Hay noches que se graban a fuego en la mente para siempre, y la traca final en Asturias fue, sin duda, una de ellas. El último concierto de la intensa gira de Jelusick y Nurcry por España tuvo su destino final en la Sala Gong de Oviedo. Tras cinco días seguidos de ruta implacable y escenarios, el cansancio acumulado era visible en las caras de los chicos; el calor de la sala anunciaba desde el primer minuto que sería una noche de puro reto físico e instrumental. Sin embargo, el cansancio se evapora cuando ruge el amplificador. No me gusta comparar las fechas de una gira y no lo voy a hacer, pero a pesar del bochorno y las condiciones extremas, Jelusick literalmente nos dejó sin aliento sobre las tablas, sacando lo mejor de sí mismos en un directo memorable. Cabe destacar que en esta última y calurosa noche en Oviedo, Jelusick y Nurcry contaron con el apoyo en el cartel de una banda más: los zamoranos Klanghör. Llegados desde tierras castellanas en exclusiva para esta fecha asturiana, los de Zamora firmaron una apertura sólida, potente y cargada de actitud que sirvió para romper el hielo y caldear el ambiente de la Sala Gong desde los primeros compases. Un gran soporte que cerró el círculo de una gira inolvidable.
KLANGHÖR
Para entender la magnitud del bando que abrió fuego en la Sala Gong Galaxy Club de Oviedo, hay que viajar en el mapa hasta el año 2000. Fundados en Zamora, Klanghör se ha consolidado en el metal estatal gracias a una propuesta única de metal sinfónico y progresivo que destaca por su densidad instrumental y su profundidad conceptual; transformando la historia medieval en puros riffs de acero.

Defender un directo un domingo a las ocho de la tarde es un reto complejo, y la descarga de los zamoranos arrancó de una forma tan directa y orgánica que pilló a los asistentes por sorpresa, entrando a romper el hielo casi sin que nos diéramos cuenta, como una prolongación natural de las pruebas de sonido. Pero en cuanto el engranaje empezó a rodar, la banda demostró sus tablas congregando a los seguidores más fieles en las primeras filas.
El gran protagonista visual y técnico del set fue, sin duda, Manuel García Acilu. El guitarrista, que afrontaba el reto de hacer doblete esa noche en el cartel, ofreció un recital de actitud, contagiando al foso con esa expresividad tan suya y una sonrisa de puro placer al tocar que es un auténtico filón para las cámaras. A su lado, el segundo guitarrista, Arturo Cepeda, defendía las seis cuerdas aportando el equilibrio perfecto con una tranquilidad imponente grabada en el rostro. El motor rítmico de la maquinaria estuvo blindado por la fuerza, el poder y la entrega absoluta de Manuel Pérez tras la batería, perfectamente compenetrado con las líneas de bajo de Javier Pino.


El viaje musical estuvo milimétricamente estructurado a través de un repertorio de ocho composiciones que repasaron su identidad. Rompieron el hielo con “Otra vez aquí” y la garra de “Mi ciudad”, asentando el sonido sobre las tablas. La densidad compositiva ganó terreno con la tralla sinfónica de “Cárcel de mente”, seguida de la intensidad de “Mientes” y el misticismo de “Tentación”, donde los arreglos teñían la atmósfera. El clímax llegó con el bloque histórico: la brutal acometida de “Terror romanorum” y la majestuosidad de “Curia regia”. Para el cierre definitivo, la banda se vació con la fuerza de “No me conoces”, un cierre contundente que selló su profesionalidad en la galaxia asturiana.

NURCRY
Fuerza, carisma y veteranía sobre el asfalto asturiano. El relevo en las tablas de la Sala Gong llegó de la mano de los madrileños Nurcry, quienes firmaron una actuación impecable de principio a fin, demostrando por qué son una de las realidades más sólidas del heavy metal nacional actual. Ideada bajo la dirección de su miembro fundador, Ángel Gutiérrez, la banda desplegó un directo rotundo que sirvió para certificar la contundencia de sus ráfagas de audio y el enorme calado de su ambicioso proyecto doble, “IV”. Con una respuesta de público notablemente mayor que en otras citas y la sala completamente caldeada, la formación ofreció un repertorio directo al mentón sin dar un solo segundo de tregua a los asistentes.

