ENTRE PITOS Y FLAUTAS
El título de la crónica bien podía resumir la noche que se vivió el pasado 26 de septiembre en la sala Marearock de Alicante, pero es el nombre que el grupo Khëlleden le ha dado a su último disco y que presentaban ésa noche, pero para hablar de ellos vamos a esperar un poco, así que empecemos.
A bordo del Marearock, fondeados frente a las costas de Alicante a 26 días del mes de septiembre del año 2026.
Si en una travesía de rancho tienes cecina de primero, cecina de segundo y cecina de postre, puede ocurrir que acabes con escorbuto en la lengua y no distingas ni la sal del cuero. O que lo celebres con un trago de ron si eres un auténtico lobo de mar hambriento. Me explico, por mucho que te guste el folk, creo que tres grupos del mismo estilo puede causar un poco de empacho, a parte de jugártela a una carta con el tipo de público que atraes. Yo prefiero ir variando el menú, cuestión de gustos.

Profecía
Tuvieron a bien empezar el desembarco en un escenario decorado para la ocasión. Su propuesta me sorprendió para bien, creo yo que porque era más metal que folk de lo que esperaba, destacando la voz como vigía en el carajo. El abordaje de miembros de otras bandas en el escenario ya iba a ser una avanzadilla de lo que íbamos a presenciar esa noche.
Profecía tiene además un recorrido bastante más largo de lo que pudiera parecer a primera vista, y eso se nota cuando se ponen serios con el metal. Entre unas cosas y otras, fueron dejando el escenario suficientemente caliente como para que los siguientes no tuvieran precisamente que encender la mecha.
Mención especial al último tema, “Bullying”, una canción con mucha fuerza y más sentimiento, que puso un punto final especialmente intenso a su abordaje.

Finnway
Salieron al escenario como cañón suelto por cubierta (venga, paro ya), y como el público ya había calentado no les costó mucho seguir la fiesta ni animarse a remar un rato.
Finnway se mueve en ese terreno de folk rock de los bajos fondos, con ese punto de taberna, truhanes y canciones que parecen pedir a gritos una jarra encima de la mesa. Y en directo la cosa funciona especialmente bien, porque tienen ese equilibrio entre el rock, el metal y el folk que hace que sea complicado quedarse quieto demasiado tiempo.
Gran parte del peso del impacto visual se lo lleva la violinista, Sara Ember, que para situaros un poco es la que lleva actualmente Ñu y que también ha colaborado con Celtian, entre otros proyectos. El violín, además de aportar ese toque folk tan reconocible, se convierte prácticamente en otro protagonista del escenario.
Aquí es cuando la tarima empieza a escorar debido al continuo ir y venir de miembros de las bandas compañeras de batalla, ya que de babor a estribor no cabían ya más grumetes (de verdad que ya paro).
Y si algo quedó claro es que aquella noche las colaboraciones no iban a ser una excepción, sino prácticamente parte del abordaje.

Khëlleden
La velada iba tocando a su fin y la sala estaba empezando a llenarse hasta la bandera, con lo que salieron los locales, que presentaban su nuevo álbum “Entre pitos y flautas”, y la verdad es que la gente respondió.
Era además una noche especial para ellos, jugando en casa y presentando un disco que lleva un paso más allá su propuesta de folk metal, con los vientos teniendo todavía más protagonismo. Así que, tal vez sea que es complicado sonorizar a tanta gente, o que mis oídos ya estaban un poco saturados de violines y flautas, pero a mí me sonaron algo flojos al principio, cosa que se solucionó mientras íbamos navegando a buen puerto.
Y si algo tienen Khëlleden es que saben convertir un concierto en una taberna con amplificación. Poco a poco aquello fue cogiendo forma, la gente respondió y el barco empezó a navegar con bastante más viento en las velas.
La noche no podía finalizar sin el tradicional reparto de cazalla (a falta de Grog), aunque esta vez nos lo sirvió una grácil bailarina en tutú.
Como punto final, el escenario se abarrotó hasta las falcas, con miembros de Hadadanza, de los anteriores grupos e incluso Jose de Lándevir. A estas alturas aquello ya no era un escenario, era directamente la cubierta de un barco abordado por toda la tripulación.
Y así terminó la travesía: entre folk, metal, violines, flautas, colaboraciones, cazalla y una cantidad de grumetes bastante superior a la recomendada por cualquier autoridad marítima.




Texto y Video: AnHellDePolop
Fotos: Jose Sanchez “Chimpa”
