Navidades de 2025, centenares de padres en apuros recorren las grandes superficies a lo Arnold Scwarzenegger en busca de unas muñecas que no existen. ¿Cómo es posible? Parece que Funko es casi la única licencia que ha tomado la delantera, y están agotadísimas. No hay camisetas, no hay posters, no hay disfraces, ni agendas cuquis con las guerreras KPop en la portada. Algo no encaja, algún conflicto de intereses está frenando lo que debería haber sido el pelotazo comercial de la temporada. Pero es que ni siquiera hay apenas falsificaciones. Ya en enero Vans anuncia que va a sacar una línea de playeras, y poco a poco, se empieza a ver más merchandising en las calles, casi todo pirata, por cierto.
La peli se estrenó en el mes de junio, que no parece un mes muy adecuado para estrenar nada. La apuesta de Disney para el verano fue Elio, una razonable película que nadie parece haber visto. Demon Hunters ni siquiera fue a las salas de cine, no hubo una gran campaña publicitaria con vallas anunciándola en las calles, pero de forma sigilosa, fue colándose en las casas y para cuando llegó septiembre ya había comenzado a reventarlo, ante los ojos atónitos de los adultos. Mayor hit de Netflix con 500 millones de visionados. Puesto setenta en la lista de álbumes favoritos de nuestra audiencia. ¿Cómo? ¿Cuándo? ¿Por dónde? ¿Por qué? Alguien debería hacer un documental para explicárnoslo.

La responsable de todo el asunto se llama Maggie Kang, y es una surcoreana emigrada a Canadá que ya había aportado su cultura y estilo a animaciones como Kung Fu Panda 3, Lego Ninjago, Rise of the Guardians o El Gato con Botas. En KPop Demon Hunters utiliza todos los recursos a su alcance para crear una historia épica sobre un grupo de cantantes KPop que se enfrentan al mal, encarnado en una Boy Band rival, utilizando como principal arma su música, pero también dispuestas a liarse a mamporros si hace falta.
KPop Demon Hunters es la película más importante de animación desde Frozen, e incluso se ha pasado por la piedra a la maravillosa Encanto. Ha pillado a todo el mundo con la guardia baja (a las pruebas me remito) y ha golpeado en la mandíbula a todo un sistema en decadencia. Plataformas, publicidad viral, Estados Unidos, Princesas Disney… Las armas están claras, una historia sencilla, con malos y buenos, y con una ambigüedad que desdibuja esa frontera, una animación variada que sin inventar ningún estilo nuevo saca provecho de estas décadas de anime, desde las estilizadas modelos de los diseños fashion hasta el chibi más exagerado. Por último una banda sonora magistral, con todo temazos, que recoge la herencia del pop coreano, fijándose en los (ya clásicos) BTS, e inspirándose en bandas como Twice o Monsta X que por aquí la mayoría ni había olido.

Centenares de niñas cosplayadas de Rumi, Mira y Zoey toman la palabra, también se ven unos cuantos Jinus en la puerta de salesianos. Nosotros la hemos cagado con la entrada, y nos hemos presentado en la sesión que no era, pero el equipo de producción es comprensivo y nos salva de ser los peores padres del mundo. Les debía, por lo menos, una reseña.
Gracias por convertir los sueños en carne y hueso.
