Olvídense de las alfombras rojas, los recintos asépticos y los festivales de manual para las masas. Esto es el Galerna Bike Rock Fest, un santuario de asfalto y rock n’ roll en Cabezón de la Sal donde la música se masca entre una densa nube de sudor, gasolina y decibelios. Aquí las guitarras no truenan solas; rugen al unísono con cientos de motocicletas que rompen la rutina en primera línea de fuego. En este circuito de hermandad motera, la identidad de la carretera se fusiona con la crudeza del escenario bajo un decreto indiscutible de pura descarga eléctrica, donde los chalecos de cuero curtido imponen sus propias reglas.
LOS MARIOS 2.0
Los Marios 2.0 fueron los encargados de abrir el escenario con una exhibición directa de rock clásico con denominación de origen local. Esta veterana formación cántabra está integrada por sus fundadores Mario Castro (voz y guitarra acústica) y Mario “Ketiu” González (guitarra eléctrica y coros), respaldados de forma magistral desde su reestructuración en 2024 por la sólida base rítmica de los músicos costeros Adrián Roiz (batería y coros) y Pablo Noriega (bajo). Juntos exhibieron una gran solvencia al enlazar la internacional “Taking on the World” con la cadencia de “Love Me Two Times” de The Doors, antes de adentrarse de lleno en el terreno estatal a través de “Apuesta por el Rock n’ Roll”. Su versatilidad quedó demostrada al adaptar piezas tan diversas como la hipnótica “Personal Jesus” de Depeche Mode, la crudeza urbana de “Alucinante” de Platero y Tú, el clásico “Blanco y negro” de Barricada, la atmósfera melancólica de “Wicked Game” de Chris Isaak y el folk-rock de “Fisherman’s Blues” de The Waterboys.


La recta final de su actuación sumó un aliciente especial cuando la banda anunció al vocalista invitado Luciano “Ciano” Bañuls. El cantante asumió el micrófono principal para desatar una descarga de alta intensidad que arrancó con “Suzie Q” y “Last Dance with Mary Jane” de Tom Petty, seguido por las potentes lecturas de “Hard to Handle”, “Where is My Mind” de Pixies, el clásico atómico “Whole Lotta Love” de Led Zeppelin y “No puedo vivir sin ti” de Los Ronaldos.


El clímax definitivo llegó inmediatamente después con la irrupción en las tablas de Mosquy (HDC Guadalajara). Lejos de ser un simple relevo, ambos cantantes se mantuvieron al frente defendiendo los micrófonos en un asalto a dos voces que actuó como un propulsor de energía tanto para los propios músicos como para el público congregado.

La marea motera, liderada por Uco (presidente del HDC Montañés) y arropada por numerosas agrupaciones moteras llegadas desde diferentes puntos del país, se volcó por completo en la carpa, coreando palabra por palabra cada uno de los himnos del repertorio. El tramo final arrancó por todo lo alto con la emotiva “Una noche sin ti” de Burning, la crudeza punk de “Perlas ensangrentadas” (Alaska y los Pegamoides) defendida por el bloque vocal, y el descaro de “Mi agüita amarilla” (Los Toreros Muertos), interpretada en un mano a mano vocal impecable entre Mosquy y Mario González. El despliegue concluyó con la interpretación de “Frío” (Alarma/Leño), dejando el asfalto de Cantabria temblando bajo el decreto de la vieja escuela.
FALSE PRETENSE
El relevo en el escenario principal del Parque Conde San Diego lo tomó False Pretense, exhibiendo una solvencia y una madurez que superaron cualquier expectativa para una banda emergente. Avalados tras haberse coronado ganadores del prestigioso concurso Santander Joven 2024 y del Certamen Interuniversitario G9 a nivel nacional, la formación integrada por Lucía Tezanos del Río (voz principal), Sergio Lanza Teja (guitarra principal), Lucas Castañera Martín (guitarra y coros), Lucía De Pablo (bajo) y Daniel Montás (batería) desplegó un arsenal sónico demoledor, demostrando que sus influencias viajan con total naturalidad desde el hard rock ochentero hasta el pop-punk de los 2000 y el metal moderno.


El grupo abrió fuego enlazando composiciones propias como “Carlota” y “For a Start” con potentes versiones de la talla de “The Hell Song” (Sum 41) y “Red Flag” (Billy Talent), logrando desde los primeros compases que el público se lo pasara en grande bajo una atmósfera de pura fiesta y distorsión. La entrega colectiva se desató en la carpa al abordar una lectura acelerada de “Complicated” de Avril Lavigne, pieza que sirvió de puente para uno de los grandes momentos de complicidad sobre las tablas: la interpretación de “No use for kind words”, donde la vocalista Lucía Tezanos tomó el micrófono para presentar oficialmente a la bajista Lucía De Pablo ante la ovación de la pista. Sin bajar las revoluciones, antes de arremeter con la crudeza de “I Hate Everything About You” (Three Days Grace), fue el guitarrista quien tomó el control para presentar al encargado de los parches, el batería Daniel Montás.



