El rock and roll que este milenio se merece no es sólo rock and roll. A veces hay que crear contra el zeitgeist que te ha tocado vivir. Incluso cuando el resto crean que vas contracorriente, la realidad constata que estás más cerca del futuro de lo que creía la otredad.
Después de la belleza remitente a Lauren Canyon de Bravado, The Mañana Culture regresan con Overdrive, cuyo título explica en inglés un concepto de distorsión, contenido brioso, lleno de riffs cortantes y letras que se quedan en el subconsciente colectivo, rememoraciones eternas. Obsesivo y sugestivo, Overdrive no es una obra cualquiera.
A pesar de que en la fase primigenia la composición recae musicalmente en el guitarrista Samuel Peñas y las letras y melodías en el cantante Andrew McAffer, no es un grupo de dos personas, sino de cinco. El percusionista Miguel Benito, el teclista además de pianista Nacho Cowabunga y el bajista Carlos A. Gutiérrez, son clave para que la banda funcione. Añaden matices, sugieren cambios, estimulan y hacen crecer el todo. Y eso se puede escuchar en el resultado final. No es sólo rock and roll, es una vuelta al género, un desafío que la banda se ha planteado a sí misma y que, tras salir victoriosa, ahora le plantean al oyente.
Te hacen caminar por una travesía sensorial, un viaje de ida y vuelta en el que no vuelves a ser el mismo. Hay pequeños pistas sonoras que se repiten con variaciones. Recordatorios de dónde estás, hacia dónde te diriges, dónde has acabado. Las coordenadas remiten a un sincretismo entre Soundgarden, Nine Inch Nails, Pearl Jam, Depeche Mode. Aún así, hay más, bastante más de lo que a una primera escucha se intuye, porque esto no es sólo rock and roll. Y es que cada inmersión es un nuevo viaje con un final que puede interpretarse ambiguo: sólo el melómano, y a nivel particular, es decir, en el colectivo de varias personas, decide cerrado o abierto.
Igual que en las grandes obras, en la interpretación se cae en un estado de conciencia diferente. Entre el caos de la ciudad, los resquicios espirituales que quedan o estímulos creados para entretenernos. Overdrive es un cuestionamiento.
Álbum hipnótico, algunos perseguirán sus sonidos como al flautista de Hamelín, tal es su poder de seducción. A diferencia del mito alemán, el grupo no te secuestra, sino que te hará ser aún más consciente de tu humanidad. Porque esto va de lo eléctrico y lo terrenal.
En cada canción las letras te remiten a distintos referentes culturales. Las sombras de Philip K. Dick, Andy Warhol, Mark Lanegan, entre otros, desvelan a un letrista, Andrew McAffer, que no permite que te quedes en lo epidérmico. La batería rotunda de Pete, las distorsiones de Samuel las líneas rítmicas de Carlos, los sintetizadores o pianos exquisitos de Nacho, hacen que con la suma de un intérprete con fraseo único, letrista superlativo,
