Cuando salió el tema 11:11, mucha gente entendió parte de la letra como un corte de manga a la decisión del Benidorm Fest de no elegirles como representantes de España en Eurovisión. “Si tu no me quieres, otra gente me querrá”, como bien es sabido, volvieron a intentarlo en 2024 portando la bandera de San Marino con esta canción. Tal y cómo explicaban más adelante, en realidad la letra va dirigida al público integrista, que no puede entender que un grupo haga metal y a la vez participe en concursos dirigidos al mainstream. Me la Pela, dicen, y a nosotros siempre nos causa simpatía que las bandas vayan a su puta bola.
Megara están en esa frontera que tanto disgusta a la parte true de la música dura. Tienen melodías claramente pop, visten de rosa chicle, utilizan secuencias propias de la música de discoteca más chundera, y hay momentos en los que desdibujan los abismos que separan el metal del eurodance. Pero es que ahí está la gracia, porque si lo miras desde el otro lado del espejo, puedes encontrarte a Alicias que cruzaron el umbral y se encontraron con zarzas llenas de pinchos. Hay voces mucho más agresivas de lo que cualquier grupo de la radio se permitiría, hay guitarras realmente duras y letras que nacen de las oscuridades y la cicatrices. Al final, distinguirte, elegir tu camino, y levantar el dedo a quien te escupe. Al igual que el pelo de Kenzy, los mensajes que reciben en sus redes también están partidos en dos.
El nuevo álbum es un paso más allá en la construcción de su sonido. No escatiman en producción, y se saben todos los trucos para que una bomba de relojería parezca un algodón de azúcar. Se de varias casas en las que han entrado, como un caballo de Troya, en las listas de reproducción de las chavalas y al final sus padres también han acabado bailando a escondidas.