A partir de ahí, la banda mantuvo el listón en lo más alto encadenando sin concesiones “Monkey Wrench” (Foo Fighters), “The Revenant”, “Leave our Friends”, el himno generacional “I’m Not Okay” (My Chemical Romance), “Stop Messing”, “Scooby Doo”, “Crying” y “Far away”. Manteniendo una ejecución instrumental impecable, enfilaron el último tercio de su descarga devorando piezas de gran exigencia técnica como “The Kill” de Thirty Seconds to Mars y “Drag me down” antes del demoledor bloque final con “Noise” y “Head Up”. Fue en este desenlace donde la sección de cuerdas tomó las riendas de la actuación: Sergio Lanza y Lucas Castañera se adueñaron de la primera línea con una presencia escénica arrolladora y la característica gestualidad desafiante de los guitarristas de la vieja escuela, consolidando a la formación como una de las realidades más firmes, crudas y aplaudidas del rock cántabro actual en Cabezón de la Sal.
THE BARBERS GROUP
Para cerrar la primera noche del festival, The Barbers Group hizo acto de presencia con un repertorio enfocado a los grandes himnos de la historia internacional y estatal del rock. Esta formación, integrada por Anatoliy Kardivar, Francisco Ventoso, Jose Ramon Fernandez Gines y Ernesto Bueno, y curtida en el circuito de directos de Cantabria con una amplia experiencia en concentraciones moteras y eventos de gran formato, basó su éxito en una sección rítmica demoledora y un sonido de guitarras altamente afilado.


El primer bloque del concierto rindió un sincero homenaje al rock en castellano, encadenando composiciones clásicas como “Bienvenidos” de Miguel Ríos y “Piratas” de Los Rodríguez, junto a piezas firmadas por Leiva y Fito, antes de conectar con la audiencia mediante la crudeza de “Blanco y negro” de Barricada y el sello inconfundible de Extremoduro.

A partir de la mitad de su actuación, la banda aumentó la intensidad para conectar de forma directa con los asistentes mediante clásicos internacionales de alto voltaje como “La Grange” de ZZ Top, “Thunderstruck” de AC/DC o “Rock You Like a Hurricane” de Scorpions. El momento más emotivo de la velada en el Parque Conde San Diego de Cabezón de la Sal se vivió justo antes de acometer el tramo final, cuando un amigo del club HDC subió al escenario principal para pedir matrimonio a su novia ante la ovación unánime de toda la carpa, sellando un “sí” que desató la comunión colectiva en el recinto. Tras este gran instante de hermandad, el grupo remató la descarga con dos himnos fundamentales del rock estatal: el imperecedero “Agradecido” de Rosendo y el clamor unánime con “Dolores” (Dolores se llamaba de lola) de Los Suaves, confirmando que el Galerna Bike Rock Fest 2026 ha arrancado su edición por todo lo alto sobre el asfalto.

MENOS LOBOS
Los encargados de abrir la segunda tarde del festival fueron los locales Menos Lobos. Esta reputada formación cántabra, nacida en El Astillero a finales de 2007, demostró por qué se ha consolidado como una de las bandas de rock urbano más respetadas de Cantabria. Integrada por Pablo Gómez (voz y guitarra rítmica), Pablo Rioz (guitarra solista), Nacho Giner (bajo y coros) y Eloy Campillo (batería), la banda desplegó un directo crudo y sin concesiones.


Su actuación arrancó con la contundencia de “Hasta que el rock nos separe” y “Te guiaré”, enlazando de inmediato con la fuerza sónica de “Invierno”, “Como si nada” y “Nada de nada”, lo que asentó una sólida base rockera desde los primeros acordes. Uno de los momentos de mayor conexión con el público se vivió durante la introducción hablada que dio paso a “El espejo”, seguida inmediatamente por la coreada “Héroes”. Con una base de guitarras afiladas y letras de corte canalla y sincero, el cuarteto enfiló el tramo final de su concierto encadenando piezas de su catálogo como “Nunca haber sido”, “Por ti” y el cierre definitivo con “Nunca parece fácil”, firmando una apertura de jornada impecable sobre el asfalto del festival.


