Llevamos unos cuantos años repitiendo en el Z! En 2022, Cuando fuimos por primera vez llevábamos ya unos cuantos apartados de los macrofestis, pero una mezcla de casualidades nos arrastraron hasta Zamora. Unos cuantos amigos que insistían, un cartel muy apetecible, un aforo cómodo… y los niños lo suficientemente mayores como para quedarse en casa de las abuelas durante un fin de semana. Desde entonces, y aunque siempre volvemos con un poco de sensación de I’m-too-old-for-this-shit siempre acabamos repitiendo, incluso, algunas veces comprando el cartel ciego. Porque el Z! son mucho más que conciertos.

Vamos a intentar contároslo, como fans de la música. Como gente que hace lo que puede para vivirlo y comunicarlo. Sin más pretensiones que difundir y guardar un recuerdo. Si quieres leer descripciones exhaustivas no estás en el lugar correcto. Si no aceptas vivencias subjetivas, te has equivocado de sitio. No hemos utilizado acreditaciones y no hemos entrado al foso, porque queríamos tener la libertad de ir y venir, sin el compromiso ni la responsabilidad de deberle nada a nadie.
Aprendimos que un festi es un poco como un buffet de hotel. Hay mucho más de lo que puedes comer, y hay que asumirlo. Es cierto que cuando eres más joven no puedes dejar nada en las bandejas por si acaso te pierdes lo más rico, pero van llegando unos años en los que uno sabe cuanto puede desayunar, y que cosas puede pasar sin probar.

El jueves es un día muy complicado para nosotros. La experiencia de otros años nos ha enseñado que es mejor tomárselo con calma si no quieres que te pegue la bajona a la mitad del concierto que más querías ver. Es un día de madrugón, trabajo, viaje, llegada… y por como colocan las cosas en este festi, suele ser además el día en el que más grupos nos interesan. Así que despacio!
Llegamos a la campa sobre las seis y media, con un poco de pena de habernos perdido a Noah Histeria, un grupo que nos encanta y que se nos escapó cuando en su día vinieron al Black Bird junto a Bifrost. Con Headon no contábamos desde el principio… pero oye, así es. Más doloroso fue escuchar el año pasado el final del concierto de Vola mientras nos cerraban la pulsera en la puerta.


Serius Black es una banda que últimamente me aparece por todos lados, en noticias, reseñas, e incluso en el libro de Miguel de Lys que me estoy leyendo. A lo mejor es que como llevan rollo egipcio en la portada me llamaron la atención. Surgieron como supergrupo con Roland Grapow de Helloween y luego peña que ha estado militando en directo y colaborando con bandas como Avantasia, Rhapsody of Fire, Blind Guardian y así… en Metal Archives está todo para quien tenga tiempo y ganas. Van de un palo power melódico bastante clásico, a mi no me han entrado mucho por la oreja, pero a lo mejor es que ya no pasto mucho en ese prau. Correctos. Tampoco puedo decir mucho de su concierto, porque nos pillaron ubicándonos, con el tiempo justo de saludar y tirar un par de fotos.

Con los que sí tenía mucha curiosidad era con Evil Invaders, de quienes me venían hablando maravillas y me había dado tiempo a curiosear un poco antes del festi, pero mira, me quedé un poco a medias. Por mi culpa, no por la suya. Insisto, jueves / mal día, curro, viaje, agotamiento, golpe de calor, movidas personales que solucionar por teléfono… Como me dijo un amigo cuando lo comentábamos, yo soy yo, y mis circunstancias. En los festis hay mucho de eso.
Aun así me dio tiempo a ver como la mitad, y se estaban marcando un bolazo. Heavy, Thrash, Speed de vieja escuela, sin muchos artificios y poniendo a todo el mundo a tope de música anfetamínica y violenta. Quienes les habían visto más veces dijeron que esta fue la mejor. Yo les apunto en la libreta de asuntos a solucionar.


De todas formas, todo esto iba casi de regalo, porque no contábamos con poder llegar a la campa hasta Bury Tomorrow. Nuestro amigo y colaborador Jose – “Wäcken – El de Alemania”, nos había advertido con vehemencia que no nos perdiésemos a estos, en un par de reseñas del año pasado. Una de esas bandas nuevas, que en realidad llevan ocho discos y dos décadas de carrera. El tan traído y llevado oximorón del Old School Nu Metal.
En el Z! hay como slots a completar: Está el grupo Heavy de trovadores y flautas, está la banda de Black Metal, está la banda de Progresivo raro que sólo nos gusta a doscientos, un par de Thrashers, una banda paralela de un exmiembro de banda clásica tocando repertorio antiguo… y en este hueco, siempre una y no más, que podría actuar en el Resu.
Nos gustaron mucho. Muy rítmicos, mejor sonido hasta el momento, aunque con estas bandas siempre hay secuencias, y pistas dobles que facilitan ese aspecto. Su cantante Daniel Winter-Bates se mostró mogollón de energético, con una arenga continua incitando al movimiento, y pidiendo Wall of Death desde el segundo uno. La gente hizo lo que pudo, pero creo que en general la sensación fue buena, y se agradeció el esfuerzo de una banda que sabía que este festi no es su plaza y tenían que ganarse a la peña. Creo que se llevaron más fans de los que traían.





