La plaza del Ayuntamiento de Hornillos de Eresma se convirtió un año más en el epicentro del metal nacional con la celebración de la decimoctava edición del Bodega Rock. Este encuentro gratuito, plenamente consolidado en el circuito de la península, demostró de nuevo su solvencia organizativa al confeccionar un cartel de alta fidelidad que combinó la veteranía y el heavy metal clásico con las bandas más en forma del circuito actual. Con una respuesta masiva por parte de un público que abarrotó el recinto desde las primeras horas de la tarde, el evento reafirmó su estatus como una cita indispensable para los amantes del género al aire libre, manteniendo el estándar técnico e institucional que caracteriza su ya larga trayectoria.
REDSHARK
La decimoctava edición del Bodega Rock arrancó en la plaza de Hornillos de Eresma con una descarga de energía directa y sin preámbulos. Los encargados de abrir la jornada fueron los barceloneses Redshark, una banda fundada en 2012 que defiende el ala más estricta del Speed/Heavy Metal clásico. Bajo el influjo estilístico de la NWOBHM y el underground de la década de los ochenta, su trayectoria de estudio se consolidó a través de los EP Rain of Fire (2016) y Evil Master (2019), precediendo al lanzamiento de su primer larga duración, Digital Race (2022). No obstante, la plena madurez compositiva y la solidez técnica de su propuesta actual se manifiestan en su más reciente álbum, Sudden Impact (2025), eje vertebrador de un repertorio que copó la mayoría de las composiciones ejecutadas en tierras castellanas.

Para este asalto, la banda alineó su maquinaria definitiva: Pau Correas al frente de las líneas de voz, la dupla de Javier Bono y Philip Graves cruzando guitarras, junto a la base rítmica de Cristian Nadales al bajo y Alan Llano a la batería. El concierto cumplió desde el primer acorde la función exacta que el público necesitaba: una inyección de potencia pura para inaugurar la plaza. Tras una intro que enlazó de inmediato con el tema homónimo “Sudden Impact“, el grupo comenzó imponiendo un ritmo físico arrollador desde las vallas, directo y sin concesiones.


Sin bajar las revoluciones, los catalanes encadenaron las piezas de su catálogo, destacando composiciones como “Kill Your Idol” y “A Place For Disgrace“, donde las guitarras de Javi Bono y Philip Graves clavaron las armonías cruzadas clásicas de la vieja escuela con una precisión técnica milimétrica. Con “Fire Raider” y “Hypnotized“, el registro agudo de Pau Correas demostró una solvencia impecable, interactuando de frente con las primeras filas. El núcleo del concierto estuvo marcado por el pulso denso de “Mars Recall” y la contundencia de “Your Last Breath“, donde la base rítmica de Cristian Nadales al bajo y Alan Llano a la percusión blindó el sonido del festival de forma rectilínea durante la ejecución de “Rip Your Bones“.


El clímax de complicidad llegó justo antes de acometer su himno, “Beware Of The Shark“. En un gesto de respeto intergeneracional, Pau Correas detuvo el ritmo del show para recitar de viva voz unos versos legendarios de Ankhara: “Más verás que la luz de repente aparecerá, y al volar te sentirás…“. La respuesta del recinto fue unánime, completando la estrofa al unísono con un grito ensordecedor que retumbó en las vallas: “¡…COMO UN PÁJARO EN LIBERTAD!“. Con el ambiente en combustión absoluta tras la proclama, el grupo soltó la fiera rítmica del tema, poniendo a rugir el foso libre. Para la recta final, Redshark se guardó sus cartas más potentes con “Stronger Than Ever” y el cierre técnico de “Fight The Rules“, dejando el pabellón a máxima temperatura tras una apertura limpia, potente y con la banda rindiendo al límite de sus posibilidades.
ANKHARA
El plato fuerte de la jornada en Hornillos de Eresma venía respaldado por una efeméride de peso: el trigésimo aniversario de Ankhara. Con una discografía que incluye piedras angulares del Heavy Metal estatal como Dueño del tiempo (1999) o Sinergia (2018), la formación afrontaba esta cita bajo una configuración de directo de estricta contingencia profesional. Ante la ausencia temporal de Alberto Marín en las guitarras, el conjunto reclutó a Robert Beade – quien además de su labor en Evil Hunter o Nova Era cuenta con una sólida trayectoria en solitario para flanquear las rítmicas de Cecilio Sánchez-Robles. Asimismo, la baja de Dani al bajo por motivos familiares fue resuelta con rapidez gracias a la incorporación de Miguel Martín – cuya polivalencia viene avalada por su paso por bandas como Agresiva, Predicador, Morerock o la formación internacional de Ronnie Romero, quien junto al metrónomo de Ósckar Bravo en la percusión y la incombustible tracción vocal de Pacho Brea, aseguró el empaque sónico del festival.

