Encaro JAILBREAK no tanto como el análisis aislado de un disco de rock, sino como el reflejo del momento exacto en que una banda finalmente despega. Es el inicio de una trilogía impecable de álbumes de estudio que culminaría en el directo que los convirtió en leyendas. Hasta entonces, un éxito moderado en un ámbito relativamente reducido y una capa de cierta indiferencia marcaban el paso de una banda que se encontraba en un momento crítico. Desde Vertigo Records se les vino a decir, prácticamente, “ahora o nunca”. Por suerte, esa presión terminó empujándolos en la dirección adecuada para parir un disco para la historia, obligándolos a ser especialmente concienzudos a la hora de reescribir, pulir estructuras, refinar el sonido de las twin guitars y mimar unas letras para que todo encajase a la perfección.
Si LIVE AND DANGEROUS nos daría más tarde una versión hipervitaminada de THIN LIZZY —mostrándonos un alarde energético con pocos momentos para el reposo—, el verdadero valor que le doy a JAILBREAK (además de ser la chispa generadora de todo lo que vino después) es que nos muestra de forma claramente diferenciada las dos vertientes de la banda. Aquí supieron compaginar su lado más aguerrido con otro lado mucho más romántico y delicado. LYNOTT quería ser el tipo duro definitivo que, al mismo tiempo, buscaba la sensibilidad del poeta. Esta dualidad que siempre llevó encima, con todas las contradicciones que lo acompañaron, se hizo permeable en la forma de componer de la banda. Aquí reside para mí el gran triunfo de JAILBREAK: en su capacidad de sonar igual de honesto y creíble en ambas facetas.
Si pensamos en los grandes hits de este trabajo, es obligatorio empezar hablando de THE BOYS ARE BACK IN TOWN. Como ocurre tantas veces, el destino fue caprichoso: de los quince temas que llegaron a construir (dejando finalmente diez), éste inicialmente se iba a quedar fuera. Solo la insistencia del entorno del grupo consiguió que entrara, y el pelotazo fue brutal. Un par de DJs en Estados Unidos comenzaron a pincharlo con insistencia y corrió como la pólvora. En él se pueden distinguir innumerables capas de guitarra; el proceso de refinado fue tan laborioso que los miembros aún recordaban cómo fueron mutando las versiones previas (“Here in Dallas”, “G.I. Joe is Back” o “The Kid is Back”) hasta convertirse en el himno eterno que es hoy.
Siendo este el auténtico éxito indiscutible, yo coloco muy cerca el tema inicial JAILBREAK. Aunque no he encontrado declaraciones directas de la banda, siempre la he visto como una evolución de la versión de ROSALIE que hicieron en su disco anterior; me inclina a pensar que ahí encontraron la pista a seguir para sonar más agresivos, algo que perseguían y no terminaban de conseguir. Como arranque de álbum, me parece insuperable.
Por otro lado, existe un reverso menos conocido en el LP, pero muy reivindicable, que manifiesta la enorme versatilidad del grupo. Ahí brilla ANGEL FROM THE COAST, que evoca a temas de sus trabajos anteriores pero con un acabado mucho más logrado. Le siguen las peculiares RUNNING BACK, de la que Brian Robertson siempre renegó por sus arreglos y sonido de guitarras, y ROMEO AND THE LONELY GIRL, poseedora de un solo de guitarra sencillo pero tan musical que se te queda grabado y lo tarareas por completo hasta que se solapa con el estribillo. La posición de ambas canciones al comienzo del disco da una pista de que la banda las veía con un gran potencial comercial, aunque luego las cosas irán por otro lado.
La segunda mitad del vinilo está regada por grandes tótems de LIVE AND DANGEROUS. Temas enormes como WARRIORS, COWBOY SONG o EMERALD (menudo cierre más épico) elevan el álbum a la categoría de clásico absoluto a través de las historias narradas por Lynott sobre el salvaje oeste, sus raíces irlandesas o héroes fantásticos. Si antes hablábamos de la habilidad de la banda para golpear duro y mostrar sensibilidad a la vez, en COWBOY SONG consiguen meter ambos mundos en la misma canción de una forma inolvidable. Mención especial para FIGHT OR FALL, que creo que es la canción más bonita que escribieron nunca. Tiene un sonido de guitarras muy hermoso y un alegato al brotherhood que culmina en una arenga final (alargada hasta la extenuación en una versión inicial extendida). Tiene algo que me toca la patata.
Esa música de Lynott que mezclaba la crudeza callejera con la fantasía fue plasmada visualmente de forma magistral por JIM FITZPATRICK, creando una de las portadas más icónicas del rock. Inspirado por la estética de los cómics de superhéroes y la ciencia ficción de los 70, colocó a la banda dentro de una pantalla de la que intentan escapar. Al abrir el vinilo original, el hueco de la pantalla en realidad está perforado y en la ilustración interior podemos ver a los cuatro miembros (ahora sí) huyendo de un ataque urbano de naves al más puro estilo de La Guerra de los Mundos (curiosamente, poco tiempo después, Lynott colaboraría en la mítica versión musical de Jeff Wayne).
Al final, JAILBREAK fue mucho más que el disco que salvó la carrera de THIN LIZZY; es el álbum donde demostraron que se podía hacer hard rock con garra, épica y poesía desde una absoluta sinceridad. Póntelo hoy mismo. Cuando escuches el primer guitarrazo inicial, sentirás que algo emocionante está a punto de ocurrir. Y no, no defrauda.
Borja Ponga
