Hace ya tres o cuatro años que conocimos a Nacho y a los Hijos del Lobo en un Market Freak. En la misma minientrevista que le hicimos en la radio nos habló del Barbarian Fest, y nos quedamos enamorados de la idea. Ponerse ciego de hidromiel, pegarse con hachas en un lugar alejado de la civilización y la cobertura telefónica. ¿Qué puede salir mal? Es un plan sin fisuras.
Pasados unos pocos meses nos encontrábamos en Los Avellanos, viviendo una experiencia irrepetible, porque, aunque la cita es anual, cada vez es distinta. Hijos del Lobo te ofrece un campamento que tiene algo de divulgativo, algo de recreación, pero también otra parte de pura diversión. Pasar unos días absolutamente desconectado del exterior y conocer gente que puede que tal vez veas en otra ocasión, tal vez en Helheim o en el Valhalla, pero de una u otra forma han entrado a formar parte de estos momentos de tu vida.

Tras la recepción y la incorporación paulatina de los vikingos y vikingas llegados en drakar de diversas localizaciones, comenzamos el taller de lucet, una horquilla que servía como telar y con la que intentamos trenzar cuerda con resultados bastante diversos dependiendo de las manos, la verdad.


De las cenas y comidas no daré muchos detalles, pero os podéis imaginar que son asturianos intentando comer como vikingos. Ahí lo más digestivo son las fabes, y de postre hogaza de pan rellena de venado. También hubo opción sin gluten y vegana, que seremos malas bestias… Pero coño, nos cuidamos.
Por cierto, este año el Barbarian coincidió en plena berrea, un espectáculo de la naturaleza a pocos metros de nuestro campamento que nos hizo sugestionarnos aun más con la propuesta.

Tras una charla sobre mitología salimos al exterior para celebrar un juego nocturno en el que enfrentándonos a Draugr teníamos que intentar recuperar el Mjolnir de Thor. Allí de noche, y a la luz de las antorchas es difícil distinguir al amigo del enemigo, y alguno se llevó un espadazo que no le correspondía. Por fortuna, si las runas eran propicias podías volver a la vida un rato más.


La noche se alargó para quien quiso, con una pinchada que empezó con Wardruna y Heilung, y se fue animando vía Amon Amarth para terminar sonando directamente Testament y Megadeth. Caímos en batalla y fuimos a dormir, pero alguno llegó al desayuno casi del tirón y eso que a las diez y media comenzaba la clase de armas.



Aprendimos diversos movimientos de espada, cómo utilizar debidamente los escudos para hacer un Skjaldborg, el manejo de la lanza y del hacha danesa. Cuando pensábamos que lo sabíamos todo y estábamos en pleno fragor de la batalla, fuimos atacados sin piedad por un grupo de arqueros con los que no habíamos contado.







Tras un breve descanso hubo un momento para “Haz el amor y no la guerra”, que aunque siempre imaginemos a los vikingos arrasando aldeas, había tiempo para todo. Es tradición del Barbarian celebrar una boda, bendiciendo a una pareja junto al arrollo y ante la atenta mirada de Odín padre de todos. Por supuesto el festejo acabó en festín regado de cerveza e hidromiel. Skål!


…y tras la pitanza tradicionales juegos. Nosotros habíamos llevado un Hnefatafl y de cuando en cuando echamos una partida, también hubo alguna actividad así tranquila como el Kubb (una especie de mezcla entre la petanca y los bolos que jugaba esta gente), pero además hubo carrera de Loki, con un leño atado entre las rodillas justo a la altura donde puede golpear lo que no debe, lanzamiento de hachas, corte de lechuga a espadazos, levantamiento de troncos, batalla de equilibrio a sartenazos en la cabeza y demás lindezas del medievo.





La jornada la terminamos con una charla sobre vestimenta, distinguiendo los mitos, los comics de la Marvel, la romantización y las series de la tele, de los hallazgos históricos que nos pueden dar pistas de lo que que se acerca más a la realidad porque aunque en el Barbarian todo vale, ya que se trata también de hacer un rato el gamberro y tirarse por el suelo, siempre sale uno con las ideas un poco más claras y habiendo aprendido unas cuantas cosas.
La última velada fue amenizada por unos cuentos Skaldo y de nuevo copiosa comida antes de que hubiésemos terminado de hacer la digestión. Como en estas cosas no es difícil que se junten unos cuantos frikis de los juegos de mesa, es bastante habitual que la noche termine matando hombres lobo en Castronegro.


Después de un fin de semana como ese, la rutina se afronta de distinta manera. Siempre digo que estas cosas que hacemos, los conciertos, las ferias de libros, los concursos de cosplay y lo que sea que a cada uno le motive, consiguen que vuelvas a repartir el peso entre las responsabilidades y las pasiones, y que no olvides que a pesar de que las primeras son inevitables, son las segundas las que le dan sentido a estar vivo.
Hijos del Lobo organiza también el Luna de Aullidos, basado en la cultura celta, con su hombre de mimbre y todo (no sabemos si lleva o no un cura dentro), también tienen un evento que incluye rol en vivo y se llama Valhalla Maldito, para este último todavía quedan plazas este año. También te animamos, si eres fan de Rick Riordan, a consultar las fechas del Campamento Mestizo que organiza en este mismo albergue la asociación amiga Ragnarol.

Fotos por Laura García
