Este fin de Semana nos dejamos caer por la inauguración de Faro, el nuevo edificio cultural con el que la estirpe Botín continúa su plan de conquista de la Bahía Santanderina. No hay mal que por bien no venga, dicen.
La jornada incluía todo tipo de actividades, entre las que destacaban los conciertos de Repion, Casapalma y el Ensemble de la Escuela Superior de Música Reina Sofía. (#Yonolavote). El impacto fue mayúsculo en la ciudad, ya que una de las arterias principales se cortaba para convertirla en espacio apto para la música en directo, colocando un escenario justo delante del recién reformado arco.
Siempre me resulta curioso como se adaptan los dispositivos para los macroeventos y a veces un concierto pequeño en un bar trae tanto quebradero de cabeza burocrático. A mi me pareció una gozada ver a la ciudad así de invadida por la música y la cultura, pero como te digo una cosa te digo la otra, que me ha dicho el médico que no me puedo guardar todo el vinagre en el cuerpo.
Poner en el centro del escenario a dos formaciones Cántabras tan interesantes, me pareció una declaración de intenciones muy celebrable, ya que sin lugar a dudas podrían haber elegido a quien les diese la gana, y sin embargo, el selector o selectora, decidió partir desde la propia tierra. En el centro de Santander un concierto de bandas de aquí, y convirtiendo así a los Cántabros en actores y no meros espectadores. Además, como pudimos comprobar al día siguiente, dentro del espacio expositivo, hay un lugar reservado a Casapalma y a la Suite de los Riconchos, un proyecto audiovisual en el que Casapalma colaboran con el Colectivo Etnográfico Brañaflor y el realizador Jorge Rojas con el que pretenden investigar y reinterpretar el baile tradicional cántabro.



La música comenzó con el estreno de la Sinfonía colaborativa de Faro a cargo del Ensemble de la Escuela Superior de Música Reina Sofía, una obra que aúna música clásica con instrumentos modernos como la batería o la guitarra eléctrica, y que parece definir la intención de Faro de crear puentes y sinergias entre distintos momentos, movimientos y escenas culturales. Se acompañó con un espectáculo de luces sobre la fachada, que se entendió mejor en el encore, que realizaron al término del día, con la oscuridad que nos proporcionaba la luna llena. También interpretaron Las Cuatro Estaciones de Vivaldi, una propuesta no muy arriesgada, pero acertada, porque agradó a todos los distintos tipos de público que se congregaban a esa hora, fuesen fans de la música clásica o no. Es lo que tiene Vivaldi, que es el rey del pop.
Irene Atienza salió a interpretar con ellos Santander la Marinera, y creo que hubo un nudo de garganta colectivo recordando a Chema Puente.



Justo después empezó la Jorra, primero tímidamente, porque la gente no tenía muy claro si se podía levantar de sus sitios o no, y finalmente con todo el mundo en pie bailando jotas. Si me preguntan Casapalma es de lo mejor que le ha pasado al folk en muchos años. Han sabido surfear en esta ola que suma arreglos electrónicos a las distintas tradiciones, y han montado su propia romería. Las mozucas cantando el Trepeletré con los brazos al aire, algún vieju se frotaba las lágrimas de los ojos. Creo que Casapalma une y celebra. Se llevan el espíritu de Lines Vejo de Rave, con Yoel Molina apretando los graves y haciendo vibrar al mar. La tercera pata imprescindible es Aurelio Vélez, desde la etnógrafía y folklorismo no sólo ayuda a Casapalma en su labor de investigación y reinvención de las Jotas y Montañesas, sino que interpreta sobre el escenario, el toque de pandereta y castañuelas. Los danzantes de Brañaflor son la guinda del concierto, trayendo a tierra el ritmo primero sobre el que Casapalma evolucionan y vuelan.

Hacía varios años que no veía a Repion, muy a mi pesar. Me despisté y me quedé sin entradas para su concierto en la Niagara, estábamos en Bilbao viendo a Destripando la Historia, cuando la última en el ES, todas sus últimas visitas a Cantabria se me han torcido. Mucho han cambiado en este tiempo, y aunque lo sabía y lo esperaba no dejó de alegrarme verlas tan profesionales sobre el escenario.
Basaron el reper en los últimos tiempos, y aunque echamos de menos algún clásico, nos pareció que quedaba todo muy entero, potente y coherente. Al bajo las acompañaba Charlotte Augusteijn de Shego, que ya les ha cubierto alguna que otra baja, y con quienes ya hicieron buenas migas en el Redux de El Día no me Da.
Al empezar el concierto alguien me preguntó por ellas. Había ido a la fiesta de Faro y no conocía a los grupos. Eso me hizo muy consciente de la importancia de estas exposiciones masivas al público. A un concierto de sala te va a ver quién ya se sabe la historia, aquí te cruzas a un montón de curiosos, y puede que te lleves a alguno en la mochila. No me cabe duda de que tanto a Casapalma como a Repion, les queda aun público que conquistar, publico de ese que está ahí detrás de ese cristal tan gordo que separa el underground del mainstream.
En la colección de recuerdos preciosos nos llevamos la colaboración entre Casapalma y Repion interpretando Pajarillo, y con Marina dejando claro que le sobra voz para cantar jotas. También fue muy emotivo el saludo final de las hermanas, de cara a la Bahía y cantando casi a capella el inicio de Barrio Somavilla, emocionadas saludando a un público que las ha visto crecer.