Sin preámbulos pregrabados, la banda comenzó desatando la velocidad con “3:40” y enlazando de inmediato con la potencia de “Sueña“, dos cortes directos donde las armonías de Cecilio y el apoyo de Robert Beade en las seis cuerdas demostraron que el engranaje de ambos guitarristas funcionaba en perfecta sincronía técnica y sin fisuras. Lejos de cumplir con un guion rígido, la banda convirtió el escenario en una demostración de disfrute puro.
La complicidad absoluta con las vallas se desató antes del tercer asalto. Pacho Brea exhibió un carisma de raza y una capacidad de comunicación arrolladora al adueñarse del micrófono: “Es un puto placer estar aquí en Hornillos de Eresma por tercera vez, ¿claro que sí?“, lanzó desatando el rugido unánime del público. Pacho exigió un fuerte aplauso para el equipo organizador del festival: “17 o 18 ediciones ya… Es increíble cómo pasa el tiempo. Era un chaval cuando empezó este fest“, comentó con una sonrisa que contagió de inmediato las carcajadas de los asistentes, antes de rematar la arenga con su habitual sorna: “Sigo siendo un chaval, cabrones, todavía… Vamos, un poco más entrado en carnes, pero chaval… ¡Esto es “Un Paso Más”!“.

El recinto estalló de inmediato mientras la sólida línea de bajo de Miguel Martín aportaba la densidad necesaria para empujar el corte, sirviendo de rampa de lanzamiento para descargar de forma rectilínea la contundencia de “Demasiado Tarde” y la crudeza de “Jamás“. Al terminar esta última, con el público volcado en aplausos y vítores, se desató uno de los grandes picos de energía de la noche: la propia inercia del tema se apoderó del recinto cuando Cecilio Sánchez-Robles tomó el micrófono para meter una cuenta rápida: “¡Un, dos, tres y… No, no me atarás!“. El guitarrista indicó al público que mantuviera la mecha encendida y los asistentes respondieron en estéreo, prolongando el estribillo de “Jamás” a pleno pulmón mientras la banda reanudaba la marcha instrumental en un bucle de pura adrenalina colectiva.
Al concluir este bloque de comunión masiva, Pacho Brea volvió a tomar la palabra para poner en valor la infraestructura del festival. Tras preguntar directamente al foso si la mezcla estaba sonando bien, el vocalista exigió un reconocimiento unánime: “Pues un aplauso para la gente de sonido, que están currando desde primera hora de la tarde, han pasado calor, lluvia, todo… ¡Un gran aplauso para ellos!“. Con la misma cercanía, Pacho arengó a los presentes para asegurar la continuidad del evento: “Para que la gente siga apoyando este festival gratuito, hay que consumir todo lo que hay en las barras. Hay de todo: camisetas, bebidas… Drogas no hay, pero del resto hay de todo. ¡”Sigo en pie”,amigos, después de todo!“.

Inmediatamente después de descargar la rabia de “Sigo En Pie“, el frontman soltó un rotundo “¡Muchísimas gracias!” y volvió a retar al foso con ironía: “¿Vamos con una balada o qué?“. Tras recibir un unánime y ensordecedor “no” por parte de la multitud, Pacho replicó sonriendo entre las risas de los asistentes: “Eh, moñas… ¿Queréis un moñas? Bueno, pues venga, una baladita entonces del segundo disco: ¡“No Digas Nunca”!“. El corte de Ankhara II (2000) rompió con fuerza, sirviendo de rampa ideal para el gran doble hito histórico de la noche. Rompiendo todos los esquemas, la banda encadenó de golpe dos estrenos absolutos en vivo de toda su trayectoria: primero descargaron el esperado corte de “Mírame” y después descorcharon la crudeza instrumental de “Océanos De Lágrimas“, instante en el que Pacho Brea se amorró de nuevo al cable para sentenciar ante el clamor del público que esperaba “tocarla durante toda la puta gira” de aniversario.

