El día que me enteré de que La Burla (de Torrelavega), volvían al directo para celebrar su cuarenta aniversario, fue el mismo que anunciamos nuestra fiesta San Valentín con Quaoar y Criaturä. Cuando uno monta un concierto, lo prepara con meses de antelación y es imposible saber con qué vas a coincidir. Mi amigo Manolo Rockcity me pasó el cartel y me eché las manos a la cabeza, joder, yo quería ver a La Burla, y resulta que voy y monto un concierto el mismo puto día.
Por fortuna para mi, el SOLD OUT fue tan inminente que decidieron añadir otra fecha el día antes. También vendida por completo antes de que las entradas llegasen a ponerse al público, por cierto. De hecho, si conseguí poder estar ahí, fue gracias a que mi amigo Luisja se encargó de reservarnos un sitio.

Describir a alguien que no sea de Torrelavega y que no sea de mi generación (o incluso mejor, de la anterior a la mía) lo que significa LA BURLA es un poco complejo, porque es una de esas bandas que ha marcado una época y un lugar. Lo intentaré desde mi punto de vista, porque creo que es lo más sincero. Desde el punto de vista del niño que tiene entre sus primeras imágenes de Rock and Roll a LA BURLA en la plaza mayor de Torrelavega, gritando con el público “Wilma – Ábreme la puerta, se que estás con otro, hace mucho frío, se me caen los mocos.” – Una de esas cantinelas que luego repites de crío durante meses, sin saber muy bien qué significan. No tengo muy claro, si aquel fue mi primer concierto, o si fue el de Sangre Azul en el Super Uno de la Ser, o si ambos fueron el mismo, pero si sé que hace mucho tiempo… treinta y… cinco? Puede que más.


También se me viene a la cabeza aquel del Centro Andaluz, unos pocos años después. Entre mis primerísimos de bandas locales, a los que iba yo solo porque mis amigos no querían acompañarme. Para que os hagáis una idea de lo que significa todo esto… cuando salió el Molestando a los Vecinos, se lo estaban dedicando a mis vecinos. Porque La Burla ensayaban debajo de mi casa, justo detrás de donde yo jugaba, y un día uno de ellos les tiró un pedrusco desde el balcón que casi provoca una desgracia. Recuerdo escuchárselo contar en la radio, creo que en Rock Siete, mucho antes de que yo empezase con esto…
Así que imagínate. La Burla están en nuestro ADN. Yo te cuento estas historias, pero cualquiera allí podría contarte otras, de cómo y por qué La Burla le enseñaron a amar el Rock and Roll. Eran la banda de nuestra ciudad, y hasta salían en la tele con María Teresa Campos. Flipas.

Os juro que hacía tiempo que no estaba tan nervioso y emocionado antes de un concierto. Creo que ellos también, aunque hayan seguido en distintas formas vinculados con la música, esto era muy especial. Desde mi sitio se veía el backstage y el tembleque de piernas de Luisja. Ahí salen, y tardan como cuatro segundos en estar ya arriba del todo, sonando como siempre sonó La Burla, no era nostalgia, no lo recordábamos mal, vale, eran buenísimos y siguen siéndolo. Fíjate todo lo que te he contado… y si no supiese nada, y me hubiesen llevado a ciegas a un concierto de esa banda, también hubiese flipado. Qué sonido, qué temazos!
Al fin nos sacamos la espina de que su concierto de despedida fuese en La Porticada de Santander; Torrelavega despierta y recupera el fuelle que nunca debió perder. El New Moon saca pecho y empieza a posicionarse como una sala de referencia. Miro la foto de Iñaki en el bombo y pienso en lo contento que hubiese estado de haberlo visto. Todo se desborda. Jaleo.
A partir de ahí la historia es para vivirla y no para contarla. Una por una, todas imprescindibles, y faltaron otras tantas. En elipsis me planto en el final, y os cuento que salí con el Made in Cantabria bajo el brazo, y una sonrisa que tardará días en borrarse, porque ese disco en concreto lo miré mil veces en el Ave Turuta, y nunca conseguía acabar la noche con dinero suficiente como para comprarlo.
Ahora sí.