BAJA CALIFORNIA
El relevo en el escenario llegó desde Oviedo con Baja California, una formación asturiana nacida en el año 2012 que ha consolidado su posición en el circuito nacional tras proclamarse ganadores del prestigioso concurso FestiAMAS. El quinteto integrado por Manu Roz (voz principal), Javi Monge (guitarra solista), Aaron Galindo (guitarra), Javi Hernández “Cete” (bajo) y Gus Velasco (batería) ofreció una auténtica lección de potencia y elegancia instrumental, cargada de una emotividad especial al tratarse del concierto de clausura definitivo de toda su gira actual. Con este trasfondo de fin de trayecto, los asturianos desataron un directo de puro hard rock clásico fuertemente influenciado por los grandes referentes de las décadas de los 80 y 90 en castellano.



La banda inició su descarga enlazando “Caída libre”, “Buscando más” y la crudeza de “Blanco y negro”, dejando claro desde los primeros compases que su propuesta rehuía cualquier desarrollo predecible. La carpa se transformó en un hervidero absoluto gracias al magnetismo de Manu Roz, quien interactuó de forma constante con los asistentes, rompiendo la distancia con el público para celebrar la última noche del tour mientras el grupo ametrallaba el recinto con “Tiempo suicida”, las canciones de carretera “A-66” y “El mago”.

Demostrando una solvencia instrumental impecable, la formación continuó el viaje musical al encadenar la melodía de “Trozos de cristal” con la fuerza de “Mil mañanas” y el pulso de “Reina de hielo”. El tramo definitivo de su actuación destacó por la actitud irreverente de “Indomable”, los riffs pesados de “Polvos mágicos” y la mirada al pasado de “Años atrás”. La comunión colectiva final se selló combinando sus tres composiciones más rotundas: “El mejor error” y “Electricidad”, antes de las cuales Manu Roz detuvo el tempo para agradecer expresamente su labor a los técnicos de sonido, a Mosquy y a toda la organización del festival. Tras este sincero reconocimiento de hermandad, el remate final con “Dueños de la noche” supuso una descarga sobresaliente y un inmejorable fin de fiesta para su andadura en la carretera.

LINZE
Desde la capital del país hacía acto de presencia Linze, una de las bandas de rock alternativo, visceral y de raíces setenteras más aplaudidas por la crítica especializada tras su exitoso paso por el certamen Movistar Sound. Creadores de un estilo propio y enérgico, la formación madrileña que para su asalto al festival se presentó en formato de cuarteto integrado por Víctor Perales (voz principal), Pablo Noval (guitarra), José Pastor (batería) y Carlos Durán (bajo) demostró una resistencia física y una actitud escénica sobresalientes, desplegando un concierto maratoniano que supuso un repaso antológico por lo más crudo de toda su trayectoria.
La banda abrió fuego enlazando de inicio “El bosque”, “Ganas de pelear” y la irreverente “No quiero ser perro”, dejando claro desde los primeros compases que su propuesta rehuía cualquier desarrollo predecible. La carpa se transformó en un hervidero absoluto cuando el grupo encadenó sin concesiones temas de su catálogo como “Oyentes mensuales”, “Derecho constitucional”, la melancolía rockera de “Náufragos” y el pulso rítmico de “Palomas”.



Demostrando una solvencia instrumental impecable, los madrileños continuaron desgranando composiciones como “Siempre lo mismo”, “El As”, “Quédate” y la vibrante “Revolución”. Sin dar un solo segundo de tregua, la intensidad del directo se elevó al enlazar “Nena no puedo parar”, “La estación” y la crudeza lírica de “El sofá del hotel”, preparando el terreno para un tramo final donde cayeron de forma consecutiva “Quiero que estés aquí”, “Fátima” y la festiva “Vamos a celebrar”.


El clímax de su actuación estalló en el cierre de su tiempo reglamentario con la rabia sónica de “El lobo de Wall Street”, la profundidad de “Mar sin fondo” y la comunión colectiva con “Contigo”. Ante un público totalmente entregado que exigía más decibelios, la banda interpretó en su tanda de bises su himno “Arráncame el alma”. Sin embargo, lejos de dar por concluido el show, el cuarteto desató la gran sorpresa de la jornada al romper las costuras de su repertorio con un bloque final de versiones frentistas: una gamberra lectura del clásico “Surfin’ Bird” de The Trashmen al grito coreado de “bird, bird, bird” enlazada en un popurrí explosivo que combinó el pulso inmortal de “Twist and Shout” de los Beatles con la fuerza de “La Bamba” de Ritchie Valens, desatando la locura definitiva en la carpa.
DUSTING
El escenario del festival tembló bajo una de las descargas más maratónicas y coreadas de la edición con el asalto de Dusting. Procedentes de Castellón de la Plana y marcando su debut absoluto en tierras cántabras, la banda de versiones demostró una resistencia física y una actitud escénica sobresalientes al estructurar un repertorio masivo compuesto por clásicos universales. La actuación abrió fuego enlazando “All Day and All of the Night”, la cadencia de “Hard to Handle” y el pulso de “Beds Are Burning” de Midnight Oil, logrando que la carpa se convirtiera en un hervidero absoluto desde los primeros compases.



