Pero ¿por qué una panda de jóvenes de veintitantos se enamoran ahora de unos noventa que no vivieron? Pues por los mismos motivos, supongo, que en aquellos años algunos de mis amigos iban a la sección de mujer del Zara a comprarse pantalones de campana. Este ciclo del eterno retorno solo prueba una cosa: el agua, la vida, el rock, siempre se abren camino, ya lo decía el Dr. Alan Grant en Jurassic Park.
Aseguraban los mayores en los bares, cuando éramos chavales, que los discos buenos ya se habían hecho antes. Y ahora que los mayores somos nosotros, llegan los chavales con pruebas inequívocas de lo contrario. ¡Qué vueltas da el destino!
Tildar a The Haze de neogrunge es quedarse corto. Son de la generación que tiene a mano toda la música, y eso les hace inevitablemente jugar con los vasos comunicantes entre estilos. Hay Pearl Jam, hay Soundgarden, hay Faith No More e indudablemente hay Alice in Chains, no solo por las armonías vocales, sino por la dureza de las guitarras. Pero, si solo hubiese eso, serían un ejercicio de estilo, un tributo a una época. Sin embargo, Moths suena a hoy, no a ayer. Las sabias manos de Alex Pis han colocado las canciones justo donde necesitaban estar.
Se apuntalan en una base rítmica bien sólida, cierran la boca a los que se quedaron con la cantinela de que los grunges tocaban peor, con solos de guitarra que echan fuego, y aprietan la ecualización hasta rozar el metal. Por encima de todo, la prodigiosa voz de Adrián, tan virtuosa como expresiva. Transmite energía, rabia, desesperación, una angustia tan oscura que parece sacada de los momentos más dolorosos de Dirt.
Los debuts tienden a ser variados, una colección que recorre los primeros pasos y deja entrever el camino que se solidificará (o no) en siguientes trabajos. La evolución de The Haze en los tres singles que han visto la luz es tan evidente que no hace falta mucha retórica para explicarla. Han mejorado en todos los aspectos posibles en los que puede mejorar una banda, y eso que el punto de partida ya era muy interesante.
Sin querer estropear la sorpresa, os puedo contar que, si os gustó el último de estos singles, esperéis a escuchar Lust, el cañonazo que lo abre. Blind and Stray suena a Cantrell y Patton en la misma coctelera. La cara A se completa con los tres temas que han servido de adelanto y que seguramente tengáis ya suficientemente escuchados.
Tras el entreacto que supone Metamorphosis, la segunda parte comienza a ritmo de Unplugged en la MTV, pero ojo, porque Time Flies también tiene algo de power ballad, y ese contraste ochentero que aporta la técnica de Samu les lleva a volar a lugares algo insospechados.
Weeds (Never Die) comienza recordándome a los Pearl Jam más rebecos, cuando se ponían violentos con Spin the Black Circle y así, pero enseguida se vuelve más enrevesada y oscura, con Adrián demostrando que aún tiene secretos en la caja: agudos y guturales, y un rotundo FUCK como un puñetazo en la mesa.
QSSQP tiene una base rítmica muy potente, con bajo y batería aguantando todo el groove. La letra es tan apocalíptica como el telediario de cualquier noche. Estamos al borde del colapso: Que Se Salve Quién Pueda. The Haze funciona perfectamente también en castellano, y en Adrián se ven reflejos de Chris Cornell saliéndose del pellejo.
Sin perder ese meneo de cabeza, y con una línea de bajo entre Mike Starr y Reginald Arvizu, hunden la estrofa de Lone Sun para hacer brillar el estribillo y, de nuevo, rematar con un riff rompecuellos, solazo Van Halen y un gutural que ya nadie veía venir.
Beneath the Skin me lleva de nuevo al tarro de moscas, con una sensibilidad y una colección de imágenes que me hacen sentir de vuelta a aquel pueblo de Zamora donde me lo topé por primera vez hará unos treinta años. El tema acaba en un fade out que apunta hacia el infinito, como un viaje dentro de un bong.
La primera vez que les vi hacer Rooster se me cayeron las lágrimas. Tengo clarísimo que son mucho más que eso, pero, por quitarle la costra a esa herida y volver a infectarla, nunca dejaré de estarles agradecido.
Ojalá encuentren en su camino, al menos, la mitad de lo que merecen.
