Escribo estas palabras todavía sin salir del “Hotel Morgan”. No quiero salir del concierto al que asistí anoche. Me resisto. Lo tengo en la cabeza. Lo siento en el corazón.
Yo sabía a lo que iba. Gracias a buenos amigos, hace dos años, la última vez que Morgan visitó el Escenario Santander, me presenté sin tener la menor idea de lo que iba a ver. No siempre me dejo llevar por el buen criterio musical de mis amigos, pero su insistencia y una suerte de inspiración me llevaron a las puertas del ES a comprar la entrada (ayer no hubiera sido posible porque colgaron el SOLD OUT). El resto es historia. Me pareció pura magia, una bestialidad. Y así los conocí.
Luego no he sido una fiel oyente. Muy al contrario. Pero cuando supe que volvían al ES retomé su escucha e insistí para que otros pudiesen disfrutar de esa sensación única de ver a una banda gigantesca por primera vez.
Anoche lo que hizo Morgan seguramente no fue magia, sino profesionalidad y alma. Elegancia y amor a la música. Son unos músicos como la copa de un pino, una banda engrasada, que se quiere, que se lo pasa bien en el escenario. Con Nina, una de las mejores voces de este país y parte del extranjero. Una voz privilegiada que lo llena todo. Una artista espectacular, un torbellino que entre canción y canción te da las gracias, te hace reír y quieres ser su amiga. No hay nadie en ese concierto que no sienta que quiere a Nina. Me lo juego todo.
Empieza un sonido de radio donde mezclan sus canciones y sale la banda. Suena “Planet Earth” y ya estás adentrísimo, porque no se puede ejecutar con mayor calidad, con tanta finura y sensibilidad. Una canción donde Nina comienza a derrochar todo su talento y del que no se guarda nada en las casi dos horas, unas quince canciones del set list.
Y aunque es innegable el protagonismo de Nina, Morgan es una bandaza, seguramente entre las mejores de este país, con posiblemente los mejores músicos de su generación. Le dan al pop soul con “El Jimador” y de Hotel Morgan también tocan dos de mis temas favoritos, “Pyra”, un rock fronterizo con toque gospel, y “Radio”, una joya que desborda y a la que nos entregamos el público. Suena country swing con “Cruel” y esos temazos como “Alone” y “River”.
Nina nos cuenta que había decidido no cantar “Volver” en esta gira, pero que a veces tiene malas ideas y que ya se había dado cuenta. Que ella no quiere cantar sola, que para eso son una banda, así que nos pidió, nos rogó, que cantásemos “Volver” con ella. Lo hicimos como pudimos. Coreamos con delicadeza. Y fue mágico.
Por supuesto, no faltó “Sargento de Hierro”. Cautivos y desarmados nos rendimos ante la belleza y ese final que sabíamos que tenía que llegar. Y el final solo puede ser alegre y festivo, con “Another Road” fundido con clásicos funkys y souleros. Vamos a bailar un poco antes de irnos, porque tengo encogido el corazón, porque esa honestidad brutal, esa elegancia y ese sonido provienen de una banda que sobrepasa las expectativas.

Ayer pude disfrutar con tres personas que tuvieron su primera vez con Morgan y salieron alucinados. Y eso que a uno de ellos le había puesto las expectativas altas. Y las superaron.

Ruth Carrasco
