Después de más de 30 años de carrera ininterrumpida, Mamá Ladilla sigue moviéndose a sus anchas por los pubis de dos generaciones y planea invadir una tercera en cuanto los nietos de los viejos fans alcancen la edad legal para albergar este tipo de parásitos en sus partes nobles.
Paralelamente a otras hecatombes, 2026 va a ser testigo, le guste o no, del tropecentésimo alumbramiento de un disco ladilla de larga duración. Responde al nombre de Molestar general y contiene 13 nuevos alegrones que harán echar humo por las narices a todo humano cuyos tímpanos osen arrimarse a la criatura. Si no queda satisfecho, le devolvemos la fabada encima.
Diríase que esta vez el grupo se ha dejado de gaitas, o de hostias (elíjase una u otra palabra según la alcurnia del medio de comunicación). Se trata de un disco breve en apariencia, pero denso al paladar, y que apenas tiene solos de guitarra ni cosas de esas. El grupo ha tenido que contrapesar tanto bofetón sonoro y verbal con un poco de guitarra clásica, para poder soportar así ellos mismos el envite de su propia inmediatez.
La producción ha corrido de nuevo a cargo de Pablo del Fresno, que ha aportado una vez más ese fino equilibrio entre la pulcritud y el martillazo en la cabeza. También repite Pablo Thonon, en cuyo estudio se han grabado las bases del disco y que ha aportado un arreglo final de toma pan y moja. Por no hablar de la discográfica Lemuria, sin cuya confianza todo se pondría cuesta arriba para esta panda de melones. Estamos ya ante el quinto disco ladilloso-lemuriesco, que se dice pronto.
Otro que repite es Alfonso Sangre, cuya portada (la tercera ya que hace a este grupo) transgrede deliberadamente un buen puñado de normas de composición en honor al título del disco y a su contenido en general. El grupo se siente representado por su buen hacer y agradece que haya arriesgado su salud mental elaborando este compendio visual tan compacto de cosas que dan TOC.
La formación actual de Mamá Ladilla continúa estable desde hace más de una década y ha desarrollado con el tiempo una conexión musical y humana que chincha rabiña. A la guitarra y cánticos tenemos al miembro fundador Juan Abarca, de quien diríamos que peina canas si supiera lo que es un peine, y que se encarga también de la composición de las canciones. A su vera, el bajista Sergio Legazpi y el batería Abel del Fresno tocan, corean, opinan, arreglan y contribuyen al resultado final de mil y una maneras. Pero cuenta la leyenda que hay un cuarto Beatle en la sombra, de nombre Víctor Verdejo, que es la principal causa de que los otros tres no se hayan vuelto locos ya del todo. Es con quien os tendréis que batir el cobre los que tengáis a bien contratar los servicios de estos trovadores del metal. No os preocupéis, que no muerde, o al menos hasta la fecha no nos consta que haya mordido.
Ahora tocaría decir que Mamá Ladilla se va a embarcar en una nueva y exitosa gira, pero la realidad (cruda o al pil pil) es que este grupo no ha parado de tocar nunca, y así va a seguir. Habrá, por tanto, conciertos por todas partes, como siempre, y las nuevas canciones pasarán a hacer buena compañía a las viejas.
