Burgos estaba ardiendo. Con los termómetros superando los 30 grados a las ocho y media de la tarde, el público ya se agolpaba en el exterior preguntando impaciente cuándo abrirían las puertas. Dentro de la Sala Andén 56 el ambiente aún mantenía un momento de tregua y frescor, mientras en los camerinos la maquinaria de Nurcry ya se preparaba a conciencia para hacer arder las tablas con su heavy metal.
Nurcry
Para comprender el calado de la banda que estaba a punto de tomar las tablas en Burgos, es necesario repasar la trayectoria de Nurcry. Este ambicioso proyecto de heavy metal clásico nació oficialmente en Madrid en el año 2021, bajo la dirección y la mente creativa de su miembro fundador, Ángel Gutiérrez. Sin embargo, la verdadera semilla de la banda se plantó mucho antes, en la década de los ochenta, cuando un Ángel de apenas 16 años descubrió la era dorada del metal y comenzó a forjar un sueño que tardaría más de tres décadas en materializarse en el estudio.

Lo que comenzó como una necesidad personal de dar salida a esas composiciones guardadas en el alma, pronto se transformó en una formación de músicos de primer nivel que ha sabido consolidarse a pasos agigantados en la escena estatal: la voz potente e impecable de Kike, la destreza a las guitarras de Juanjo Alcaraz y Manuel García Acilu y el propio Ángel Gutiérrez,quien también defiende las seis cuerdas en el directo, la solidez de Sergio Martínez al bajo y la pegada salvaje de Jason tras los platos. A este imponente engranaje instrumental se sumó de manera estelar para esta gira la voz femenina de Eva García, aportando un contraste melódico, una garra y una calidez sobresalientes en los apoyos vocales.
Con una discografía sólida que arrancó con Alma Libre en 2022, la banda ha experimentado una evolución técnica imponente, alcanzando su madurez con el lanzamiento de su aclamado trabajo doble “IV”. Nurcry se caracteriza por defender un sonido contundente, fiel a las raíces pero con ráfagas de audio compactas. Su historia es la de un crecimiento constante basado en el trabajo recio, la veteranía de sus componentes y un rodaje impecable que los ha llevado a compartir gira con la aristocracia internacional de Jelusick.


El esperado desembarco con el directo de los madrileños Nurcry sobre las tablas de Burgos estuvo marcado por una entrega y una complicidad que definen el carácter más genuino del rock. Lejos de cualquier frialdad o pose estática, la formación saltó a la Sala Andén 56 con la única intención de divertirse y transmitir ese disfrute puro, derrochando muecas gamberras, interactuando constantemente con las primeras filas y logrando una respuesta enérgica de los seguidores más fieles que se agolpaban en la valla. Aunque la afluencia de público se vio resentida – un hecho achacable al exceso de verbenas y fiestas locales concurrentes en la zona, la pasión de los asistentes sirvió como el mejor aliado para combatir el calor asfixiante del recinto, que superaba los 30 grados debido a la sofocante temperatura ambiental de la jornada.
El viaje musical estuvo milimétricamente estructurado a través de un repertorio fluido de diez composiciones que repasaron la identidad y la evolución del proyecto. La mecha se encendió tras una enigmática “Intro” que desató la crudeza directa de “Perros Del Infierno”, asentando el pulso sónico de inmediato. Sin levantar el pie del acelerador, la banda encadenó de corrido la tralla de “La Enfermedad” y la velocidad de “Contra Viento y Sol”, abriendo camino hacia el ecuador de la noche con “Enséñame a sentir”, una balada de corte pesado que supuso un gran punto de inflexión melódico. La intensidad rítmica regresó con la rapidez salvaje de “Nuclear Goodbye”, haciendo saltar a la sala, seguida por la combatividad del himno de directo “Grita”. Para enfilar el cierre definitivo, la formación madrileña vació por completo el cargador enlazando sin fisuras la solidez aplastante de “El Muro”, el puro macarrismo rockero de “Cuestión de rock&roll” y la fuerza final de “Latidos de Pasión”, dejando el escenario tiritando antes de la velada internacional.


