Hay bandas que envejecen sobreviviendo a su propio nombre. Testament, en cambio, todavía suena como si tuvieran algo que demostrar. Para Bellum, su decimocuarto álbum de estudio y el primero desde Titans Of Creation de 2020, llega con hambre, con mala leche y con una sensación bastante clara de que la banda ha encontrado una nueva descarga de energía en Chris Dovas, batería que aquí no se limita a ocupar un puesto, sino que empuja el disco hacia delante.
El álbum comienza con “For The Love Of Pain” y deja claro que esto no será un paseo nostálgico por el camino tradicional del thrash. Testament mantiene ese sello reconocible —el riff cortante de Eric Peterson, el fraseo elegante de Alex Skolnick y la voz imponente de Chuck Billy—, pero lo envuelven en un sonido más oscuro y áspero, con ráfagas que rozan terrenos blackened, lo cual me encanta, sin perder la pegada clásica de la casa.
“Infanticide A.I.” funciona como uno de los cortes más directos del álbum. Rápida, agresiva y con un tema lírico muy de estos tiempos, pone sobre la mesa esa tensión entre humanidad y tecnología que recorre el álbum. Testament nunca han sido una banda ajena al mundo que les rodea, pero aquí la rabia no suena como un panfleto: suena física. Chuck Billy sigue teniendo una de esas voces que no necesitan adornos para imponerse. Cuando ruge, el tema sube de temperatura; cuando frasea con más control, gana peso dramático.
Lo interesante de Para Bellum es que no se conforma con repetir la fórmula de los últimos discos. Brotherhood Of The Snake tenía una musculatura seca y frontal, muy de riff contra riff; Titans Of Creation apostaba por una producción enorme y una sensación de expansión, aunque en algunos momentos podía parecer demasiado pulido. Aquí, sin renunciar a esa contundencia moderna, Testament recuperan cierta incomodidad. El disco respira más peligro. Hay partes que recuerdan a la fiereza de The Gathering, sobre todo en el modo en que la banda endurece el pulso sin perder definición, pero también aparece esa clase melódica que viene de más atrás, de la escuela de The New Order o Practice What You Preach.
“Shadow People” mantiene el nivel con riffs nerviosos y una estructura muy reconocible para cualquier seguidor de la banda. Está escrito con oficio y con instinto. Esa es una de las virtudes del álbum: Testament no trae la modernidad a la mezcla, simplemente actualizan su violencia. Steve DiGiorgio, por su parte, vuelve a ser mucho más que un bajista escondido bajo las guitarras. Su forma de moverse por debajo de los riffs aporta elasticidad y evita que el disco caiga en la rigidez de cierto thrash contemporáneo demasiado cuadriculado.
El gran punto de ruptura llega con “Meant To Be”. Con sus más de siete minutos y arreglos de cuerda acreditados a Dave Eggar, Chuck Palmer y Xavi Morató, es el corte que más se aparta del estilo del disco hasta este momento tan contundente en su propuesta. Podría haber sido el típico respiro colocado a mitad de disco para bajar revoluciones, pero funciona mejor que eso. Tiene un aire más dramático, casi de balada oscura, y permite a Billy mostrar una faceta menos feroz sin sonar domesticado. No es “Return To Serenity”, ni pretende serlo, pero sí conecta con aquella capacidad que Testament ya habían mostrado en The Ritual: la de abrir espacio melódico sin perder identidad. Sé que existen muchos detractores de la inclusión de un tema como este en un álbum con tanta pegada, pero a mí, que me gusta mucho la melodía, me encanta.
A partir de ahí, Para Bellum sigue alternando pegada y atmósfera. “High Noon” y “Witch Hunt” devuelven el álbum a un terreno con mucha pegada, mientras “Nature Of The Beast” y “Room 117” mantienen esa sensación de amenaza constante. “Havana Syndrome” destaca por el enfoque temático y por encajar bien dentro de un disco obsesionado con el miedo moderno, la manipulación y el deterioro de la realidad. Testament no suenan aquí como una banda mirando fotos viejas de la Bay Area; suenan como músicos veteranos leyendo el presente con la misma mala leche con la que antes miraban al apocalipsis, la guerra o la corrupción.
La producción, con mezcla de Jens Bogren y masterización de Tony Lindgren en Fascination Street Studios, es potente y nítida, quizá demasiado impecable para quienes echen de menos la suciedad de los primeros discos. Pero este no es The Legacy, ni puede serlo. Aquella electricidad juvenil es irrepetible. Lo que sí consigue Para Bellum es algo más difícil: no sonar como una imitación tardía de aquel pasado. Hay guiños al Testament clásico, incluso un sentido de cierre de círculo con ecos de sus inicios, pero el álbum pertenece claramente a la etapa actual de la banda.
El cierre con “Para Bellum” resume bien el carácter del disco: épico sin volverse pomposo, técnico sin olvidarse del cuello del oyente, clásico sin estar momificado. Testament llevan décadas cargando con el tópico de ser “los otros grandes” del thrash americano, pero discos como este recuerdan que su legado no depende de comparaciones externas. Depende de canciones, riffs y una personalidad que sigue siendo reconocible al primer golpe.
Comparado con The Formation Of Damnation, que fue una especie de regreso triunfal a la primera división, Para Bellum no tiene el factor sorpresa. Si lo comparas con Dark Roots Of Earth, resulta menos solemne y más agresivo. Frente a Titans Of Creation, es más death/black metal, tiene más variedad vocal y es un punto más experimental. Y si lo ponemos al lado de The Gathering, quizá no alcance esa oscuridad casi salvaje, pero sí recupera parte de su espíritu extremo sin caer en la copia.
Para Bellum no es una obra perfecta ni el mejor disco de Testament, pero sí es uno de sus trabajos tardíos más convincentes. Tiene rabia, tiene oficio, tiene momentos de riesgo y, sobre todo, tiene vida. A estas alturas, eso vale más que cualquier ejercicio de nostalgia. Para mí, fue el mejor disco del pasado año. Si todavía no lo has escuchado, ¿a qué estás esperando?
Jose Vandunciel
