Con los tiempos marcados por la crispación que nos está tocando sufrir, quiero pensar que lo que vivimos unos pocos afortunados el martes en el Rock Beer The New de Santander puede significar un pequeño oasis de paz, tolerancia y hermanamiento entre pueblos. Puede que me digáis que el hecho de que una banda peruana de heavy metal clásico cruce el charco y se patee el viejo continente haciendo disfrutar a los metaleros de tantos lugares distintos no tiene tanto mérito, quizás si fuese una banda marroquí o subsahariana sería más obvio. El caso es que a mí al menos me da esperanza presenciar estos pequeños reductos de normalidad, al fin y al cabo, y me dan seguridad en pensar que compartimos no solo gustos musicales, sino, más a valorar, unos estándares de humanidad que los borjamaris y demás tribus urbanas y no urbanas no pueden llegar ni a soñar, y seguramente ni a concebir.
Voy a dejar aquí las proclamas y voy a empezar lo que es el relato en sí. Siendo entre semana, en unos días bisagra entre las añoradas vacaciones y la vuelta a la rutina del curso, curro o lo que sea que haga la peña, fuimos poquitos los que acudimos a la llamada de la Ira Peruana. Esto no llegó a desalentar a los amigos transatlánticos que, por ir adelantando temas, se marcaron un señor bolazo. Empezaron, eso sí, bastante tarde sobre la hora prevista, pero así al menos pude cenar algo y no tener que dejarlo para más tarde que el miércoles tocará madrugar otra vez.

El ambiente en el New era super entrañable, estábamos ciertamente en familia. Juan dirigiendo la prueba de sonido con la perrita en el regazo; Lucy atendiendo en la barra con todo su amor; el público asistente charlando de sus cosas tan amenamente; y ellos sin aparentar apenas nervios por subir a tocar. Blizzard Hunter es una banda con ya bastantes años de recorrido, no en vano llevan publicados 3 EPs y acaban de sacar su tercer larga duración. La formación actual, con Sebastián asumiendo voz y bajo, es más reciente, poco más de un año y de hecho desde pocas semanas antes de su anterior parada en nuestro país. Y es que sorprendentemente, y también por méritos propios y porque se lo han currado un montón, esta es su segunda gira consecutiva de tamaña envergadura por Europa. El año pasado se presentaron a la parroquia cántabra junto a Soulbane. Y cualquiera que sepa un poco lo que se mueve para tocar tan solo un concierto, se hará a la idea de lo complejo que puede ser eso para una banda proveniente de tan lejos.




Una vez sobre el escenario todo eso parece importar menos, son ellos frente a nosotros tratando de dar un buen show que recordemos por tiempo. Arrancaron con Blessings from hell, del nuevo disco. Una descarga de poder que dio muestra de lo que íbamos a presenciar allí. A continuación, y siguiendo el orden del disco, Blasting out, la máquina ya era imparable. Luego, también de su tercer trabajo, Forever the road, un tema muy bien construido en el que han volcado su visión de lo que significa para ellos estar de gira. Y lo interpretaron a la perfección. Este bloque terminaría su repaso al nuevo disco, o eso pensaban ellos, con Fueled by rage.
El siguiente bloque empezó como empieza su primer disco, el aclamado “Heavy Metal to the Vein”, con la instrumental Conqueror of Destiny y I’m on my way. Después se intercambiaron los papeles, pasando Sebastián a la batería, este al bajo, y dejando Lucho la guitarra por la voz, y se marcaron dos covers clásicas de Venom primero y de los Judas más tarde. Es un momento divertido y que anima a cantar a todos los asistentes, puño en alto, “Breaking the law, breaking the law”.



El último bloque consistiría en The King of Raging Steel, de uno de sus EPs, y su ya afamada Heavy Metal to the Vein, con la que también gritamos todos y meneamos los puños bien alto. Y llegó aquí mi momento favorito, y es que nunca me han hecho caso cuando pido un tema, ni siquiera los DJs, pero yo hice mi esfuerzo y con todo lo que me daban los pulmones grité: “IRA PERUANA”. Mis plegarias fueron, primero compartidas, por más amigos que no querían que el concierto acabase aún, y luego escuchadas. Y la noche terminó con la versión en castellano del Peruvian Attack, himno potente que refleja la lucha del pueblo (Imperio, de hecho) peruano frente al invasor, español en este particular capítulo de la historia. Es un señor temarrio, lleno de epicidad por todos lados, no voy a ser capaz de reflejarlo bien aquí con palabras, así que os insto a darle una escucha, os garantizo que no será la única y os engancharéis tanto como yo.
Le voy a dar a la velada 1533 mateítos, ya que es el año que se acabó el Imperio incaico y dio comienzo la nueva era, digamos distinta, para Sudamérica. ¿Quién iba a pensar que tantos años después íbamos a estar cantando por esas muertes? Como si no tuviésemos bastante con las nuestras, en fin, FIN.

Texto, fotos y vídeo: Mateo