La doble exclusiva funcionó como un tiro de alta fidelidad, sirviendo como antesala idónea para la presentación formal de la alineación sobre las tablas antes de encarar el tramo decisivo. El propio Pacho tomó el mando central de los micrófonos para ir presentando uno a uno a sus compañeros. El turno de reconocimientos arrancó ensalzando el impecable soporte brindado en las seis cuerdas por Robert Beade. El vocalista se detuvo a explicar con solemnidad la gravedad de la situación familiar que mantendrá a Dani alejado de los escenarios durante un período prolongado, enviándole los mejores deseos de la banda en este bache. En este sentido, remarcó la enorme fortuna de haber podido incorporar la solvencia de Miguel Martín para blindar la base rítmica, completando los honores con el indiscutible valor de Ósckar Bravo tras los platos. Para cerrar la ronda, fue el guitarrista Cecilio Sánchez-Robles quien tomó el testigo y los galones del micrófono para presentar formalmente a Pacho Brea, dando así paso a la música ante la ovación del recinto.

El arranque de “No Mires Atrás” guardaba un último golpe de efecto. En mitad del tema, Pacho interrumpió de golpe la marcha instrumental para picar y espolear las gargantas de las primeras filas, espetándoles con su habitual contundencia gamberra que parecían “niños perdidos” a la hora de cantar. Tras el toque de atención, la banda reinició el tema desde cero con una contundencia absoluta, logrando que el público respondiera en masa coreando el estribillo con un rugido ensordecedor. Justo antes de acometer el siguiente tramo de potencia, Pacho reiteró la gratitud del grupo hacia la organización del Bodega Rock por brindarles esta tercera oportunidad en su trayectoria y manifestó la firme intención de asegurar una cuarta y quinta comparecencia, despachando de paso los tópicos con su habitual temperamento: “Dicen que somos muy callaos, pero no, no venga… siempre que estéis allí apoyando hasta el fin, me cago en la hostia“. La proclama desató la tracción inmediata de “Hasta El Fin“, que junto al despliegue técnico final de “Acordes Mágicos“, clausuró una de las actuaciones más sinceras, emotivas y profesionales de todo el festival.
LEO JIMÉNEZ
Uno de los platos fuertes y más esperados por el grueso de la asistencia en Hornillos de Eresma corría a cargo de Leo Jiménez. Fundado tras su paso por cabeceras históricas como Saratoga o Stravaganzza, el proyecto en solitario del madrileño cuenta con una trayectoria discográfica impecable respaldado por álbumes referenciales como Animal solitario (2013) o Mesías (2019). Acompañado en el escenario por una maquinaria humana de primera división – compuesta por Patricio Babasasa al bajo, Carlos Expósito en la batería y los coros, junto a la dupla de hachas de los hermanos Dani y Cristian Juárez en las guitarras, el vocalista desplegó un monumental repertorio de dieciocho composiciones estructuradas con un rigor técnico milimétrico, sirviendo como el gran preámbulo antes del cierre definitivo del festival.

La descarga se inició de forma solemne con la intro Conan, sirviendo de cortafuegos ambiental antes del saludo inicial del vocalista, quien se dirigió de frente a las vallas de forma rotunda: “¡Buenas noches familia, ¿cómo estáis? ¿Sabéis una cosa? ¡Esta noche lo vamos a pasar de puta madre!“. La proclama funcionó como el resorte perfecto para desatar la contundencia de “Con Razón O Sin” y la velocidad de “Desde Niño“. Nada más concluir esta última, el frontman exigió la tracción colectiva del recinto arengando a los asistentes a levantar las manos al unísono: “¡…porque vamos a Volar!“, introduciendo de forma quirúrgica la llegada de “Volar“.
Al terminar el tema, el cantante detuvo la marcha para exigir un reconocimiento unánime, aplaudiendo junto a la multitud: “Un fuertísimo aplauso a Hornillos de Eresma y a Bodega Rock por hacer este festivalazo año tras año, pero fuerte de verdad, lo digo en serio“. Leo Jiménez sentenció con firmeza ante el clamor general: “Todas las bandas tenemos nuestro propio himno; en esta casa, el himno se llama “Soy Libertad“, desatando de golpe la fuerza rítmica de “Soy Libertad“. Inmediatamente después de descargar este himno, el vocalista volvió a espolear los ánimos de las primeras filas espetándoles: “¡Estáis muy serios!“. Tras recibir un unánime “no” por respuesta, Leo replicó desafiante al micrófono: “¿Seguro que no? ¿Seguro que no? ¡Cuernos en alto!“, cogiendo su propia guitarra para sumarse al blindaje instrumental e introducir con contundencia la llegada de “La Era De La Inhumanidad“.

