Para completar la semana concertera que empezó con el prog de Psychic Equalizer, continuó con el reggae de Upyard y Mountain Tops, ¿qué mejor que folk rock como el de los clasiquérrimos Ñu? Para este bolo hizo falta más empeño y logística, pero al final todo se redujo a tener el depósito del coche lleno y anotado en el maps la ruta a Sorotza. Yo iba con unas ganas fuera de lo normal, siendo esta mi primera vez viéndoles (no han venido demasiado por el norte últimamente) y por lo miuiquísimos que son en esto de mezclar rock e instrumentos clásicos como la flauta o el violín.


Cabía la duda, dentro de todo lo que estaba planificada la noche, de a qué hora iba a empezar. En el cartel ponía un 20.00h acompañado de un vocablo en euskera, pero ni siquiera los lugareños sabían si eso significaba «puertas» o «concierto». Por si acaso, yo me planté delante de la ya conocida Faktoria a menos algo. Pasó la citada hora y se seguía oyendo música de la prueba desde dentro, la noche ya era cerrada y se ve que por aquellas latitudes refresca más, con lo que apetecía entrar de una vez por todas al calorcito del recinto. Por fin empezamos a ingresar, y una vez dentro nos tuvieron escuchando un mix de canciones setenteras con demasiado Ñu para mi gusto, no había necesidad de contrastar los audios del disco con el directo. Y aquello se prolongó hasta pasadas las 21h que empezó el «concierto».



La salida al escenario fue un poco fría (y en general toda la velada, por parte de la gente) y solo se empezó a aplaudir de verdad al salir Molina. Cabe dentro de lo esperable al llevar la banda mucho tiempo sin pisar estos/esos lares, y que el público no era quizás el más habitual de la sala. El susodicho cantante, flautista, guitarrista e incluso para dos canciones pianista, encarna la esencia del grupo y lleva a realidad una lírica bastante particular. Yo le esperaba más soberbio y crecidito, pero se ve que ese personaje pertenece más bien a los enterrados años 70s. De hecho, me pareció que tenía un talante muy simpático y además hacía una cosa que me gusta mucho de ver en directo: al hablar lo hacía pausado y en un tono bajito, que incluso había gente que no se enteraba de lo que decía, pero quienes queríamos escucharle sí.
A parte de interlocuciones muy acertadas y referencias a músicos de la talla de Ian Anderson o Rosendo Mercado, la noche estuvo plagada de estupendos temas. Algunos más demandados y aceptados, y otros más selectos y para paladar fino. También hubo ocasión para un dúo infernal de violín a lo Pagani y guitarra a lo «inserte nombre de guitarrista virtuoso», momentos de corear a pleno pulmón toda la sala, saltar y bailar (esto último en su justa medida). Sonaron temas que a mí me trasladaron a mi primera época descubriendo al grupo y siendo brutalmente sorprendido por la mixtura de sonidos alli vertidos. Yo lo hice con un compilatorio en CD del año 2000 que vaya usté a saber qué hacía en mi casa, pero se ve que pudo plantar en mi una semillita que esta noche que relato vio las hojas de su gran árbol tintinear de alegría al ritmo de flautas, violones, pianos, guitarras, bombos, timbales, platillos,…ah ¡y no nos olvidemos del bajo!
Por todo este mix de emociones y con gran satisfacción lo voy a calificar con….venga, 2000 mateítos.
Texto, fotos y vídeo: Mateo
