Nos encontramos frente a frente con el quinto trabajo de Asma, cinco discos en diez años, fieles a su filosofía de no dejar que las canciones se sobrecocinen, una esencia polaroid, que prefiere una foto borrosa que un posado. Siempre a trío, con Almudena y Juan como base y distintos bajistas, que por diferentes circunstancias de la vida han ido saliendo y entrando en la banda.
Grabado en sólo cuatro días, en los estudios Brazil con Javier Ortiz a los mandos. Las capas superpuestas señalan con claridad al principio de los noventa. Maraña de pedales y acoples, sobre estructuras pop y voces sepultadas; slowcore, space rock, noise, drone y krautrock, dicen ellos. La incorporación de Emilio Manso como bajista durante esta etapa les dio también algún barniz postpunk.
La horquilla que se abre entre el final de Palabras y el inicio de Siempre podría servir muy bien para explicar en pocos minutos de qué va esta banda a quien se encuentre con ella por primera vez. Tan pronto evocan a Low como a Mogwai o Sonic Youth.
Muchas veces hemos hablado de la resemantización del término Indie, más cercano ahora al rock de estadio que a sus orígenes en salas pequeñas de paredes sudorosas. Asma es uno de esos grupos que mantiene la esencia de aquello en todos los sentidos; no sólo su música sigue siendo tan ruidosa como melódica, si no que siguen encargándose de todos los aspectos que rodean a una banda, desde los videoclips hasta el arte de la carpeta con un enfoque tan artístico como artesano.
La distribución del vinilo corre a cargo de Repetidor, una colectiva de apoyo mutuo en la que bandas de distintos lugares encuentran un lugar común para darse difusión las unas a las otras, a través de playlists, noticias, redes sociales y agenda de conciertos.
