Hace un par de meses o tres me escribió el amigo Unai Endemaño para avisarme de que los franceses Mourir iban a pasarse por Rock Beer the New. Por ese entonces yo desconocía a esta banda, pero enseguida lo apunté en rojo por dos motivos. El primero es que lo montase Endemonium, que tiene buenísimo ojo para las bandas, Harakiri for the Sky, Primitive Man, Thy Cathafalque o Asphyx, por ejemplo han pasado por sus manos (aunque estos últimos cancelasen in extremis), para el próximo Obon nos tiene listas a bandas como Foscor, Numen, The Great Old Ones, Knoll o Imperial Triumphant, así que ojo por ese lado. El segundo motivo fue darme cuenta enseguida de que Mourir llevan la camiseta de Pelagic Records, el sello que nos presentó a The Ocean hará unos veinte años y que no ha dejado de darnos buenas sorpresas desde entonces.

Aquella vez de The Ocean en la Heaven se ha convertido en una referencia para hablar de ese tipo de oportunidades en la que una banda internacional a punto de despegar se pasea por las salas underground y actúa para un par de decenas de avispados, que llegaron ahí a veces por pura casualidad. Últimamente hemos tenido a Hippotraktor o Apotheus, por ejemplo, como conciertos de este tipo… bandas que puede que despeguen y acaben siendo conocidas por el gran público, o puede que no, pero el bolazo que te llevas en la cara no te lo quita nadie.

Mourir hacían parada de avituallamiento en Santander en su camino al Resurrection, y francamente espero que esta reseña llegue a tiempo como aviso para quienes podáis estar por ahí. Están al borde de un salto ciego adelante, tal y como demuestran los singles adelanto de su nuevo disco. Mantienen el caos sonoro y la necritud de Disgrace (2022), pero las nuevas canciones son mucho más ricas en musicalidad y recursos, avanzando hacia un post black metal muy depresivo y asfixiante. Son densos como la niebla, pero muy enérgicos en directo. Convirtieron el New en un trance colectivo, sólo para iniciados.

Su inescrutable logo deja pistas claras de que son una de esas bandas que van a exigir un esfuerzo por tu parte. Hay un umbral que cruzar pero detrás de la espinosa muralla de distorsión y alaridos queda una magnífica banda, impulsada desde atrás por un batería tan inagotable como creativo.
Probablemente el descubrimiento del año.

Tras unos cincuenta minutos sin descanso el concierto terminó antes de las nueve, plan perfecto para recogerse pronto un jueves y atender a otros asuntos más mundanos.
Aunque yo ni pinchaba ni cortaba en la organización de este concierto, traslado las gracias a quienes os animasteis a seguir las recomendaciones. El New es una parada de postas muy apetecible para bandas en gira, que buscan un aforo mediano, y un sitio que les permita hacer noche y continuar camino. Acercarte a uno de estos conciertos es tejer underground, y facilitar que en un futuro podamos repetir con más grupos de este entorno.

