva a un lugar completamente distinto..
Como sucede con ese arranque de “Cerrar los ojos” en el que parece que van a fusilar la calmada “Easy” de los Commodores, pero de pronto montan un crescendo imparable que termina por arrojar al cosmos la voz de Marina.
Y aunque no encuentro un single claro que destaque sobre el resto, tampoco hay un minuto de relleno. Personalmente me quedo con la trepidante “X”, “Columnas” y esos finos arpegios a lo American Football, el tono de resignación de “Me sabe a poco” o incluso “Atocha”, ese dulce remanso de ternura que cierra el disco. Pero ninguno de los diez temas baja del notable.
Las letras mantienen el tono íntimo y confesional en unas historias dibujadas a partir de tenues pinceladas que dejan bastante margen para la ambigüedad. Aunque tampoco necesitan dar demasiados detalles para llevarte a donde ellas quieren. Basta con un simple “Tengo miedo de encontrarme con X” para dejarte preso de la tensión. Y no hace falta más que Marina cante en el momento adecuado “No todo es bonito cuando entra por mis ojos / llevo todo el día conteniendo las lágrimas” para dejarte con un nudo en la garganta.
El rock clásico tradicionalmente se ha mostrado torpe a la hora de plasmar sentimientos de debilidad, de inseguridad o de vergüenza. Este género tampoco ha sido el vehículo más adecuado para plasmar tristeza o melancolía en canciones rápidas o cañeras. Por ello entiendo que uno de los grandes logros de Repion es el de emocionar y transmitir sinceridad sin dejar de sonar fuertes.
Y aunque en el núcleo de su sonido se encuentra el rock masculino noventero, siento que el espíritu de Repion camina más cerca de nombres actuales como boygenius, Wednesday, Big Thief o HAIM: bandas con rostros femeninos al frente, capaces de ampliar las posibilidades expresivas del rock clásico y de dotarlo de nuevos niveles de profundidad.
Carlos Caneda
