Recuerdo como si fuese hoy el día que Toñín Wild llegó a la radio con el Into the Electric Castle en la mano. En el año 1998, rondando los cien primeros programas, aún sin internet en casa ni en la emisora, te ibas enterando de las cosas así, por el boca oreja y la compra ocasional de alguna revista.
Toño subrayaba que en algunos temas cantaba Fish, de Marillion, y a mi de inmediato me llamó la atención la colaboración de Anneke, de mis adorados The Gathering. Enseguida descubrimos entre las fotos de contraportada y los créditos a Sharon y Robert de Within Temptation… lo pinchamos y acto seguido me lo llevé a casa para escucharlo con detenimiento. Tardaríamos tiempo en saber que Damian Wilson tenía una banda llamada Threshold, e investigar a cada uno de los cantantes e instrumentistas del álbum doble, pero aquello era sin duda una mina de oro… Camel, Focus, Pendragon, Arena y un largo Etc. de nombres conocidos y por descubrir.
Aunque la lista de colaboradores está principalmente centrada en la escena Holandesa, Ayreon comenzaba a dar señales de querer ir más allá y sin duda la explosión de las comunicaciones telemáticas dio en los años venideros, el empuje necesario para conseguirlo; llegando a trabajar con gente de la altura mediática y artística como Bruce Dickinson, Hansi Kürsch o James Labrie… Sin embargo, si hay algo que admiramos de Arjen, más allá de su genio musical, es su humildad y ganas de descubrir a nuevos talentos… Por poner sólo un ejemplo, hay que recordar que conocimos a Marcela Bovio gracias a él, o que apostó muy fuerte por grandes cantantes no tan conocidas en su momento, como Floor Jansen o Simone Simons. En Into the Electric Castle cuenta con la colaboración de Jay van Feggelen que fuera cantante de su ex-banda Bodine o Edwing Balogh de los húngaros Omega ejecutando excelentes interpretaciones a pesar de ser artistas bien alejados del relumbrón de los focos.
Más de un cuarto de siglo después, hablar del papel fundamental de aquel álbum en la carrera de Anthony Lucassen, o de la importancia de Ayreon como aglutinador y descubridor de talentos parece redundante, pero en aquel momento nos pilló absolutamente desprevenidos y sencillamente nos maravillamos ante un disco conceptual que era una joya oculta, y sin embargo parecía poder medirse con los más grandes del sinfónico / progresivo.
Como seguramente todo el mundo conoce, la carrera de Arjen comenzó a principios de los ochenta en las bandas de Heavy Metal Bodine y posteriormente Vengeance que abandonó una década después agobiado por el pánico escénico, para centrarse en la composición de su proyecto en solitario. Las líneas de acción de Ayeron ya se marcaron desde el primer álbum The Final Experiment, pero es con este tercer disco con el que consigue el reconocimiento y fama que merecía.
La temática del álbum gira en torno al misterioso Castillo Eléctrico, un lugar al que personajes de distintas épocas y lugares han de peregrinar para encontrar su propia salvación. La voz de un “Eterno” les va guiando a través de distintas pruebas que sólo algunos conseguirán superar. Al final del álbum descubriremos que los Eternos son una raza alienígena que ha perdido sus emociones y experimentan con los humanos para poder comprenderlas. Arjen es un enamorado de la ciencia ficción y la fantasía, como ha ido demostrando posteriormente también en Star One. La historia de Into the Electric Castle no es muy compleja, pero da lugar a la posibilidad de interacción entre distintas formas de cantar y crea diálogos magistrales que reflexionan sobre la naturaleza humana y sirven de excusa para una de las mejores Operas Rock que nunca se hayan compuesto.
Nunca ha ocultado sus influencias y durante el viaje podemos reconocer retazos de la ideología Hippie y psicodélica con la que creció. Musicalmente algunos pasajes pueden recordar a Pink Floyd, primeros Genesis, Yes, King Crimson o incluso Rush. También arrastra una fuerte influencia del Space Rock de bandas como Hawkwind o The Alan Parsons Project, momentos heredados del hard rock de Zeppelin o Purple y algunos retazos folk de la mano de Mike Oldfield o Jethro Tull. El uso de sintes y teclados es omnipresente y les encontramos de todas clases, desde Hammond, hasta Minimoog o Mellotron, aportando esa inconfundible marca lisérgica que define a Ayeron.
Así como Arjen nunca ha buscado de forma consciente la innovación, tampoco es justo citar todas estas influencias sin reconocer su paso adelante al combinar también elementos contemporáneos. Una buena prueba de ello son los growls que George Oosthoek de Orphangage aporta al disco en su interpretación de la muerte. Llevando a Ayreon una pizca de oscuridad Death Metalera muy inesperada a esa altura de la obra.
Musicalmente hay que resaltar la participación de Ed Warby a la batería, ya que sería a partir de este punto su inseparable compañero. Exceptuando los solos invitados, Arjen se reserva la grabación de guitarras rítmicas, con su habitual discreción de director de orquesta.
Tendríamos que esperar hasta el año 2006 para ver algunas de estas canciones en directo, primero de manera tímida junto a Stream of Passion y otros diez años más para ver un gran montaje teatral con muchas voces invitadas. Convirtiendo a partir de ese momento cada concierto de Ayreon en una cita histórica que atrae a público venido de distintas partes del mundo, a representaciones de carácter único e irrepetible.
Arjen Lucassen es un trabajador empedernido que en estas tres décadas nos ha dado un montón de música magistral a través de todos sus proyectos. Con Ayreon nos demostró además, que no importa lo grande que sueñes porque con tesón y determinación algunas de las ideas más imposibles acaban siendo realidad.
