Tal vez sea casualidad, o tal vez no, que tres de los guitarristas más relevantes de la historia del blues eléctrico, que además tuvieron una influencia trascendental en la configuración de la guitarra como instrumento solista principal del rock, vinieran a utilizar el apellido artístico King. El apelativo de “los tres reyes” resultó, claro, una opción obvia para denominarlos. B.B. ya ha sido objeto de reseña clásica hace algún tiempo y la bestia parda tejana, Freddie, queda para una ocasión posterior, porque quien hoy nos ocupa es el “bulldozer de terciopelo”, Albert King.
Comparando a estos tres colosos, sin duda quien tuvo una carrera más larga y relevante fue B.B., convertido ya en un símbolo andante en sus últimos años, y si tuviera que elegir una única canción me quedaría con “Hideaway”, de Freddie, referencia indiscutible del blues instrumental, con innumerables versiones, seguramente más por parte de gente del rock que del blues. Pero si tuviera que elegir un único álbum, sería el objeto de esta reseña: Born Under a Bad Sign, una obra cuya inmensa influencia empezó prácticamente desde su publicación, en 1967, como muestra que apenas un par de años después Cream incluyera una extensa versión en directo del tema homónimo en su disco Wheels of Fire, que también reseñamos en su momento.
A estas alturas es harto conocido que el estilo y fraseo de Albert King fue una inspiración clave para Eric Clapton, aunque fue seguramente gracias a su colaboración en esa epifanía de vuelta a las raíces que tuvo Gary Moore, un par de décadas más tarde, en el álbum Still Got the Blues, que muchos entonces jóvenes rockeros conocimos a este hombre. Y, ya de paso, descubrimos que la mítica Gibson Flying V que gente como Michael Schenker o Accept convirtió en un emblema del metal venía utilizándose desde bastante tiempo atrás en otros contextos.
Bueno, no todos lo descubrieron, como atestigua el comentario recurrente que le hacían a mi compadre Dario cuando teníamos la banda The Long Johns Band acerca de cómo es que usaba una guitarra “jevi” para tocar blues. Pues que se lo pregunten al amigo Albert, o a Lonnie Mack, por mencionar algún otro ejemplo, que llamaba a la suya “Lucy” (el parecido con “Lucille” tampoco es casual) y que, dado su imponente físico, en sus manos casi parecía un ukelele.
Nacido, cómo no, en el Delta, la carrera de Albert King no acabó de despegar hasta que en los sesenta recaló en Memphis y firmó con STAX Records. Esta era la discográfica emblemática del southern soul, el equivalente sudoroso y enérgico de la más pulida y norteña MOTOWN, en la que despuntaron artistas del calibre de Otis Redding, Isaac Hayes, Wilson Pickett, Eddie Floyd o Sam & Dave.
STAX tenía su propio grupo de músicos de sesión, que eran la base fundamental de las grabaciones del sello. Esta era una práctica habitual en la época: MOTOWN tenía a The Funk Brothers y en Los Ángeles estaba The Wrecking Crew. Estaban conformados por excelentes instrumentistas y eran máquinas perfectamente engrasadas que funcionaban con un volumen de producción altísimo.
En STAX, la banda residente orbitaba alrededor del organista Booker T., y buena parte de sus componentes forman parte ya de la leyenda del género, como Steve Cropper, Al Jackson Jr. o Donald “Duck” Dunn. Aparte de su labor de base para los artistas de la discográfica, también tenían su propia carrera como Booker T. & The MG’s y, tras STAX, algunos recayeron en los Blues Brothers durante muchos años y, de hecho, aparecen en la película de John Landis, que aquí se tradujo como Granujas a todo ritmo.
El caso es que la conjunción del blues eléctrico con la punzante guitarra de King y su profunda y expresiva voz sobre una base de soul sureño demostró ser un equipo ganador, aderezado con arreglos de viento matadores, cortesía de The Memphis Horns, otros habituales de la casa.
A lo largo de 1966 y 1967 se grabaron varias sesiones que, si bien en principio fueron saliendo como singles, se agruparon este último año en el LP que nos ocupa en esta reseña. Dado que las sesiones se realizaron en un periodo de tiempo relativamente corto, el álbum mantiene una cierta coherencia estilística, como si la decisión inicial hubiera sido su edición conjunta. Y, sobre todo, la selección es inmejorable.
Es difícil encontrar álbumes que reúnan una mayor cantidad de clásicos imperecederos en menos de treinta y cinco minutos, desde el magnífico riff que inicia esa oda al infortunio —y quizá metáfora de las duras condiciones de vida de la población negra— que da título al disco, hasta el conmovedor blues menor lento “As the Years Go Passing By”, que resalta las virtudes de King como cantante, a la tremenda demostración de blues eléctrico de “Laundromat Blues”, con un trabajo ejemplar de guitarra muy representativo de su estilo, o la movida “Oh, Pretty Woman”, con un groove que te arrastra gracias a otro riff espectacular y una impresionante sección de vientos.
También hay espacio para alguna curiosidad, como la versión del éxito de finales de los cuarenta de Ivory Joe Hunter “I Almost Lost My Mind”, que ha sido interpretada también por gente tan dispar como el crooner Pat Boone o el organista Jimmy Smith, y cuya sonoridad se acerca más a la balada country que al blues. De hecho, tampoco faltan versiones de esta composición en ese ámbito, como la de Willie Nelson.
En este sentido cabe mencionar que Albert King no era un compositor especialmente prolífico y su participación como autor se reduce a un par de temas: “Down Don’t Bother Me” y “Personal Manager”. También aparece como coautor en “As the Years Go Passing By”, aunque supongo que será por el arreglo que hace del original.
Y aquí vuelven a aparecer los “sesioneros”, añadiendo a su impecable soporte instrumental aportes en la escritura de canciones. Booker T. escribe la música de “Born Under a Bad Sign” y, junto con buena parte de los MG’s, “The Hunter”. No resulta sorprendente considerando que hablamos, sobre todo en el caso de Booker y Steve Cropper, de reputados compositores, como muestra su presencia en la creación de muchos de los temas representativos de la discográfica, como “Knock on Wood”, “In the Midnight Hour”, “Green Onions” o “(Sittin’ On) The Dock of the Bay”.
Más allá de la notoria y ya mencionada influencia de Albert King como guitarrista, la sombra de Born Under a Bad Sign es mucho más alargada. En mi opinión, sin la apertura que supuso de un camino que, entrelazando el blues de Chicago y el soul de Memphis, no podrían entenderse carreras como la que desarrolló Robert Cray unos años después, cuyo trabajo en los ochenta fue un paso adelante en la fusión entre blues y soul hacia terrenos más sofisticados.
Como cierre, he de decir que veo Born Under a Bad Sign como un punto de partida que lleva a muchos otros sitios. Por ejemplo, centrándonos en su principal protagonista, hay un disco de 1972 que casi pone fin a su paso por STAX, I’ll Play the Blues for You, por el que siento especial predilección. El tema homónimo y “Don’t Burn the Bridge Behind You” me parecen obras cumbre y un cierre espectacular de toda esa etapa maravillosa.
Y si lo que quieres es echar un vistazo a lo que eran capaces Booker y sus secuaces a su libre albedrío, el álbum instrumental Green Onions es una parada obligada. Para el propio Albert King fue la obra que lo impulsó al Olimpo del blues. Y allí sigue.
Oscar García del Pomar