Sin dar un solo segundo de tregua, la formación exhibió una solvencia instrumental impecable al encadenar el groove de “Tainted Love”, la energía de “Are You Gonna Be My Girl” de Jet, y un sincero homenaje al blues tejano a través de “Mary Had a Little Lamb” al más puro estilo Stevie Ray Vaughan. La comunión colectiva con el público motero fue total al enlazar de forma fluida “Whatever You Want” de Status Quo, el clásico de soul “Land of a Thousand Dances”, el descaro de “Loca”, la icónica línea de bajo de “My Sharona” y “You Really Got Me”.

Lejos de bajar la intensidad en el foso, el último tercio del concierto se convirtió en una fiesta de alto voltaje donde cayeron de forma consecutiva “Rain” de The Cult, el funk incombustible de “I Feel Good” de James Brown, la atmósfera de “Feeling Good” y el rock clásico de “Honky Tonk Women” de Tina Turner. El clímax definitivo estalló con un bloque final integrado por “I Want to Break Free” de Queen, el himno de estadios “Rock and Roll All Nite” de KISS, la rabia ochentera de “Rebel Yell” de Billy Idol, y “All Right Now” de Free. Tras amagar con una solemne lectura de “My Way”, la banda regresó a las tablas para ejecutar el bis definitivo con la emotividad de “Purple Rain” de Prince, concluyendo el espectáculo en el momento preciso para conceder un merecido descanso al equipo técnico de sonido y luces, que completó una impecable y extenuante jornada de trabajo a los mandos de la mesa de control.
SLEEPING CIRCUS
La apertura de la última jornada del festival corrió a cargo de los barceloneses The Sleeping Circus, un quinteto fundado en 2023 que demostró sobre el escenario una gran madurez técnica con una propuesta firmemente anclada en el rock sureño, el blues rock y el classic rock de la década de los 70, cantada íntegramente en inglés. La formación catalana integrada por Ian Altarriba (voz y guitarra acústica), Eddie Alpuente (guitarra y coros), Juan Cruz “Johnny” Mayorano Martínez (guitarra), Jaume “Jack” Perna (bajo) y Samu Gonzo (batería) abrió fuego enlazando de inicio “Red Chevy Corvette”, “Horses” y “Find myself again”, logrando que el Parque Conde San Diego entrara en una rápida sintonía impregnada de aroma clásico desde los primeros compases de la tarde. La formación demostró una solvencia impecable al desgranar el groove arrastrado de “Hippie”, la crudeza de “Away away”, “Questions” y “Alness station”.




Manteniendo la intensidad ante el público motero, la banda enfiló la segunda mitad de su actuación para devorar “Already gone”, los tintes clásicos de “Guilty of love”, el viaje de “The road” y “You Stranger”, preparando el terreno para la atmósfera psicodélica de “Shroom room”. Ante una concurrencia totalmente entregada, el quinteto ejecutó los bises definitivos que incluyó dos de los mayores homenajes de la jornada: la lectura de “Moonchild” de Rory Gallagher y el remate final con el riff universal de “Jumping Jack Flash” de The Rolling Stones, firmando un gran arranque para la memoria musical de Cabezón de la Sal.

IBERIA SUMERGIDA
La carpa de Cabezón de la Sal se adentró en un terreno de pura mística y distorsión con el asalto de Iberia Sumergida. La formación desató una tormenta sónica que demolió los potenciómetros del recinto, ofreciendo una solvencia instrumental impecable y una fidelidad que atrapó a la audiencia desde los primeros compases de “El estanque”, “Malas intenciones” y “Flor venenosa”. A continuación, el cuarteto interpretó “La carta”, “Mar adentro” y “Héroe de leyenda”, antes de rescatar de la discografía maña composiciones como “El mar no cesa”, “Con nombre de guerra” y “No más lágrimas”.


El primer gran hachazo de la noche llegó con una fusión atómica de “Hechizo + Entre dos tierras” que hizo crujir los cimientos del festival, sirviendo de puente perfecto para su himno homónimo, “Iberia Sumergida”. Manteniendo el pulso acelerado, la banda continuó la descarga encadenando la rabia de “Deshacer el mundo”, la contundencia de “Avalancha” y el viaje lisérgico de “El camino del exceso”, desembocando en la mímica salvaje del combo “Oración + Nuestros nombres” y la épica de “Bendecida”.