El show arrancó de manera magistral con una Intro instrumental que preparó la atmósfera mística de la sala antes de soltar los caballos con “Perros Del Infierno”, donde la base rítmica de Sergio Martínez al bajo y la batería desbocada de Jason marcaron una pegada atronadora y un tempo demoledor. La apisonadora de heavy metal clásico continuó su avance imparable con “La Enfermedad” y “Contra Viento y Sol”, cortes donde las guitarras, con el carismático Manu derrochando las sonrisas que le caracterizan sobre el escenario y la destreza técnica de Juanjo Alcaraz a las seis cuerdas, ejecutaron su parte a la perfección, tejiendo una pared de sonido compacta, técnica y perfectamente sincronizada en cada uno de los riffs.



Tras este arranque demoledor, la banda regaló una breve pausa técnica para tomar aire y encarar “Enséñame a sentir”, una pieza de corte melódico donde la voz potente de Kike brilló con una afinación y una calidez sobresalientes, demostrando que posee un registro técnico envidiable para las exigencias del directo. En este tema se vivió uno de los grandes momentos de la noche gracias a la colaboración especial en los coros de Eva García, cuya garra melódica aportó una calidez excelente, un contraste brutal en el dueto y una complicidad familiar real que traspasó por completo las tablas de la Sala Gong. Acto seguido, la velocidad regresó al foso con “Nuclear Goodbye”, un tema brutal donde Jason volvió a batir los platos como un auténtico loco, imprimiendo una energía salvaje que contagió de inmediato a toda la sala.


Tras otra breve pausa para coger aire y ajustar los instrumentos, enfilaron el tramo final con “Grita”, un auténtico himno donde Kike volvió a encender al público asturiano demostrando, tal y como ya hizo evidente en la Sala Andén 56 de Burgos, que lo suyo no es solo cantar, sino ofrecer un show absoluto y un dominio escénico impecable. El cierre definitivo y el KO técnico de la banda llegó con la trilogía de potencia pura formada por “El Muro”, “Cuestión de Rock&Roll” y la fuerza final de “Latidos de Pasión”, una secuencia final redonda donde toda la formación funcionó con la precisión exacta de un reloj suizo, cantando y tocando a un nivel instrumental intachable. Una descarga sobresaliente que dejó el listón en lo más alto de la cordillera antes de la velada internacional.

JELUSICK
Mientras Nurcry recogía su equipo sobre las tablas, salí de la sala un momento y me encontré con la formación de Jelusick completamente rodeada de fans, firmando autógrafos y haciéndose selfies. Es una verdadera maravilla ver a artistas de este calibre internacional charlando, abrazando y mostrando esa cercanía tan real con su público. Todos los allí presentes sabían que se acercaba el plato fuerte de la noche. Al acercarme a los chicos, me comentaron con total honestidad que este show sería un reto difícil: el cansancio acumulado de la gira empezaba a pesar en las piernas, pero la Sala Gong estaba ardiendo y el ambiente era inmejorable. Al volver al foso, Nick Nikolaev ya estaba en el escenario colocando los platos y ajustando cada herraje de la batería. Quedaba muy poco para que arrancase el gran final de la gira. Con la sala abarrotada y el público completamente pegado al escenario, la tensión se cortaba con un cuchillo.

La descarga estalló con “Jaws of Life”, de su último álbum “Apolitical Ecstasy”. La masa estalló en gritos de euforia al ver aparecer a los músicos: primero emergió la base rítmica con Nick y Luka Brodarić, seguidos por el virtuosismo de Ivan Keller y, finalmente, bajo una ovación atronadora, apareció Dino Jelusick. La Sala Gong se encendió de golpe bajo el poder descomunal de la voz de Dino, mientras las cámaras del foso disparábamos a discreción en mitad de una atmósfera de pura energía y sudor. Desde el primer segundo, el magnífico batería nos hipnotizó con su fuerza bruta a las baquetas mientras Dino tomaba posiciones al teclado. Continuaron sin dar tregua con “Power to the People”, un auténtico himno de poder entregado a una audiencia que se rindió a la banda desde los primeros acordes, momento en el que Luka nos regaló sus ya míticos saltos y su melena volando por los aires.