Completamos el fin de semana madrugando el domingo para visitar el interior del edificio. La sensación es buena, la reforma que han hecho aprovecha muy bien el espacio, seguramente se convierta en lugar de paso imprescindible para visitantes recién llegados en Ferry, pero más allá de eso, la cercanía con el Centro Botín puede arreglarnos más de una tarde lluviosa de domingo a los que vivimos aquí.
Una de las principales atracciones en la inauguración es la visita virtual al edificio cuando era un banco. A mi las gafas esas de 3D me marean bastante y no la terminé, pero pretendo volver a intentarlo cuando llegue el invierno, tenía buena pinta. También hay un recorrido histórico sobre la historia del Banco Santander, en una habitación con proyección inmersiva a cuatro paredes. Es un poco publireportaje de autobombo (#omitirintro), pero tiene su interés ver cómo ha ido cambiando la vida en estos últimos ciento setenta años. El montaje es muy chulo, todo hay que decirlo.


En el resto de las plantas nos encontramos exposiciones temáticas. La primera está dedicada a la pintura Méxicana moderna, a través de la colección Gelman (productor de cine de las primeras pelis de Cantinflas, y coleccionista de pinturas de las vanguardias mexicanas. Destacando claro, por su popularidad entre todo el público las de Frida Kahlo.
Me resultó muy interesante verlas en conjunto, con su contexto histórico. También me dejó pensando ver los bocetos que adjunto abajo. Interpelando a la revolución social y terminando en colecciones de multimillonarios. Al final el poder económico siempre juega sus cartas y capitaliza el descontento. Curioso juego de equilibrios.


En los últimos años hemos vivido una fuerte reivindicación de la figura de Leonora Carrington; en la radio hemos hablado de ella a través de la obra de teatro La Novia del Viento, de Ábrego Producciones, y del libro A Través del Temblor de Carlota Fuentevilla.
Hablaba a la entrada con un amigo sobre los distintos enfoques del arte: hay quien sólo se fija en la precisión y maestría en la pincelada, y otros buscamos incluso por encima de eso, un mensaje que nos conmueva. Es el clásico debate de Técnica Vs. Feeling tan manido en el foro entre los fans de los Ramones y los de Dream Theater.
El arte de Leonora es inquietante por si mismo, pero sólo se entiende en su totalidad cuando se comprende en el contexto de su vida. Su huída de la clase alta y las comodidades, sus crisis depresivas, el machismo imperante y la represión de libertad femenina, los agresivos tratamientos psiquiátricos. Parte de su historia y sus cuadernos se escriben en Santander, y Faro exhibe aquí una sensibilidad cercana al lugar donde se ubica, inaugurando precisamente con esta exposición.




Por último en el piso superior se ubica una colección de Obras Maestras de la propia colección del banco. La visita es impresionante por si misma, pero más allá de eso me parece muy interesante el diálogo que han creado al ubicar unas frente a otras.
En el primer hall, nos encontramos, por ejemplo a Rubens enfrente de Tapies. Una de las personas que me acompañaban exclamó ¡Eso sí que es un cuadro! y luego un montón de improperios que prefiero no reproducir.
De una u otra forma, seguramente algo se movió en su interior, y aunque fuese por rechazo visceral, Tapies comenzó a formar parte de su esquema mental. Todos hemos estado ahí, pero si te dejas guiar, abres los ojos y las orejas, al final también aprendes a disfrutar de otras formas de narrar.
Más allá, una chica muy joven preguntaba cual de dos obras era la de El Greco y cual la de Chillida. Muy interesante el disparo a bocajarro, sin aparente orden ni concierto. Siempre mejor desatar preguntas, que ofrecer respuestas.

Terminamos la mañana sentados al sol en la terraza superior. Las vistas son impresionantes. Pedir la bebida con un QR no me gustó. Me gusta hablar con los camareros y preguntarles si la tortilla está poco echa, o si lleva o no cebolla. El Aperol también me gusta, aunque al principio me sabía raro. No me caen muy bien los banqueros. Me gusta que haya museos, y gente que les visita.