Y así de fácil nos estábamos plantando en el motivo que hizo que este año, comprásemos las entradas. Una banda que nos gusta desde los noventa, pero que nunca habíamos visto en directo. Cosas que pasan, ellos han venido poco y nosotros no hemos salido nada. Me habréis oído decir mil veces en la radio que Ishahn es el genio musical de esa escena, y que lo que intuíamos por entonces se ha demostrado en su carrera en solitario (y en su apadrinamiento a Leprous), su mente va mucho más allá de cualquier frontera que el Black Metal pueda imponer. Al final del bolo escuchamos a uno comentar “Estos son satanistas de monóculo”, y mira, un poco sí. Porque quemar una iglesia lo hace cualquier tonto con una cerilla y gasolina, pero para trascender musicalmente al nivel que llegaron Emperor hace falta también bastante de lo otro.
Comenzaron con un sonido bastante deficiente, algo habitual en los festis, y que fastidia el primer contacto entre el público y la banda. Fueron mejorando de forma paulatina, aunque Jørgen Munkeby se pasó el concierto dando indicaciones al técnico de monitores para que bajase su teclado. (Por cierto, si no conocéis la carrera de este, echad un ojo porque es otro que está tensando las fronteras entre el metal y el Jazz).
El éxtasis definitivo llegó con la incorporación del line up clásico, y es que a pesar de que Trym es un músico con más recursos que Faust, la batería del segundo sonó muchísimo mejor por algún tema técnico que se nos escapa. La gran ovación fue para Mortiis, que apareció al bajo caracterizado como de costumbre y dotando al conjunto de Emperor de ese aire místico y oculto de sus inicios. Digo yo que ya que estaban todos ahí, podrían haberse hecho unos conciertos con sus otras bandas al día siguiente.
Avisé de que no iba a entrar mucho en setlists y detalles, que si no nos eternizamos, pero sí os puedo decir que tuve los pelos de punta todo el tramo entre Inno a Satana y I Am the Black Wizards. Cuando terminó ya había caído la noche y teníamos la sensación de haber hecho aquello a lo que veníamos.




Y luego Miguelito y su banda; el Pelucas, el Capitán, Di Caprio y Samara. Es curioso ver a Opeth a estómago lleno. Siempre han sido el momento álgido de nuestra noche, y creo que es la quinta ver que nos cruzamos con ellos. Para esta estábamos colmados y sin necesidad de más.
Una de las cosas que me siguen pareciendo fascinantes de ellos es su capacidad de hacer lo que se les pone de la polla. Si en 2011 no hubiesen girado el timón nos encontraríamos, probablemente ahora, con una banda cansada de si misma, repitiendo una fórmula que ya no se creían… y sin embargo tenían razón. Cuando recuperan The Devil’s Orchand, Akerfeldt se permite la sorna “Ésta no os gustaba mucho”. El tiempo puso las cosas en su sitio ante los ojos de los incrédulos, escogiendo el repertorio pueden escoger material en una u otra línea de cualquier disco. Ya en el primero le dan las gracias a Camel en el libreto. Creo que es el mensaje que quieren transmitir cuando recuperan temas menos reconocidos como Godhead’s Lament; todo lo que pensabais que era nuevo, ya estaba ahí antes. Pueden dejar un Z en silencio con To Rid the Disease o romper el cuello de quien intente seguir el ritmo de Deliverance sin estar preparado para ello.
No fue un show para festival, pensado para agradar al que se conoce los grandes éxitos, para enganchar con Metal al público standard. Tal vez por eso no contentaron a los curiosos y volvieron a enamorar a los fans.
Visualmente utilizaron un show de luces muy psicodélico y elegante, que les va acercando cada vez más a esa madurez clásica que rinde homenaje a su vena más progresiva, desde Pink Floyd a King Crimson. Nos pidieron que saludásemos a Biff Byford de su parte, y agradecieron a Emperor por llevar su primera maqueta a Candelight. Dos extremos de una horquilla en la que se mueven con total naturalidad.


Y aquí acabó nuestra primera jornada. Vimos un poco a Delalma mientras cenábamos. Para quién no sepa de qué va la historia, es el proyecto del guitarrista Manuel Seoane (Ex-Mägo), con varios cantantes invitados, al estilo de Avantasia. Me llamó la atención lo currado de la escenografía y me acerqué con curiosidad a tirar unas fotos a Ronnie Romero y José Andrea, me alegró ver al amigo Jesús Cámara de Death & Legacy en el bajo. Pero hasta ahí llegaron nuestras fuerzas.
Mañana sería otro día… y tal vez mañana encuentre un rato para contaros algo más.