Fue entonces cuando Dino empezó a jugar con la banda en una exhibición de complicidad brutal: primero retó a Ivan Keller cantando melodías improvisadas que el guitarrista tenía que calcar al instante con las seis cuerdas; luego repitió el juego de provocación rítmica con Nick a la batería y, finalmente, cerró el círculo con Luka y su bajo. Tras este derroche de genialidad, nos regalaron una coreada “Healer” que puso a cantar a toda la sala al unísono. Justo después, Ivan Keller nos dio una clase magistral de cómo se debe pulsar una guitarra: bajo su ejecución, el instrumento deja de ser un simple armazón de seis cuerdas para convertirse en un teletransporte de sus sentimientos, su lenguaje y su expresión más pura; todo aquello que no se puede decir con palabras.

La tralla continuó con “Died”. Acto seguido, Dino se plantó de nuevo al teclado y anunció que hacía muchísimo tiempo que no tocaban en directo “Follow the Blind Man”. En ese preciso instante, pareció que el mundo se detenía por completo. La sala se hundió en una atmósfera sobrecogedora dominada por las notas del teclado, la inmensa entrega vocal y musical de la banda que nos llenó el interior de puro placer, y un solo estratosférico de Ivan Keller que nos transportó directamente a otra galaxia. La posterior y enérgica “Hangman” nos devolvió de golpe a la realidad de la Sala Gong, abriendo paso al momento de Luka Brodarić, quien nos dictó una lección magistral de cómo se domina el bajo. Ante el calor sofocante que reinaba en la Sala Gong de Oviedo, se vivió un momento espectacular de pura complicidad sobre las tablas cuando el propio Luka se acercó hasta la posición de Nick, quien sujetaba firmemente con ambas manos un enorme ventilador industrial para dirigir el aire directo al flanco del bajista. Una estampa brutal de supervivencia y compañerismo en mitad del concierto, con Luka agachando el cuerpo y desbocando las cuerdas de su bajo rojo con una sonrisa de complicidad mientras desafiaban el bochorno de la noche; tras su solo de infarto, parecía que el humo salía literalmente de sus dedos. El propio Dino decidió regalarse también un momento de frescor acercándose al caudal de aire.

Encarando la recta final, la banda encadenó “Groove Central” para dar paso al solo de batería, donde la bestia de Nick Nikolaev volvió a hipnotizarnos con su técnica demoledora y su carisma arrollador. La intensidad se mantuvo en lo más alto con “What I Want” y una emotiva “The Great Divide”, la cual Dino dedicó a todo el público asturiano desde su teclado, coronada por otro inolvidable y magnífico solo de la guitarra de Ivan. Para el cierre definitivo, la banda descargó la pura energía de “Flying High Again”, acompañada por los últimos saltos salvajes de Luka sobre el escenario. El público de Oviedo vació el cargador y entregó toda su pasión en esta última canción, despidiendo por la puerta grande a una formación que ha conquistado el norte de forma inapelable.

Como balance final de su paso por nuestro país, se desveló una promesa que ha encendido las expectativas de cara al futuro: Dino Jelusick anunció oficialmente que la banda regresará a España el año que viene para presentar su nuevo trabajo discográfico. Tras cinco días de ruta intensa, quedó claro que Jelusick no solo se llevó los aplausos del norte, sino que dejaron una parte imborrable de ellos en nuestros corazones. Una gira memorable que cierra su capítulo en Oviedo, pero que deja la puerta abierta a un futuro idilio con el público español.

Quiero agradecer expresamente a Eva Benito, CEO de Morgana Music Events, por su impecable gestión, las facilidades otorgadas y su excelente atención en cada fecha de la ruta. Asimismo, mi agradecimiento a toda la promotora por hacer posible esta gran gira y confiar en mi trabajo fotográfico y editorial para inmortalizar el directo de las bandas. Por supuesto, no puedo olvidarme de la Sala Gong y de todo su personal técnico y de barra, quienes trabajaron incansablemente bajo las duras y sofocantes condiciones climáticas de la noche para que el espectáculo saliera adelante de forma impecable.

Por último, una nota de la cronista para la banda / Za kraj, poruka kroničarke za bend:
Hvala vam puno na vašoj glazbi, trudu i nevjerojatnoj energiji koju ste donijeli na pozornicu. Ostavili ste dubok trag u srcu ove kroničarke i cijele publike. Sretan povratak kući i vidimo se sljedeće godine s novim albumom!
Sala Gong Galaxy Club, Oviedo 24/05/2026
CRÓNICA Y FOTOGRAFÍAS: ELENA KARDASH
