Hace 30 años que Irreligius, nos golpeó en la cara. El disco con el que Moonspell derribaron todas las fronteras y consiguieron la improbable proeza de convertir en internacional a una banda nacida en Portugal. Un año antes Wolfheart había abierto camino, con una distribución más modesta, pero con una calidad musical indiscutible.
Es inevitable para ellos y para nosotros mirar atrás y sentir el peso del tiempo. Moonspell es una banda clásica, y tal y como reconoce Fernando Riveiro, se llegaron a plantear funcionar como tal. Prolongar las giras aniversario y darle a los fans lo que más les gusta. Probablemente pudiesen haber tirado de esa cuerda durante un par de décadas, pero por suerte, parece que la llama de la creación aun permanece encendida, y mirar hacia adelante siempre es el mejor camino.
Hermitage fue un disco oscuro y depresivo, incluso para Moonspell. Lastrado por las horas bajas de la pandemia, y por el hundimiento emocional que derivó en problemas de salud para Fernando. Su conjugación de introspección y rabia, que les ha hecho moverse entre el Metal Gótico y el Death Metal siempre ha servido a ese propósito, en vez de hundirse, salir adelante a patadas.
Según cuentan a Metal Injection, la inspiración vino a medias entre un disco de Tribulation y el Nosferatu de Robert Eggers. Tal vez no lo esperábamos así, pero aquí están de nuevo, los candiles a media luz, las capas de forro rojo, los sombreros de plato, el rímel en los ojos, los restos de sangre en la comisura, los teclados de ambiente espeluznante de película de la Hammer.
La parte gótica de Moonspell nace de una herida que todavía supura. Tiene el sabor añejo de quien vivió los ochenta y salía de las tiendas de discos con uno de Sisters of Mercy o de Joy Division en una mano y otro de Obituary o Slayer en la otra. Ambas partes están siempre presentes en su música, y aunque a los metaleros nos suene puramente gótico, te puedo asegurar que en las manos de un purista del siniestreo, esto es un disco de metal.
De hecho diría que en el propio disco hay un viaje que a propósito lleva de una a otra orilla. Comprobarás que el baile de caderas, humo y neones que podría acompañar a Cross Your Heart se convierte en un rotundo headbanging a la altura de You Promise Light. Y sí, hay arpegios afilados, pero también riffs bien gordos. Hat baterías marciales, casi libre de fills y con muchos bombos al suelo, pero también hay profundidad doom y martilleantes cajas para afirmar despacio con cara de mal humor. Hay estribillos coreables, pero también guturales desgarrados. Que no te engañen los singles adelanto, atiende al doble bombo de Our Freedom to Fall, si te habías hecho una idea preconcebida.
Oskar Sánchez
