Tercera vez que acudíamos al Bilbao Blues Fest y noveno festival del año. (Los anteriores desplazamientos a este BBF fueron por Ana Popovic y Jimmie Vaughan).
Este festival es heredero directo del Festival de Blues de Hondarribia, que con su traslado a la urbe de Bilbao cuenta con las comodidades que te ofrece una gran ciudad, así como con más servicios, más patrocinadores, aforo y público potencial, más subvenciones y demás mejoras si tu objetivo primordial es crecer. Además de que te puedes encontrar entre el respetable a gente como Gaby de la Rosa, cantante de Shinova; Kolibrí, guitarrista de Marea; Eneko Cañibano, contrabajista de Travellin’, o Gotzon, guitarrista de Malatestta.
La artista que nos hacía desplazarnos esta vez a la ciudad del Nervión no era otra que Judith Hill. Cantante y compositora californiana que comenzó como corista de Stevie Wonder para después entrar a formar parte como colaboradora destacada de Michael Jackson hasta su muerte, en la gira This Is It, donde planeaba dar cincuenta conciertos en Londres. De hecho, en la película póstuma This Is It es la cantante que interpreta junto a Jackson el tema I Just Can’t Stop Loving You.
Posteriormente fue apadrinada por Prince, que fue el productor de su primer trabajo en solitario, incorporándola a su staff hasta tal punto que era una de las tres personas que acompañaban a Prince en el avión privado cuando sufrió la sobredosis cinco días antes de morir a causa de unos analgésicos adulterados.


Y el que me conoce ya sabe que cuando oigo la palabra Prince se me nubla la cabeza de una manera irracional. Así que cuando supimos que Judith Hill era la cabeza de cartel de esta edición reservamos la fecha como una de las citas gordas del año.
A la hora señalada hacía su aparición Judith Hill, elegantísima, de negro, con una falda larga y una casaca con chorreras y encaje. Le acompañaban al bajo Peewee Hill, su padre; a los teclados, Michiko Hill, su madre; y a la batería, Shadrack Oppong, una bestia parda de los parches que tocaba con cojones y alegría. Un afroamericano enorme que, si le va mal en esto de la percusión, puede probar carrera como guard de los Forty-Niners.
Empezó con “Flame”, ataviada con una preciosa SG negra.
“Gypsy Lover” y “Burn It All” nos demostraron la clase y la elegancia que tenía, apoyadas en una portentosa voz. Aunque en su repertorio abunda mucho el funk, en esta primera parte se centró más en el blues.
En “Give Me Your Love to Someone” abandonó la SG y se sentó al piano en un tema mucho más espiritual. Fue cuando nos dijo que la teclista asiática era su madre. Tras “Else”, los pipas tuvieron que entrar a anclar el bombo, porque era tal la pegada del batería que se le escapaba. Hicieron un par de temas con mucho groove, como fueron “Dame de la Lumière” y “Wanderer”, para pasar a una fase más rockera con “Runaway Train”, un tema con mucha influencia de Lenny Kravitz. “Thank You” la tocó con la elegancia de Santana en “Black Magic Woman”.
Siguió desgranando su amalgama de estilos, saltando al funk con “Pepper Club” y “Cry, Cry, Cry”, que probablemente sea su tema más famoso. Terminó esta portentosa exhibición con “I Can Only Love You by Fire”, retirándose tras los telones.
Para los bises volvió al blues clásico con “Jammin’ in the Basement”, con esa voz que ya nos tenía hipnotizados. Presentó a la banda: “My Dad and My Mom”. Y el batería, que parecía un pulpo, el tío. Y cerró con “Turn It Up”. Acabamos todos botando.
Y esto se acabó, con lo bien que nos lo estábamos pasando. Vaya exhibición. De las mejores voces que he oído en mi vida… y encima toca la guitarra que te mueres. Se ve que algo se le quedó de Prince. Hace lo que quiere con la voz. Y me fascinó la maravillosa ejecución técnica, mezclando groove con funk, blues, soul y espiritual.
Ufff… qué difícil. Ha sido uno de esos conciertos que se te quedan en la retina. Todo el mundo coincidía en que era de lo mejor que se ha visto en El Arenal del Bilbao Blues Fest y, personalmente, para nosotros ha sido el segundo mejor que hemos visto este año, en el que llevaremos unos noventa.
Un bolo de los que no se olvidan, y una artistaza a la que seguir de cerca para no perderse futuras visitas al país.
Gracias, Judith Hill.
Tras esto solo nos quedaba retirarnos. Eran las doce de la noche, la hora de las brujas, hora a la que por normativa tiene que terminar la música al estar el festival enclavado en el mismo Casco Viejo de Bilbo. Pero nos íbamos con la sonrisa en los labios y con la esperanza de volver a este recinto en futuras ediciones, donde volver a escuchar estas músicas que también nos llenan de poder y magia.
Gracias, Bilbao Blues Fest.
Bilbao 24 Julio 2026
Doctor Manhattan
Fotos y Vídeos: Pedro Ferrer
