A la derecha de este ordenador, desde el que siempre escribo, hay un gran poster del XX Aniversario de Noche de Rock. Aquel concierto, hace ahora diez años, reunió en el Escenario Santander a cuatro bandas de distintos estilos, que a nosotros nos parecían buenísimas: Memorandum, Karonte, Mountain Stew y Quaoar. Según lo que tengo apuntado en el Daily, esa sería la última vez que les vimos. Algunos meses antes habían estado junto a Bifrost en el Blackbird, y poco a poco, paso a paso, ganando público en Cantabria… un público que, visto lo visto anoche, no se ha enfriado pese a los años de inactividad.
La historia viene de aun más lejos… En el año 2007, nos llegó un sobre con el CD de Man’t; el debut de esta peña. En esos tiempos todavía no estaba todo tan desbordado, así que lo pusimos enseguida en el acuse de recibo del programa… y nos quedamos flipando. En enero de 2008 les entrevistamos por primera vez, y poco a poco comenzamos a forjar esta relación que nos ha traído hasta aquí. Otra noche inolvidable, otra muesca en el revolver.
Por en medio, dos álbumes increibles, The River & the Soul y Dreamers Dreaming, que fue disco del año para la audiencia del programa en 2015. Luego un parón, un accidente de coche, un álbum que se quedó a medias, flotando en el limbo de las cosas por terminar.
Cuando recibí la llamada de Josu, con nuevas canciones, con intención de volver al directo, creo que ambos sabíamos que tenía que ser aquí… y empezamos a trabajar.

Elegimos Octubre porque nos parece un lugar muy especial. Una asociación con el objetivo claro de remover no sólo la cultura si no a la sociedad entera, con unos principios firmes y una forma de funcionar con la que nos vemos muy identificados. Solo el Underground salva al Underground, y si queremos tener sitios en los que poder mostrar nuestra música fuera de la lógica comercial que siempre espera rendimiento económico de vuelta, tenemos que apostar por sacarnos solos las castañas del fuego. Asociarse y apoyarse mutuamente.




Criaturä resultaron unos excepcionales compañeros de viaje. La convivencia fuera del escenario, saber que todo está solucionado antes de preguntar, que nadie va a poner un pero y que todo el mundo va a remar a favor es muy valorable en momentos en los que ya se llega a todos lados con las fuerzas justas.
Además, claro, Malakarma se ha convertido en uno de esos discos que te sabes entero. Primero porque es muy bueno, y segundo, porque no han escatimado a la hora de tocar en directo, y ahora que va todo tan a toda hostia, uno necesita muchos impactos para cogerle cariño a las canciones. Los ha habido.
Están ya en nueva etapa, presentando un par de canciones que grabaron el año pasado, con nuevo videoclip recién estrenado en las redes, y con Javi ya integrado como guitarrista. Nos tenían guardadas un par de sorpresas guiñando a Pearl Jam y a los últimos Alice in Chains que nadie había podido esperar. La noche se puso grunge, y esa base noventera que toda una generación lleva en el corazón hizo de nexo de unión entre las dos propuestas.
Viva el amor (por la música), que para algo estábamos celebrando San Valentín.

La salida de Quaoar al escenario se recibió como se merecía. Que curiosa mezcla de sentimientos. Los que les conocían de cuando entonces y les habían dado por perdidos, la emoción de los que llevaban flipando con ellos años pero nunca habían tenido ocasión de verles, la sorpresa de los que les habían conocido justo ahora, con la onda expansiva de quien escucha hablar de algo legendario que desconocía. Sí, tenemos grupos de primer nivel, que podrían estar girando al lado de cualquiera, y sin embargo seguimos disfrutando en intimidad. Cuando te frotas los ojos y te das cuenta de que es real, empiezas a pensar que los conciertos de estadio son fríos y lejanos.
Octubre hasta arriba, desbordando nuestras expectativas. La gente escucha. Cuando en mitad de la semana de trabajo, al límite de todo te preguntas ¿Para qué? tienes que recordar esta imagen. Por eso, en algún momento de estas movidas hay que darse la vuelta y mirar al público de frente. ¿Para qué? Para esto.




El resto es historia. Historia de la que se narra en los bares, cuando han pasado décadas. Los nuevos temas, más etéreos, llenos de capas que explorar se acoplan a la perfección con los clásicos que ya conocíamos, Go to Momo, Though Guy, Goodbye deja a todo el mundo al borde de las Lágrimas. Alguno ya está haciendo maleta para volver a verles la próxima semana en Bilbao.
Nunca sabremos si habrá mañana. Si una banda conseguirá mantenerse en pie, o si la vida se pondrá en medio. Si habrá más conciertos o más discos… Pero hubo anoche, lo que vivimos existió durante esas horas, y pudimos estar ahí. No es poca cosa.
FOTOS: Adrián Morote