La intensidad colectiva subió un peldaño más al concluir el tema, instante en el que el frontman volvió a escanear el pulso del recinto: “Tengo la sensación de que es una fiesta, ¿estamos de fiesta o no?“. Ante el clamor afirmativo de los asistentes, Leo Jiménez lanzó un órdago directo: “¿Seguro? Vamos a tocar un tema y me lo vais a demostrar, ¿de acuerdo? Manos arriba por favor… ¿Sabéis saltar? ¡Pues a saltar con nosotros: “Misantropía”!“. La respuesta fue atómica, rompiendo los esquemas rígidos de la producción mediante un estallido físico masivo al compás de “Misantropía“.
Desde los primeros compases, el directo evidenció una naturaleza radicalmente opuesta a las descargas previas de la jornada: frente a la espontaneidad del foso, la maquinaria de Leo Jiménez funcionó bajo una partitura estricta y ejecutada según el papel, priorizando la perfección sonora y el control absoluto de las dinámicas sobre el escenario. El bloque continuó dando paso con fuerza a la contundencia de “Condenado” y el peso de “Mesías“. La recta final del set regular elevó de nuevo la carga emocional con los riffs de “Vuela Alto“, tema que el vocalista dedicó explícitamente a todos los voluntarios que hacen el mundo mejor, enlazando sin tregua con la densidad de “Cielo E Infierno“.


Justo antes de abordar el siguiente tramo de revoluciones, Leo detuvo la maquinaria para realizar la presentación formal de su formación. Los honores arrancaron ensalzando la pegada de Patricio Babasasa al bajo, el metrónomo de Carlos Expósito compartiendo el peso de la batería y las voces, junto a la dupla de hachas compuesta por los hermanos Dani y Cristian Juárez en las guitarras. Tras la ronda de aplausos, el cantante desveló la intrahistoria de la carretera explicando que la noche anterior habían estado actuando en Córdoba junto a Saratoga: “Nos quedamos con ganas de tocar un temita de Saratoga… ¡Esto es “Vientos De Guerra”!“, desatando la locura en el recinto al compás del clásico imprescindible. El público respondió con fuerza enlazando con la agresividad de “Perro Traidor“.
El bloque de máxima emotividad y respeto de la noche se encadenó de forma consecutiva a través de dos dedicatorias memorables. Primero, el madrileño frenó la producción para desnudarse con “Parte De Mí“: “La única canción que tengamos en el repertorio, pase lo que pase, es una canción que le compuse a mi abuelo hace un montón de años que es muy personal para mí y seguramente para muchos de vosotros que la habéis hecha vuestra. ¿Verdad que sí?… Se llama Parte De Mí“. Sin solución de continuidad, Leo hilvanó ese pulso con el recuerdo de otra figura clave del metal nacional al introducir el corte de Stravaganzza: “Sería muy feo de tocar tres temas de Saratoga y no tocar ninguna de Stravaganzza que aprovechando que estamos dedicando a gente muy importante para nosotros que por desgracia ya no está, vamos a dedicar esta canción a Big Simon que hace exactamente 20 años que no está entre nosotros…“, dando paso a la potencia de “Grande“.


La sorpresa gamberra y el momento más distendido de la velada llegó justo antes de abrochar el set regular con su mítica recreación de “Hijo De La Luna“. Con el público entregado, Leo Jiménez se sinceró con crudeza entre las risas de la asistencia: “Muchísimas gracias de corazón, gracias de verdad. Mucha emoción, muchas emociones aquí en el escenario. Hay una canción que estamos ya un pelín hasta las pelotas de tocar, pero esta noche la vamos a tocar quizá por última vez. Sí, porque ya estamos del Hijo de la Luna un poco hasta… Es que mira hay canciones, pero “hijo de la luna”, bromeó impostando una voz aguda para imitar la insistencia de las peticiones del público. Para resolver el dilema, el frontman selló un pacto con las primeras filas indicando directamente a varios de los presentes: “Vamos a hacer una cosa, yo creo que para que no le cojamos asco a la canción, que es un temazo por cierto: nosotros la tocamos y vosotros la cantáis. ¿Cómo lo veis? Yo creo que sí, ¿no? ¿Tú la cantas, a que sí?… ¡”Hijo De La Luna”!“. La plaza estalló asumiendo el peso lírico del tema, cediendo los bises la última palabra a las calculadas descargas de “Llévame” y “Es Por Ti“, rubricando un espectáculo de nivel internacional.
JOLLY JOKER
La traca final de la decimoctava edición del Bodega Rock corría a cargo de la formación valenciana Jolly Joker. Formada en Valencia a principios de 2009 por el vocalista Lazy Lane y el guitarrista Yannick, y consolidada como el máximo estandarte del Sleaze/Hard Rock estatal gracias a un catálogo discográfico blindado por álbumes como Loud & Proud (2022) o su reciente LP homónimo Jolly Joker (2025), la banda se plantó en Hornillos de Eresma con el mecanismo perfectamente engrasado para ofrecer un repertorio de trece composiciones ejecutadas con una intensidad constante y sin transiciones lentas. Con Lazy Lane al frente de las líneas vocales, la guitarra solista de Yannick cruzando riffs afilados, y la base rítmica capitaneada por Andreas Siegl “Andy” al bajo y Aaron Joffroy a la batería, el conjunto demostró por qué es uno de los motores más fiables de la carretera nacional.

