Este viernes anterior a la Semana Santa, que no sé cómo se llama si de Pentecostés, Adviento, Resurrección o gaitas, traía consigo una buena dosis de música a la par que una gran cantidad de vecinillos de la capital en las carreteras. Por tanto la tarde fue cuanto menos entretenida. Llegamos al ES a la hora de apertura de puertas, y había incluso cola para entrar, pero una vez dentro la realidad era bastante más desangelante. Desde mi punto de vista es bastante triste que vengan giras chulas a nuestra comunidad y la respuesta del público haga que la organización tenga que poner paneles divisorios y reducir a la mitad el aforo. Mientras esto se repite concierto tras concierto, tengo entendido que cuando hay velada de tributos aquello se peta… Pero no es un debate en el que quiera enzarzarme conmigo mismo en esta ocasión.
Sí que me interesa más sacar a relucir el hecho de que para la banda que abría, Paraiso Terrenal, eramos muy poquitos y ya para Iron Savior había algo más de gentecilla. Soy consciente que la gente trabaja y seguramente quieran cenar antes de ir de concierto, y que habrá otros mil posibles motivos para llegar más tarde. También somos todos conscientes de que genera más interés la banda que encabeza siempre que el show de apertura. Tampoco voy a poner por las nubes a Paraiso Terrenal, pero defiendo que hay que estar al pie de la barrera aplaudiendo a todos los que suben a un escenario (siempre y cuando le pongan ganas).
Esta banda pucelana fundada en 2011 bebe de una instantánea de la historia de la música muy concreta, el heavy metal ochentero… Tener un estilo tan definido puede resultar limitante, aunque satisfará a quienes busquen precisamente ese sonido concreto.


Tienen temas muy bien construidos y que pegan muy bien como “En tu cielo” que tocaron a mitad de set. Y como vimos por el papelito donde miran las canciones, debió ser incluida a última hora. Desde mi punto de vista, ese tema definitivamente estuvo bien metido, aunque fuese un extremis.


Voy a destacar la labor del cantante que, aparte de tener una gran capacidad vocal muy adecuada para el género y estilo, le puso un montón de ganas. Y supo llevar en volandas a sus compañeros, que quizás pecaron de estar más nerviosetes, y con razón: tuvieron algún fallo técnico con la intro; y alguno era visiblemente muy joven, y tal vez le falta ganar seguridad e interacción con el público… Dicho esto como crítica constructiva, y con afán de aportar una visión externa que pueda servir a la banda como feedback con el que avanzar en su camino.
Cerraron con una versión de Ángeles del Infierno, otro gran acierto porque pudimos corear como bellacos maldiciéndonos los nombres los unos a los otros. Un broche ideal.


Llegaba el turno de Iron Savior, banda internacional y de dilatada trayectoria en esto del power metal. Además el viernes estaban de estreno con su nuevo álbum, Awesome Anthems of the Galaxy, que como su propio nombre indica, es un compendio de versiones de temazos como “Maniac”, “Take on me” o “Since you been gone”. El único fallo gordo es que en el merchan no tenían aún ninguna copia.
Su bolo comenzó por todo lo alto con un temazo como “Way of the blade”, potente a más no poder. Y no dejaron de lanzarnos andanadas de poderosidad con cada tema. A mi me gustó mucho “In the realm of heavy metal” y creo que me puede servir para explicar una cosa muy chula de este grupo: como ya me pasó este verano viendo a Tungsten, lo que entraba por mis ojos no casaba demasiado con lo que entraba por mis orejas; quizás escuchando música tan poderosa te esperas que el grupo lo formen escandinavos altos, rubios, mazados y de ojos azules, pero ellos son 4 tíos de lo más normales y ahí está un poco su magia, en cómo lo llevan adelante, pese a no ser tan guapos. Luego las letras exprimen todo tópico del power metal habido y por haber: este tema hablaba de dragones, el siguiente de héroes de leyenda, todo ello sabiamente combinado en ocasiones con paisajes futuristas, sin dejar de evocar paradójicamente esa epoca pretérita de nobleza y caballerosidad.


Los momentos entre canciones eran bastante simpáticos entre el bajista y el cantante. Tuvimos que soportar la típica ristra de “chistes mientras afino porque he roto una cuerda” y fue bastante ameno. Voy a destacar al batería porque estaba usando el kit de los vallisoletanos y no se notó en ningún momento nada defectuoso en su manera de tocar, al contrario, fue gran causa del poderoso sonido de la banda. También el cantante, que al compaginar funciones con la guitarra rítmica me llegó a recordar a Rolf Kasparek de los Running Wild, sin haberlos visto a ellos ni nada.


Con su tema más archiconocido, “Heavy metal never dies”, hicieron lo típico que ya pudimos reseñar con Dynazty el año pasado de alargarlo quizás de más, pidiendo la colaboración ciudadana del público coreando y compitiendo entre nosotros. Para mi gusto eso diluyó un poco la cantidad de poder que transmitian durante ese tramo del concierto. Pero el final vino pisando fuerte: “Coming Home” y dos temas mas viejunos, “Condition red” y “Atlantis falling”. Me encantaron, temas todos super potentes y este último incluso con un punto extra de elaboración muy interesante.


Y ya para rematar, una versión de algo aún más antediluviano: el “Breaking the law”. Ahí volvimos a cantar todos como posesos y prófugos recién liberados de la opresión por el poder del heavy metal, encaminados hacía la libertad a lomos de caballos alados de la justicia…en fin, paro porque me vengo arriba, ¡58 mateítos!
Texto: Mateo D. Merino
Fotografías: Maya C. Cañestro
