VAMOS A TOCAR UN RONCANROL EN LOS BARES DEL PUEBLO (O DE DONDE SEA)
Cantaebria nos trae Jaleo Real, y lo primero que se me viene a la cabeza es que Víctor, su brutal e hiper carismático líder, tiene el nombre equivocado: debería llamarse John Fogerty, y quien esto escribe no acepta discusión alguna al respecto.
Este disco nos cuenta historias urbanas, de bares, de perdedores que pelean por no perder la esperanza en algo o en alguien: Historias que nos reflejan a todos, a veces con desesperación, a veces con esperanza, a veces con las dos, de una manera acelerada, con interludios breves y mágicos.
Mecha y Gas: Ya nos enseña lo que viene: Tralla de la buena. Te deja sin respiro… esa guitarra que baja y luego vuelve a subir casi, distorsionándose y que te hace pedir más, preparándote para el siguiente trallazo:
La Fiesta: Pues eso una fiesta: Una invitación a volverse loco, al carpe diem más absoluto, y hacer las cosas no como el otro piensa que están bien hechas, sino como TÚ crees que están bien hechas: “que me miren con desprecio mientras me toman por necio” una filosofía con la cual este que escribe está de acuerdo plenamente. La Fiesta Es como si cogieras “en tu fiesta me colé” de Mecano, y le quitaras lo pudoroso, bien intencionado… aquí no vamos de eso:
La Fiesta es directa, cruda como la voz de Fogerty / Víctor. Es una historia digna del Sabina más crápula y callejero… de hecho no dudo en decir que el la hubiera firmado, de ser un tío joven hoy en día (el tiempo nos trata, por lo menos trata, de domesticar…que lo consiga es otra cosa) Cuando termina viene Shine, que se pone poético, dentro de los márgenes de la chulería, disfrazándolo con guitarras potentes que a primera vista no hacen pensar en el trasfondo del tema.
Tierra firme empieza con un melancólico piano: El tema del retorno, de volver a esa persona que, por decisiones que en su momento creíste correctas, ya no está posiblemente donde esperabas: Sentirse frio y en un momento frenético y épico (esos coros que resaltan la idea de ir a la luz) volver a sentir la temperatura de la sangre caliente galopando como un caballo salvaje.
The criminal: Esa ruptura traumática, esa dualidad entre volver o seguir tu camino, esa pelea interna porque la vida siga su curso:
Paradójicamente el miedo, siempre controlado, es lo que nos hace avanzar: Hazlo con miedo, pero hazlo, con una pizca de esperanza y de autoafirmación: Si me caigo me caigo yo: Soy mi dueño.
Guitarras enloquecidas que acaban bruscamente, dejándote con la incertidumbre, pero con las ganas de que todo haya salido bien.
En definitiva, Jaleo Real es un disco fresco, sinvergüenza, con toques de virtuosismo que no agobian, con guitarras coros y batería con clase, y una voz que nos recuerdan que todavía hay música sin complejos, ajena a formulas trilladas y que no busca gustar: busca expresar.
Alberto Crespo