La descarga no dio tregua de cortesía, iniciando el asalto con la velocidad rectilínea de “Sky Is So High” y enlazando de inmediato con la contundencia rítmica de “Shotgun” y la pegada de “Perfect Life“. Al concluir este bloque inicial, la complicidad con las primeras filas se desató de forma directa cuando el guitarrista Yannick se dirigió de frente a las vallas: “¿Bien o qué? ¿Bien? La espera ha sido larga“. El propio vocalista Lazy Lane quien tomó el testigo en el micrófono para escanear el pulso del recinto, preguntando a los asistentes cómo llevaban la noche antes de rendir un sincero reconocimiento a los trabajadores del festival: “Muchas gracias a la gente que curra en las barras“. Con el ambiente en plena comunión, Lazy espoleó a la multitud interrogándoles si de verdad tenían ganas de fiesta, sirviendo la proclama como el resorte ideal para introducir con fuerza la crudeza sónica de “World Collapse” y encadenar la intensidad indomable de “Damage” y la contundencia de “Fuck It All“.

El gran pico de actitud rockera de la velada llegó justo antes del séptimo asalto. El frontman se amorró de nuevo al cable para dejar una rotunda declaración de principios ante los asistentes: “Venimos de Valencia, somos una banda de rock n’roll, hemos sacado un disco que se llama como nosotros, Jolly Joker. Quiero pediros un fuerte aplauso para la gente que organiza esto, por favor, que está en la barra allí currando, un aplauso para esta gente por favor. Nosotros tocamos rock n’roll y no heavy metal, queremos que lo paséis bien… ¡Esto es “Little Cadillac”!“. El recinto estalló asumiendo el pulso canalla del corte, sirviendo de rampa de lanzamiento ideal para que el grupo mantuviera la tracción a base de kilómetros mediante la velocidad de “Motor“.

Lazy Lane exhibió su solvencia habitual a los mandos del micrófono, manejando los tiempos del show y contagiando al foso con un carisma puramente angelino y salvaje. Sin guardarse un solo gramo de actitud, el frontman gobernó las tablas entre tragos de bourbon y fogonazos de cerveza vertida sobre el escenario, desatando la auténtica naturaleza canalla de la banda. Para la recta final, Jolly Joker se guardó sus cartas más potentes, descargando la densidad de “Blood Velvet” e intercalando la melodía pegadiza de “I Just Wanna Kiss You” y la rabia de “I Don´t Care“. Sin dar la menor muestra de fatiga a pesar de las horas de festival, la banda encaró el desenlace mediante los riffs directos de “Hey You” y cerró la decimoctava edición por todo lo alto con el himno definitivo “Rockin´ In Stereo“, rubricando una de las descargas más sinceras, gamberras y profesionales de todo el evento.

La decimoctava edición del Bodega Rock cerró sus puertas en Hornillos de Eresma consolidando su posición como una de las citas gratuitas más auténticas, salvajes y fiables de todo el circuito estatal. Con una infraestructura organizativa rindiendo a su máximo nivel y una respuesta masiva por parte de un público que desbordó por completo la plaza del Ayuntamiento, el festival saldó la jornada con un balance arrollador. El despliegue a quemarropa de Redshark, la celebración técnica y aplastante del trigésimo aniversario de Ankhara, el bloque milimétrico y demoledor de Leo Jiménez, junto al final canalla empapado en bourbon de Jolly Joker, demostraron que la salud del directo en la península juega en una división claramente superior cuando la música se ejecuta con honestidad, ferocidad y sin artificios. Un estallido colectivo que deja el listón en plena combustión interna y asegura la continuidad de una cita indispensable para el género.
15/08/2026 Bodega Rock XVIII, Hornillos de Eresma, Valladolid
CRÓNICA Y FOTOGRAFÍAS: ELENA KARDASH