A nivel de ejecución, las seis cuerdas estuvieron brillantemente defendidas por Manuel García Acilu, quien derrochó una expresividad admirable y tocó cada riff con una sonrisa constante de puro placer que contagiaba a las primeras filas de Burgos. A su flanco, Juanjo Alcaraz operó como una auténtica máquina solista de precisión, escupiendo notas y escalas a una velocidad de vértigo, perfectamente respaldados por las guitarras rítmicas del propio fundador Ángel Gutiérrez, el gran timonel y motor absoluto detrás de la maquinaria sónica de la banda.

La primera línea estuvo sólidamente dominada por la voz potente de Kike, quien demostró un dominio escénico y una solidez vocal impecables para las exigencias del directo, combinándose de forma magistral con los coros de Eva García, cuya garra aportó una textura excelente y un contraste brutal en los duetos. Toda esta maquinaria pesada se sostuvo sobre un compás rudo y contundente, blindado por el grosor de las líneas de bajo de Sergio Martínez y la pegada salvaje de Jason tras los platos, quien batió la batería con una fuerza descomunal que encaja a la perfección con su nombre artístico. Una demostración sobresaliente de profesionalidad que certificó el enorme calado de su trabajo doble “IV”.
Jelusick
Para entender la magnitud del despliegue internacional que estaba a punto de asaltar las tablas en Burgos, es imprescindible repasar la trayectoria de Jelusick. Esta formación de metal progresivo y hard rock nació oficialmente en Zagreb, Croacia, en el año 2021, bajo el liderazgo indiscutible de su virtuoso vocalista, teclista y compositor, Dino Jelusick.

La banda se consolidó como un proyecto de plenos derechos tras años de rodaje y colaboraciones de sus miembros en la primera línea de la escena mundial. El propio Dino Jelusick es una de las voces más cotizadas del rock contemporáneo, habiendo dejado su impronta en cabeceras de la talla de Trans-Siberian Orchestra y los míticos Whitesnake, formación de David Coverdale a la que se unió oficialmente en 2021. Sin embargo, la necesidad de dar salida a una identidad musical propia, densa y técnicamente compleja llevó a la fundación de esta escudería, completada por músicos de un nivel instrumental de infarto: el bajista Luka Brodarić, el virtuoso guitarrista Ivan Keller y el baterista Nick Nikolaev, quien asumió los mandos de los parches tomando el relevo del baterista fundacional de la formación, Mario Lepoglavec.
Con el lanzamiento en septiembre de 2025 de su aclamado segundo álbum de estudio, “Apolitical Ecstasy”, la banda certificó su estatus internacional definitivo, cosechando un éxito abrumador en la crítica mundial gracias a una producción impecable que fusiona riffs de hormigón, pasajes progresivos y una fuerza vocal descomunal. Su historia es la de una formación compacta que defiende una disciplina de trabajo férrea y un directo indomable, posicionándose como una de las realidades más arrolladoras del panorama del metal europeo actual.


Cuando Nurcry acabó su actuación y empezaron a recoger sus pedales y platos, aparecieron en el escenario Ivan Keller con su preciosa guitarra X-TREMER, Luka Brodarić y Nick Nikolaev. Los guitarristas y el bajista sacaban sus pedaleras y probaban el sonido, mientras Nick colocaba los platos de la batería. Cuando todo estuvo listo, se apagaron las luces de la sala y, con los acordes iniciales de “Jaws of Life” – de su último álbum “Apolitical Ecstasy”, aparecieron uno por uno Nick, Luka e Ivan bajo las ovaciones del público; al final, entró Dino Jelusick desatando un auténtico clamor de gritos de gloria. El arranque fue enérgico, haciendo rugir desde el primer segundo esa voz tan potente, rota y descomunal que tiene Dino y que te vuela la cabeza en directo. Al término de esta canción, Dino se plantó directo al teclado.

