Siempre insisto en este punto, pero me gusta poner las cosas en perspectiva. Aunque sigamos viendo a Lorna Shore como un grupo de nueva hornada, lo cierto es que ya han pasado diez años desde su primer album. Aunque nos parezcan menos, tan diez años son estos como los que hay entre Iron Maiden y No Prayer for the Dying. Si te pillan entre tus quince y tus veinticinco pueden ser la banda de tu vida, y todo lo demás, por clásico que sea habrá venido después. Todo esto sin contar sus EPs, porque entonces serían cinco más… ¿Cómo te quedas?
A lo que voy es a que Lorna son ya una referencia, todo un estilo se ha forjado alrededor de ellos y otro puñado de bandas, y aunque allá por principios de siglo lo del Metalcore podía sonar a pasajero, la vuelta de tuerca hacia el Death derribó cualquier posible duda… más allá de nostalgia, revivals y recreaciones modernas de tiempos pasados el metal del S. XXI suena así, como un bloque de hormigón a bocajarro en tu cara, con una producción que ni por asomo intenta disimular sus artificios, con voces sobrehumanas y secuencias electrónicas que salen al directo sin ningún tipo de pudor.
El cambio de vocalista en 2020 es un caso paradigmático de “Qué sabe la rosa, cuando la caga un caballo encima, que es precisamente ese montón de mierda el que la va a ayudar a crecer”. La salida de CJ McCreery estuvo llena de controversia por las acusaciones de abusos sexuales, y la recepción de Immortal con él todavía al frente, fue sin duda lastrada por la intrahistoria. Así, Will Ramos fue el reemplazo perfecto, no solo por su impecable labor vocal, si no por el lavado de la imagen de la banda que ha traído consigo.
Si Pain Remains ya puso las expectativas por las nubes, este que nos ocupa ha venido a dejar sellado y lacrado el lugar de honor que Lorna Shore ocupan en la actualidad. I Feel the Everblack Festering Within Me es un álbum absolutamente opresivo, de composiciones largas y enrevesadas. Desciende a las profundidades más podridas en los breakdowns pero alcanza altos niveles de epicidad con capas orquestadas sobre melodías circulares y riffs endemoniadamente violentos. Los pequeños respiraderos vienen en los contrastes entre unas y otras partes, con momentos más pausados que llegan a funcionar en forma de estribillo, o solos de guitarra en la tradición del Heavy Metal. Si te gusta el juego eterno de las etiquetas ya hay quién les nombra como Deathcore Sinfónico, ahí queda eso.
En el aspecto lírico Ramos lidia con sus temores internos, la pérdida de la identidad y la fragilidad del yo a merced del deterioro cognitivo y la enfermedad mental. Lo efímero de la vida, y la carne como prisión de la mente. Por otro lado, sitúa al humano en un mundo en decadencia y declive, y aun así no se rinde, saca pecho y combate, como mandan los cánones del estilo; We are unbreakable.