El clímax definitivo del concierto se selló con el delirio colectivo de toda la concurrencia rugiendo palabra por palabra “Maldito duende”, “La sirena varada” y la herida abierta de “La chispa adecuada”. Tras un despliegue de sudor y decibelios que dejó el asfalto temblando, la banda remató la descarga con “Decadencia” antes de cerrar su actuación con la interpretación consecutiva de “El cuadro” y “Hologramas”, firmando una de las presentaciones más destacadas de la jornada.
HOWLIN´ RAMBLERS
Para clausurar de forma definitiva la primera jornada del festival, Howlin´ Ramblers tomó el carril central del escenario principal con un despliegue masivo de rockabilly, psychobilly y rock and roll de raíces americanas de los años 50. Procedente de San Roque (Cádiz) y formada originalmente en el año 2016, esta veterana formación, compuesta por Jesús Teddy (guitarra acústica y voz principal), Carlos Jiménez (guitarra eléctrica), Pepe Barriles (armónica), Juanlu Núñez (contrabajo) y Juan Ferrer (batería) llegó celebrando sus diez años de impecable trayectoria en la carretera. Su nombre, concebido como un tributo forense a leyendas de la talla de Howlin’ Wolf y Hank Williams, hizo honor a su reputación bajo el sello europeo Sleazy Records, demostrando una gran resistencia física y actitud sobre el escenario al interpretar un extenso repertorio bajo la carpa.

La banda arrancó los inyectores a máxima potencia abriendo fuego con su declaración de intenciones homónima “I’m a howlin’ rambler”, la velocidad de “Just keep on going” y el ritmo adictivo de “Itchy & scratchy”, logrando que el Parque Conde San Diego se mantuviera en un absoluto estado de combustión colectiva a pesar de las horas de asfalto acumuladas. Manteniendo la intensidad de forma directa, el quinteto gaditano encadenó sin frenos “Gonna ball”, “Devil on my mind” y la melancolía de “Lonesome & blue”, remitiendo de forma directa a la crudeza de su debut discográfico Home of the Blues.


Demostrando una solvencia instrumental impecable, la formación continuó ametrallando el circuito de Cabezón de la Sal al compás del blues sucio de “Drunken hearted man”, “Upsidedown”, la mímica viva de “Hot dog man” y el descaro de “I’m hungry for your love”. La comunión colectiva con el público motero se volvió total al enlazar sin transiciones lentas piezas clave de su porfolio como “Send me some lovin'”, “Takin’ care of my darlin'”, el salvajismo de “Wail baby wail”, “Shake it around” y la aclamada declaración de carretera “I’m a hobo”.

Lejos de bajar la intensidad en el foso, enfilaron la recta final de la noche devorando piezas de su catálogo de la talla de “Red lips”, “Sundown call”, el pulso de “Dressed in black”, “Home of the blues” y “Strange kind a feeling”. El clímax definitivo de su concierto maratoniano estalló superando la veintena de composiciones al encadenar la fuerza de “Shadows on my Trail” y la rabia alcohólica de “Whisky in my bones” ambas editadas bajo la producción de Pike Cavalero junto al trallazo de asfalto “Eighteen wheeler”, la contundencia de “You’ll be mine” y “I’m coming home”. Tras un despliegue salvaje que dejó las cuerdas del contrabajo temblando, la formación remató este brutal maratón a tumba abierta encadenando “Hard lovin’ woman” antes de cerrar su actuación con “Let’s get out”, firmando una de las presentaciones más destacadas del festival.

Las tres jornadas del Galerna Bike Rock Fest 2026 convirtieron a Cabezón de la Sal en el epicentro indiscutible del motor y los decibelios en el norte. Desde el arranque del primer día, el festival operó como un rodillo sin concesiones, encadenando descargas de rock clásico, southern rock y rock urbano que mantuvieron la carpa rugiendo a golpe de bises y guitarras afiladas. La masiva respuesta de las agrupaciones moteras llegadas de todo el país y la comunión total del público demostraron que la alianza entre el HDC Montañés y la escena del rock en directo es un engranaje indestructible. Tres días de volumen brutal, comunidad y resistencia que dejan el pabellón de Cantabria en lo más alto de la carretera.
20-22/08/2026 Galerna Bike Rock Fest, Cabezon de la Sal, Cantabria
CRÓNICA Y FOTOGRAFÍAS: ELENA KARDASH
