Se acaba el verano, pero todavía hay coletazos de eventos y fiestas chulas promovidos por el skater Darío Rey junto a Naiara Canel y con el apoyo del ayuntamiento de nuestra magna y fiestera ciudad. Apenas hace una semana que acabó la patrona, pero el skatepark nuevo (reubicado por la construcción de la vía del tren accesoria y temporal, pero bueno) lleva ya un tiempo funcionando y tocaba inaugurarlo. Además, había una colaboración especial: la barra corría a cargo de la protectora Gatucos Torrelavega y lo recaudado servirá para rescatar más animalitos en peligro. Puede que por eso estuviera por allí ayudando el concejal de bienestar animal, que no se si tiene también la cartera de festejos, se pegó un buen idem, eso seguro (yo pienso que a los políticos hay que atizarles cuando lo hacen mal, pero si lo hacen bien también se puede decir).

El festival empezaba a las 11 y el día acompañó en lo meteorológico de principio a fin. Yo llegué para los conciertos, que para algo esto es un portal de música y esto una crónica de conciertos, y me perdí las exhibiciones y concursos de patinaje. Tampoco habría sabido qué comentar al respecto, vi que estaban todos enteritos sin mucho rasguño y farmeando bastante aura en la entrega de premios, pero ya para empezar creo que lo de “patinaje” podrá chirriar… Por eso os dejo como testimonio de la parte skater las fotos que pude sacar a los chavales que saltaron a la bañera después.




Los conciertos se llevaron a cabo en el parking del pabellón, el ambiente era muy relajado: había gente por todos lados bebiendo y pasándoselo bien (antes de que instalasen la barra allí, para pesar de los gatitos), coches entrando y saliendo para descargar amplis y cabezales… pero todo muy tranquilo, quizás demasiado, que con las pruebas de sonido aquello empezó unos 50 minutos tarde. Y es aquí donde en lugar de criticar, porque entiendo que los técnicos no son los que arman el 360º de Metallica, ni falta que hace, voy a excusarme y justificar que mis palabras no vayan a ser todo lo fundadas que deberían, pues al haberme levantado pronto esa mañana y al tener un perrete al que pasear y dar de cenar, no me fue posible quedarme a ver todos los conciertos al completo. Contaré mis impresiones generales de lo que vi y, si resulta que en el rato que no estuve pasó algo super reseñable como que bajase un ovni, sintiéndolo mucho se va a quedar sin reseñar. Disclaimer: creo que eso en concreto no pasó.

Dejemos de lado mis problemáticas y vamos a hablar de los conciertos. Los primeros en subir al escenario bajo los plátanos (que ya no daban sombra porque se estaba haciendo de noche) fueron los TIFER. Y no es que sean unos novatillos, supongo que es por ser de la zona más occidental de la región y pudiesen recogerse a tiempo. De hecho, todo lo contrario, pues anunciaron que aquel estaba siendo su penúltimo concierto y ya lo dejaban como banda, para disgusto del público. Y no es de extrañar porque tras más de 20 años de andadura, ha sido recientemente que han sacado su disco “Odio”. A dicho público lo noté muy entregado desde en primer acorde, y muy involucrado y animando constantemente. La propuesta que tienen es un hardcore bien compacto (no en valde llevan tanto tiempo tocando) con toques de guitarras afiladas y voces muy brutas. También como buena banda de punk, hardcore o derivados, tienen un mensaje contundente que lanzar y saben cómo hacerlo directo a la yugular. Así que, si podéis, no os perdáis su último bolo que será en Luey el 7 de noviembre.



A continuación, tras el cambio de equipo y las pertinentes pruebas (que ya he mencionado suficientemente que cortaban un poco el rollo), subieron a tocar los One More Pill. Yo los había rebautizado por chat (y por error) como One Pills, en homenaje a cierto pirata de goma, y no andaba del todo desencaminado: y es que su propuesta, si queremos ahondar en un origen parecido al de la banda anterior y decimos que vienen de la rabia del punk, ellos han tirado más por una manera de expresarlo menos to the face como se interpretó en su día por aquí por la cornisa, y más melódica con tintes cercanos al emo o al pop (como quiero pensar que derivó la temática en otras regiones). Ojo que eso no quiere decir que sea una música happyflower ni que no estén igual de rabiosos; también derrochan energía y actitud por los cuatro costados.
Es una banda de reciente creación y por eso están aún tomando rodaje y sinergias juntos. Cada uno de ellos es un musicazo y a alguno ya lo conocemos de otras bandas de la escena, como el cantante que también está en Cat A Punch. Todo esto también implica que el set tiene bastantes covers, pero muy bien seleccionadas he de decir, como el “99 Red Ballons” de Goldfinger pero que en realidad es de Nena. A estos seguro que habrá un montón de oportunidades de verles en más conciertos y cómo vayan creciendo a base de dar la matraca.




Aquí es donde hice mi mutis por el foro (creo) y desaparecí discretamente para atender a mi can. Volví a tiempo para presenciar el siguiente acto, los blackers de Triskelion. Y digo presenciar el acto porque lo que vi iba más allá de lo musical. Ya me pasó otra aproximación al black (que no es mi género más predilecto) cuando estuve viendo a Witch Club Satan en Bilbao, ambas bandas saben llevar esa liturgia anticristiana hasta una especie de performance que en realidad tiene mucho de actitud y de lo que transmite la lírica y la estética tan de aquella Noruega de los 90s.




Gran parte de la culpa la tiene el cantante con su particular manera de interpretar, llegando incluso a la mímica o al menos era muy gestual mientras de sus labios no salían gritos. De fondo y secundándole las guitarras con sus semicorcheas atresilladas características y la batería con mucho blast beat como es debido. Es peculiar también la aproximación al género al mostrar sus letras en castellano, hablando de muerte y anti religión, odio y putrefacción con unos recursos que, si consigues rescatar de debajo de capas de sonido, directamente te hielan el alma. Todo esto ya nos lo contaron en la radio el año pasado y ahora puedo dar fé de lo que decían.



Por último y para cerrar vendría un plato bien fuerte, los ya bastante afamados Wet Cactus. Y eso se dejó notar en el público, que desde minutos antes de que empezasen ya atestaban el parking desde el escenario hasta bien atrás. Es este un detalle que me gustó ver y vosotros también podéis ver en el vídeo: la gente estaba meneando la cabeza a los pies de los músicos como en pocas ocasiones se ve ya, y sin que el frontman tuviera que pedirlo ni decir que no mordían. Musicalmente son un cañón, yo hacía muchos años que los había visto y creo que han sabido llevar su trayectoria muy inteligentemente. Quizás empezaron más encasillados en el stoner/doom pero yo por lo que vi aquella noche les pondría una etiqueta de ROCK, así con mayúsculas. Y un rock con mucho estilo y unos arreglos y una sonoridad muy depurados, por avatares del destino el tema que grabé muestra algo de lo que será su próximo lanzamiento, y pone los dientes muy largos. Destacaré la manera de cantar y tocar el bajo del cantante (y bajista) que sin dárselas de interesante, sí que hace cosas meritorias. Y además entre todos saben transmitir muy buen rollo y eso la gente lo agradece.
Fue un bolo sin fisuras. Yo me di por satisfecho, les pillé algo en el merchan, consumí un poco en barra y me retiré por segunda y definitiva vez. Si lo tengo que calificar en mateítos, le pondre 0’83. No estaba yo muy entero para disfrutar de la noche (fallo mío, eh) y me faltó grito de guerra por los gatetes como ya instauraron en su día los Murdeity.

Texto, fotos y vídeos: Mateo
