Dicen que todo comenzó el día que Ray Charles le puso una letra de amor al espiritual “It Must Be Jesus” y rompió para siempre la línea que separa lo sagrado de lo profano, llevando la música de los altares a las tabernas. Como todas las grandes historias, es cierta solo en parte; si se rebusca, se pueden encontrar más ejemplos contemporáneos, e incluso previos. Nada sucede de la noche a la mañana (¿te acuerdas cuando hablábamos de Rosetta?). Sin embargo, nadie es capaz de discutir la importancia de Ray, y de ese tema en concreto, como piedra fundacional del soul, y por tanto, indispensable de revisar también en la historia del rock. A lo que vamos…
Ciego desde los siete. Prodigio infantil en el piano clásico, tanto que fue aceptado en una escuela para ciegos y sordos que no aceptaba negros. Enseguida se interesó por el jazz y el blues, demostrando grandes dotes como cantante e instrumentista, también de trombón y saxo. Quien no conozca la historia puede tener un primer acercamiento revisando el biopic que le dedicó Taylor Hackford hace algo más de veinte años. Si nunca has entrado en la música de Ray Charles, a lo mejor saber que Frank Sinatra se refería a él como “el único verdadero genio del mundo del espectáculo” debería animarte a darle un tiento.
La discografía de Ray Charles consta, según Wikipedia, de 62 álbumes de estudio, 7 discos en directo, 39 recopilaciones y 127 singles. Algunos tan reseñables como What’d I Say, The Genius Sings the Blues, Yes Indeed!, The Genius of Ray Charles o Ray Charles at Newport. Pero como hay que empezar por algún sitio, qué mejor que hacerlo por el inicio, cuando en 1957 reúne en su primer LP los singles en 45″ y 78″ que había ido editando desde 1953. Once de los catorce habían estado en el top diez de las listas de R&B, así que más que un LP, estaríamos hablando de un primer grandes éxitos, ya que ninguna canción fue compuesta y grabada expresamente para este lanzamiento.
Solo por el contexto histórico, y teniendo en cuenta que se suele señalar 1954 como el año de nacimiento del rock and roll, podemos hacernos a la idea de la capital importancia de estas canciones. Para que me entiendas sin dar muchas más vueltas puedes escuchar la interpretación de Ray de “Mess Around”, y en pocos segundos te darás cuenta de lo cerca que estaba ya el sonido del Rock and Roll, en 1953. La canción por cierto fue compuesta por Ahmet Ertegun, confundador de Atlantic, pero basada en el estilo Stride / Ragtime del pianista de Jazz Pete Johnson y con un riff principal al que se le sigue la pista en distintas versiones hasta los años veinte). El saltarín y desenfadado tema, hacía las delicias de las parejas que bailaban Jive… y es que como todo el mundo sabe el Rock and Roll empezó bailando alrededor de un reloj, pero en lo que no todo el mundo conoce es que el mítico tema de de Bill Halley & the Comets, que se suele mencionar como pistoletazo de salida del Rock and Roll, fue originalmente escrita en 1952, si tiras del hilo siempre puedes buscar la semilla un poco antes.
Para hablar de la influencia directa de Ray sobre otros artistas nos va a bastar con poner un par de ejemplos o tres; John Lennon era confeso admirador de Ray, y The Beatles interpretaban frecuentemente una versión de What’d I Say en sus conciertos de Hamburgo. También Elvis grabó ese tema en los sesenta, y bien conocida es su versión de I Got a Woman en su mítico álbum del ’56. Por su parte Keith Richards ha dicho en alguna ocasión que The Genius Sings the Blues fue uno de los discos que cambió su vida, y puedes intuir el fraseo de Ray y su manera de narrar historias en algunas líneas vocales de Mick Jagger… Podríamos seguir, pero la lista sería interminable.
Si bien los discos más añejos de blues que hemos analizado en esta sección se caracterizan por su desnudez —a guitarra o piano—, aquí ya estamos en otro momento histórico, tras la electrificación en Chicago. Bajo la influencia de Louis Jordan o Nat King Cole, en las canciones de Charles podemos encontrar arreglos de vientos y coros femeninos, que concretan a las big bands en formatos más reducidos. La producción corrió a cargo de Jerry Wexler, otro nombre indispensable en la historia del rhythm and blues, e intrínsecamente unido al sello Atlantic.
Su figura también fue muy importante a la hora de romper las barreras entre la música de blancos y negros, y por tanto, en la adquisición de derechos civiles. Su imagen, siempre trajeada e impecable, se unió a la de tantos otros músicos negros de origen humilde que hicieron carrera de éxito en el jazz y exigían respeto y dignidad. Teniendo en cuenta que nació en 1930 en Albany, Georgia (al sur de EE. UU.), donde los negros eran segregados y tratados como escoria, no es difícil entender que alcanzar la popularidad con sus canciones va mucho más allá de un logro puramente musical. De hecho fue uno de los primeros artistas negros en tener control total sobre su carrera, con todo lo que ello implica.
La colorida portada es parte de una serie coleccionable que incluye también discos de LaVern Baker, Clyde McPhatter and The Drifters, Ivory Joe Hunter, Ruth Brown y Joe Turner, con idéntico formato. En 1962 fue reeditado como I Love Her So! y ese título ha servido para posteriores reediciones que incluyen algún bonus. El álbum es el mismo, pero en 2003 se le dio un buen lavado de cara al sonido que mejora sensiblemente la calidad de la escucha para aquellos que no están acostumbrados a las producciones añejas.
Pero todo lo dicho arriba no es más que contexto: lo importante son las canciones. Aunque era muy habitual en la época interpretar composiciones de otros artistas, más de la mitad del álbum es de su propia autoría. Estamos hablando de un disco que contiene “Drown in My Own Tears”, “Come Back Baby”, “Hallelujah I Love Her So”, “This Little Girl of Mine”, por supuesto la citada “I Got a Woman”.
Estas son solo las primeras joyas de una carrera con más de 10.000 conciertos y 13 Grammys. Los temas menos conocidos, como “Losing Hand” o “Sinner’s Prayer”, son igualmente buenos, pero es que es harto difícil encontrar canciones mediocres en su repertorio.
Oskar Sánchez
