Qué maravilla cuando tu momento de máxima enganchada por una banda coincide exactamente con que su gira pase cerca tuyo para verlos en directo. Anoche fue mi segunda visita a la D8 SORKUNTZA FAKTORIA, un lugar en el que uno siempre se siente muy gusto; con solo un par de visitas ya estás como en casa. Curiosamente, fue en esta misma sala, durante el OBON FEST, donde recibí la primera “señal”: un flyer anunciando este concierto. Hasta entonces, apenas los tenía en el radar. La señal definitiva llegó escuchando los repasos de favoritos de fin de año del programa. Empezar el año repasando su último disco, y cuando me quise dar cuenta ya estaba devorando toda su discografía sin compasión. Oficialmente, anoche se sumó un fan más.
La jornada arrancó con los madrileños MURMUR, quienes salieron con una puesta en escena sumamente cuidada. Su vocalista se mostró muy teatral desde el primer segundo, otorgándole un aire de ritual a toda su interpretación que hizo que el show resultara profundamente inmersivo. La cosa fue tal que, al arrancar con el primer tema, apareció con el rostro cubierto por un velo que no se retiró hasta el final de la canción.



Fue tan hipnótico que no pude ni sacar una foto para acompañar a esta reseña; cuando me quise dar cuenta ya estábamos en el segundo corte. Su propuesta musical es densa, profunda y potente, y sumada a la imponente actitud de la banda, se tradujo en un bolo más que notable. Apenas le había dado un par de vueltas a su último EP antes del concierto, pero me pareció una propuesta interesantísima a la que prestar atención de aquí en adelante. Creo que basaron su repertorio en su último trabajo, pero no me hagáis mucho caso, porque como digo, aun no les tengo muy escuchados.



Si hablamos de inmersión y buena puesta en escena con MURMUR, la llegada de HFTS no se quedó atrás. Con la sala ya a rebosar, los austríacos tomaron el escenario con un despliegue de sonido que no decayó ni un solo milímetro durante todo el concierto. No me sé ni una sola letra, pero esta gente tiene la asombrosa habilidad de clavarte sus temas en el cerebro; sus melodías se te pegan de tal forma que es imposible no acabar tarareándolo todo. Entiendo a quienes les achacan falta de originalidad o la ausencia de estructuras hipercomplejas en su música. Es cierto que sustentan su propuesta en recursos rítmicos y melódicos conocidos, pero lo que hacen lo hacen TAN bien, que pese a que sus temas tienden a ser muy largos no aburren en absoluto. Pura emoción.



El directo fue un aluvión continuo de emotividad. La banda juega muy bien con las intensidades de sus canciones mientras la voz agónica y visceral de JJ no afloja un solo segundo. Fue un concierto sin parones, sin discursos, las interacciones justas con el público salvo un par bajadas del escenario de cantante y bajista en diferentes momentos. Apenas un saludo al llegar y un escueto adiós al terminar. El resto fue un cabeceo incesante (mi cuello hoy es testigo de ello) y un permanente tarareo mental. Debió durar en torno a la hora y cuarto que me supo a muy poco. Me metieron en un torbellino del que no pude, ni quise, salir hasta que se encendieron las luces de la sala. Disfruté como un niño pequeño.




Borja Ponga