La siguiente, “Power to the People”, Luka la arrancó con sus saltos salvajes e Ivan se impuso con sus poses y su melena al aire durante el solo. Después, Dino nos preguntó si siempre hacía tanto calor en Burgos, y comenzó a jugar con sus compañeros sobre las tablas. Primero retó a Ivan a contestar con su guitarra a este reto, interpretando con las seis cuerdas el sonido exacto que cantaba el vocalista; el guitarrista aceptó el desafío y lo hizo al cien por cien. El siguiente turno fue para Nick, encargado de replicar los sonidos del cantante, lográndolo con una gran sonrisa en los labios. Por último, el reto le tocó a Luka y no voy a escribir aquí cómo lo comentó Dino; en otras palabras, el bajista lo hizo magnífico.
Después fue “Healer” “mother fucking healer” como lo cantó Dino. En esta pieza, el bajista nos regaló sus técnicas, seguramente heredadas de una escuela de ballet, porque casi se sentó en un spagat, y terminó con un bellísimo solo de Ivan. Y aquí es donde Ivan nos enseñó su técnica, regalándonos sus solos limpios. Seguida con “Died”, Nick batió la batería como una bestia, pero con una sonrisa de ángel.

“Follow the Blind Man” Dino se puso al teclado acompañado por el dulce solo de guitarra de Ivan. En esta composición el guitarrista usó slider; no solo a mí me llevó esta canción a otra realidad, al mirar a la cara del bajista se veía que lo disfrutaba tal como todos nosotros. Esta maravilla de canción se acabó y siguieron con “Hangman”, que nos despertó con un sonido de despertador y Luka empezó a saltar. Después de los saltos locos, el bajista decidió descansar un ratito improvisando con su bajo, y el público le aplaudía porque era fantástico.
“Groove Central” nos volvió a la realidad de magnetismo del bajista. Dino no estaba quieto y robó la baqueta al batería y empezó a tocar los platos, incitando con este gesto a Nick a mostrar de qué era capaz tras los parches. Fue una descarga de energía, como si fuera una tormenta en la costa donde los truenos y los rayos corrieron a cargo del baterista; su velocidad y rugido dejaron a todos impresionados, y esa imitación del motor de una moto sonó a carretera y libertad.

Acto seguido pasaron a “What I want”, encendiendo al público de nuevo, para enlazar directo con “The Great Divide”. Este tema arrancó con el solo de Ivan, y aquí destaca un pasaje de guitarra soberbio: una ejecución limpia y cargada de expresividad que tocó directamente la fibra de la sala y demostró la madurez compositiva del guitarrista. Como todo llega a su fin, eligieron para el cierre definitivo “Flying High Again”, lanzando el mensaje de que nosotros podemos con todo y que solo hay que quererlo, sin importar las circunstancias, porque todo depende de nosotros mismos. Una pieza final coronada por otra intervención solista imponente, donde Ivan Keller exhibió una técnica impecable y magistral sobre el escenario, reconfirmando por qué es uno de los baluartes de las seis cuerdas en Europa. Fue justo al terminar el tema, en el milisegundo exacto en el que acabaron la canción, cuando Luka,en un arrebato de locura y adrenalina pura, se tiró intencionadamente de espaldas al suelo del escenario, desatando el delirio colectivo de una noche irrepetible.

La tormenta sónica desatada en Burgos llegaba así a su fin, dejando tras de sí un rastro de vatios, adrenalina y sudor sobre las tablas. Sin embargo, la maquinaria de la gira no daba tregua: esta demoledora descarga en la capital castellana no era más que la antesala perfecta para el asalto definitivo, el último concierto del tour que aguardaba apenas veinticuatro horas después en Oviedo.
No se puede cerrar esta página sin expresar un profundo y sincero agradecimiento a la promotora Morgana Music Events por hacer posible este despliegue de metal internacional en nuestras tierras, así como a la Sala Andén 56 y a todo el personal técnico, de seguridad y de barra que trabajó incansablemente bajo las duras condiciones de la jornada. Su profesionalidad y trato impecables fueron el engranaje invisible que permitió que la música brillara en toda su magnitud. La cuenta atrás para el asalto asturiano ya había comenzado.
23/05/2026 – Sala Andén (Burgos)
CRÓNICA Y FOTOGRAFÍAS: ELENA KARDASH
