Aunque el nombre de Marcos Bárcena está indudablemente ligado al mundo del Folk, por haber formado parte de los legendarios Luétiga, y Atlántica, así como por su trabajo en solitario y su labor en escuelas de música tradicional, no es desconocida para nadie su adoración por el rock clásico y en especial su devoción por la carrera de The Beatles. Así hace quince años, se juntó con otros cuantos apasionados y formó Beatles Revival para rendir homenaje a los Fab Four. Desde el inicio en la batería estuvo el inefable Boli, curtido también en mil batallas desde Hurria hasta Los Zapata, en el bajo el archiconocido Carlos Zárate y en la segunda guitarra que ocupaba antes Isaías Rojo (Lazy) está ahora Víctor Teira, otro que pese a su juventud nunca ha disimulado su amor incondicional por el rock viejuno. Tras un montón de conciertos juntos, anoche se subían al tejado de Octubre para decir adiós.

Pese a toda la literatura y opiniones que se puedan verter sobre los grupos Tributo, hay que reconocer que ir a un espectáculo con canciones de The Beatles, se parece un poco a visitar un museo. No estamos hablando de un concierto al uso, si no de la celebración de un legado, un poco más cerca de lo que sucede cuando vas a ver representar un texto de Shakespeare, cuando te sientas a escuchar una partitura de Mozart o cuando participas en unas jornadas de recreación histórica. El repertorio se mantiene vivo, porque hay gente que sigue creyendo que esas canciones merecen ser tocadas en directo, y en el caso de Beatles Revival esa verdad no tiene artificios. No hay suplantación de personajes, no hay ropas al estilo de la época, no hay imitaciones. Hay un grupo de músicos estusiasmados con unas canciones que quieren compartirlas con un público que también las ama. Y ya se sabe, que todo lo que se necesita es amor.


Las introducciones a los temas también van desde el corazón. No una cuidada lección de historia, tampoco una impostada arenga para encender al público. Solo el comentario que un amigo haría a otro al fuego de un tocadiscos mientras suena alguna de esas maravillas… Lady Madonna, Yesterday, While My Guitar Gently Weeps, Let it Be, Twist and Shout, Can’t Buy Me Love, Nowhere Man, Roll Over Beethoven, Get Back, I Wanna Hold Your Hand, Help… ¿Hasta cuantas se pueden contar sólo de las que son imprescindibles?
El concierto que Los Beatles nunca ofrecieron, mezclando su primer repertorio y sus canciones más experimentales, poniendo incluso un pie en la carrera en solitario de Lennon, al incluir Imagine. Una canción que nunca pasa de moda, porque los psicópatas que gobiernan el mundo se encargan cada día de convertir el sueño Hippie en una pesadilla.
Cuando tenía quince años cayeron en mis manos los recopilatorios Rojo y Azul. No he parado de escuchar a Los Beatles desde entonces. Han pasado más de treinta. Mi hijo mayor va a cumplir los mismos que yo tenía entonces. De bebé tuvo un submarino amarillo por silla de paseo, su primer lego fue otro. Creció con los Beat Bugs, Across the Universe de Julie Taymor, el Yesterday de Danny Boyle… y por supuesto con los vinilos, que poco a poco va coleccionando. Su primera compra de cubeta fue el Sgt Peppers. Ayer, otra vez, pudimos cantar juntos.
Así que sí, habrá literatura y opiniones sobre los tributos, pero también hay amor, y yo prefiero quedarme con eso. Al menos por esta noche.
